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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde hace centenares de años, más precisamente desde el surgimiento del parlamentarismo inglés y la posterior Revolución francesa, las sociedades se han organizado a través de los partidos políticos, pilares de la democracia representativa.
A través de los whigs y los tories, los liberales, los socialistas, los comunistas, los fascistas, los nazis, etc., los grupos sociales han expresado su ideología, su concepción sobre cómo debe ser organizada la sociedad, etc. Hasta el presente, y más allá de lo que nos deparen los cambios que están introduciendo los nuevos medios de comunicación (Twiter, Facebook, eventuales formas de democracia directa, etc.), los hombres dentro de la sociedad se organizan, se agrupan y se separan según sus concepciones políticas, y es a través de los partidos políticos que eligen, con la frecuencia que corresponda (2, 4, 5 o 6 años) a sus representantes básicamente para sus poderes legislativos y ejecutivos.
En función de la importancia que revisten los partidos políticos es natural que veamos con agrado cómo siguiendo una correcta línea de transparencia se regula cada vez más la financiación de los partidos políticos, se ponen controles sobre los ingresos, se pide auditoría sobre los gastos e ingresos, se legisla la elección de sus candidatos, las posibles reelecciones, las incompatibilidades, etc.
Los sindicatos por su parte, han sido concebidos desde su inicio, para defender los derechos de los trabajadores, ya sean relativos a salarios, condiciones de trabajo, horarios, descansos, beneficios sociales, etc., y revisten naturalmente una enorme importancia para el funcionamiento de una sociedad democrática.
¿Cómo es posible entonces que mientras cada vez se aumentan más las regulaciones sobre los partidos políticos, en esencia no haya ninguna respecto de los sindicatos ?
Hoy en Uruguay, los sindicatos mueven millones de dólares por año (mínimo 300.000 afiliados a $ 280 (10 dólares) por mes son 3 millones de dólares por mes, o sea 36 millones de dólares por año), solo de cuotas, sin tomar en cuenta cualquier ingreso extra que puedan tener.
¿Cómo es posible que no tengan obligación de llevar ningún tipo de contabilidad? Que el PIT-CNT tenga presidente, secretarios y todo tipo de autoridades, y para defenderse en juicio alegue y demuestre que no tiene personería jurídica? ¿Que los sindicatos y centrales no tengan ningún tipo de auditoria sobre el manejo de los fondos salvo que después de cruentas peleas algún grupo de los afiliados, si logra triunfar, obtenga una auditoría de las finanzas del sindicato a posteriori de una sospecha de manejo fraudulento? ¿Cómo es posible que no esté regulado el voto secreto en las asambleas? ¿Que cualquier porcentaje de afiliados pueda declarar una huelga o una ocupación? ¿Que las autoridades puedan ser reelectas in eternum, sin ninguna limitación de tiempo ni de veces que se puede ser reelectos? ¿Es legítimo que un dirigente electo por ser un trabajador pierda esa condición y nunca más vuelva a su puesto de trabajo? ¿Los dirigentes pertenecen acaso a una categoría especial de seres humanos que son incorruptibles, y que van a defender a los trabajadores aunque ellos no lo sean más? Podemos estar de acuerdo en que estando los sindicatos exentos de todo impuesto (Art. 57 de la Constitución), no tengan ningún tipo de control sobre el movimiento de sus fondos? etc.
Estimo que el ejemplo de nuestros hermanos argentinos nos tiene que servir de ejemplo de que un movimiento sindical que maneja mucho dinero y carece de cualquier tipo de control o regulación, desemboca inexorablemente en la creación de un poder paralelo al poder político, poder respecto del cual los ciudadanos no tenemos ninguna posibilidad de incidir en él. Cuando vemos que en Argentina hay dirigentes sindicales que permanecen 25 o 30 años al frente de los sindicatos, que poseen fortunas de millones de dólares, que con total impunidad en sus viajes se hospedan en hoteles de más de mil dólares por día, que la secretaría general del sindicato pasa de padres a hijos, que dirigen y financian clubes de fútbol de primera división, tenemos que legislar para que eso no ocurra.
La verdadera forma de proteger al movimiento sindical es impidiendo que la corrupción y el nepotismo se apoderen de ellos. Es impensable que los sindicatos no tengan pronunciamientos políticos, siempre los han hecho y los seguirán haciendo y ello es parte del entramado social de una democracia. Lo que tenemos que defender es que los sindicatos sean dirigidos por verdaderos representantes de los trabajadores y no por una “nueva clase” social que hace fortuna con los fondos que manejan los sindicatos, o una “nomenklatura” que alterna la dirigencia sindical con la función pública.
El poder del pueblo se expresa a través de su Parlamento, y no hay ninguna esfera salvo aquella que haya sido establecida por la Constitución, que quede fuera de su poder regulatorio a través de las leyes.
Siempre que se plantea este tema, surgen voces iracundas hablando de “fascismo”, “represión”, alegando que el único camino es la autorregulación, cuando es evidente que su actividad y poder afectan no solo a sus afiliados sino a la sociedad toda, la que por consiguiente y dentro de los límites de la Constitución está en todo su derecho de regular su actividad así como lo hace con los partidos políticos como señaláramos en el inicio de nuestra carta.
Zumbi