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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPedro Ceruti Crossa (1899-1947) fue un periodista con proficua labor dentro de la producción literaria nacional. Comenzó su carrera militando en el espacio político del batllismo radical suscribiendo decenas de artículos en El Día, aunque a finales de su trayecto intelectual se deslizo a filas del marxismo haciéndose cargo, por ejemplo, del tabloide Monde durante la década de los 30, medio en el cual llegaron a publicar notorias figuras extranjeras en los terrenos de una fuerte oposición al surgente nazi fascismo. Asimismo, fue compañero de letras de Julio César Grauert y coautor de diversas publicaciones junto con otros estudiosos dentro de dichas líneas. Los títulos de algunos de sus libros son sintomáticos y lo dicen todo: Iniciación filosófica, Catolicismo y comunismo, Crítica de Vaz Ferreira, Rusia por dentro, Los dogmas y la enseñanza; en resumen estos son solo algunos de sus más reconocidos escritos, aunque sin duda su obra de denuncia titulada El caso Voulminot (1930) tuvo gran impacto público y su segunda edición (8.000 ejemplares) fue oscuramente sacada de circulación y hoy solo figura sepultada en las bibliotecas estatales. La afilada pluma de Ceruti había dado luz popular al asesinato de la señora Clotilde Bonomi Haure a manos de su esposo el ingeniero Alberto Voulminot el 21 de julio de 1929 en esta ciudad de Montevideo. El capitulado de la primera edición de su libro se compone de una decena de artículos que hasta ese momento (desde el 22 de noviembre al 22 de diciembre de este 1929) había publicado en El Día y cuyos encabezamientos van componiendo una escena en la que sobresalen lamentables derivaciones para aquella sociedad que hoy se cree ideal: “La mayoría de la Corte violó la Constitución para excarcelar a un delincuente acaudalado”, “El pueblo sabe que la justicia tiene dos criterios según la posición social de los delincuentes”, “El pobre y el rico frente a la Justicia”, “El privilegio de matar impunemente”, “Un caso de severidad judicial para que la opinión pública compare y juzgue”,” Las revelaciones de una abogada; veinte años de penitenciaria sufre un delincuente pasional”. El hecho central se da en que Voulminot había sido excarcelado “provisionalmente” por la Corte de Justicia a apenas cuatro meses de cometer femicidio, una situación que Ceruti criticó acerbamente denunciando, entre otras cosas, que en ese momento sobre la mesa de los jueces había 37 pedidos similares de compatriotas procesados por el mismo delito que contaban ya con muchos años en prisión. “Sin embargo esa justicia dispone de la felicidad de todos; y mientras ayer libera a un potentado, hoy rechaza 37 pedidos de excarcelación por quienes ya han cumplido más de la mitad de sus penas. Y cuando mañana se dé noticia a los esperanzados presos de que sus pedidos han sido desestimados, el que dio muerte a su mujer con astucia y brutalidad se paseará por las calles de Montevideo. Para él, rico, las leyes no existen, y para esos treinta y siete humildes hombres de pueblo se aplican con todo el rigor de la ley esos encumbrados ministros”. “Justicia, rara justicia, que no tiene un gesto de conmiseración para el desamparado, a quien la propia ley permite proteger; ¡y que derrocha sus buenos oficios a favor del homicida rico e influyente!”