En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Los miembros del Consejo Europeo y los ministros de Finanzas y los jefes de gobierno de la Unión Europea están muy atareados como para leer la prensa. Apenas deben detenerse a ojear artículos de diarios y revistas europeas y norteamericanas. Es evidente que no leen periódicos latinoamericanos y, mucho menos, uruguayos.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Pero si por una de esas casualidades del destino alguno de ellos hubiera leído Búsqueda, y en particular algunas columnas que escribí sobre Grecia en los últimos cinco años, quizá no habrían cometido la larga serie de errores garrafales que cometieron. Pero, en la remota hipótesis de que un embajador se hubiera molestado en enviarle a su jefe una de aquellas notas, decididamente no me creyeron.
Visto el desarrollo de los hechos, hubieran ahorrado plata si me hubieran contratado como asesor. Porque otra hubiese sido la historia si al explotar la crisis griega, Europa se hubiese puesto fuerte y les hubiese exigido a los griegos que comenzasen a hacer las reformas necesarias.
No me refiero a los retoques que desde entonces se vienen haciendo: un poquito menos de esto, un poquito más de aquello, una eventual modificación de lo otro.
Me refiero, por el contrario, a las únicas reformas que pueden solucionar el problema milenario de la sociedad griega, impregnada de clientelismo, de populismo, de burocracia, de corrupción, de inefectividad, de mentiras y de una idea enferma de la buena vida, que no es lo mismo que la vida buena.
¿Qué industria de importancia han sabido montar los griegos durante los últimos 2.000 años? Ninguna, pues la única que tienen es la del turismo y esa se debe a la naturaleza y a las iniciativas de las empresas provenientes de los países de origen de los turistas.
Las islas, el mar, el sol y las noches cálidas ya estaban. El resto, es decir la organización de una complicada estructura que dirige el tráfico masivo de personas hacia Grecia para pasar unos días de relax, tirarse al sol en la playa, bailar a la luz de la luna y comprar souvenirs de dudoso gusto, es obra de las grandes empresas turísticas alemanas, británicas, escandinavas y francesas.
La dirigencia de la UE fue víctima del cuento de