. “Cuatro meses de detención preventiva bastan para el rico que da muerte a su esposa; muchos años, 10, 20, deben estar encarcelados los pobres que, extraviados por fuertes pasiones, ultiman a sus amantes”. Ceruti comparó esos cuatro meses de punición para el “acaudalado uxoricida” con la pena que se imponía a un simple hurto, exponiendo además diversos casos, incluyendo por arriba el acaecido en abril de ese mismo año, el popularmente denominado “crimen de la Ternera”, por el cual José Saravia fue procesado. Como es de imaginar en este marco ambiental hubo reacciones de grave tono donde se observaron sendas intervenciones dentro del Poder Legislativo y hasta una sanción para El Día. Ceruti lo rubrica con crudeza: “Rompiendo el silencio de la mayoría de la prensa levantamos nuestra protesta contra el decreto inconsulto y agraviante para nuestra sociedad de la Alta Corte de Justicia por el que recobró la libertad el uxoricida Voulminot a pocos meses de haber cometido un crimen que nuestra ley penal castiga con una reclusión de más de 12 años de penitenciaria; insistimos en nuestras censuras irrebatibles contra la mayoría de los ministros que integran la autoridad judicial, doctores Méndez del Marco, Alberto Guani y Martínez”. Raudamente ante la entidad de este sorpresivo decreto que se consideraba violatorio de la Constitución y por la polvareda levantada dado lo que suponía el hecho, el tema se politizó desatándose una polémica de ida y vuelta entre El Día y El Plata, donde con la firma de destacados ciudadanos se puso en el conocimiento público la profundidad de un asunto teñido de oscuridad donde pesaron grandes y soterrados intereses. Sobre este caso a vía de ejemplo la opinión pública se enteró del crimen teniendo a mano los reportes periodísticos del momento, cuyos encabezados iban encaminados a dar una imagen pasional al asunto habida cuenta de que los conyugues se hallaban separados desde hacía cierto tiempo y su hijo se hallaba en el interior. Señalaba El País: “El ingeniero Voulminot, uruguayo casado de 38 años de edad y domiciliado en la avenida 18 de Julio 1108, mató anoche a su esposa; desavenencias conyugales motivaron el trágico hecho; sus tareas absorbentes lo aislaban del hogar. Hacía ya dos días que la señora de Voulminot se encontraba en casa de su madre, Ana Haure de Bonomi, no habiendo recibido en ese tiempo la visita de su esposo. Anoche cerca de las 21.30 horas el ingeniero Voulminot descendió de un taxímetro frente a la finca mencionada e hizo sonar el timbre y al llamado acudió una tía de su señora que habitaba en la misma casa a quien el industrial le dijo que su hijo se había fracturado una pierna y que deseaba comunicarle personalmente tan infausta nueva a su esposa. Acto continuo Voulminot penetró a un dormitorio en cuya cama ella se hallaba recostada. Sin mediar palabras el hombre extrajo de entre sus ropas un revolver Colt calibre 38 de caño largo, arma de guerra, con el que hizo dos disparos sobre la mujer. El primero la hirió en el pómulo izquierdo y el otro en el parietal del mismo lado con orificio de salida por el lado derecho. Los balazos la hirieron de muerte cayendo doña Clotilde a los pies de la cama. Voulminot no se conformó con ello e hizo dos disparos más que no dieron en el blanco”. Así se cierra la crónica de este drama familiar, destacando crudamente el femicidio de marras, cuyo conocimiento permanece en una supina penumbra que a la larga quizás posea alguna velada explicación. Como denota este caso, sobresale el hecho de que aquella sociedad de vacas gordas a la que el abundante y fabulador relato oficial considera referencial, en lo que hacía a una pretendida mayor armonía social y con una justicia acorde, no era tan republicana como ligeramente se expone con reiteración. Sin dudas, en la actualidad, con los medios de información existentes, con las poderosas ONG defensoras de los DD.HH., de la mujer y con un fuerte y responsable poder político presente, este tipo de gravosos hechos que atropellan la razón serían imposibles de mantener. Quizás no sea casualidad o mera coincidencia que en ese mismo año de 1929, que exponemos con este lamentable drama, aquel gran filósofo autodidacta que fue Enrique Santos Discépolo haya creado aquel estupendo y memorable tango Yira yira, que en pocos trazos logró desnudar la veleidosa probidad de la condición humana.
Alejandro Nelson Bertocchi Morán
CI 1.213.521-1
Montevideo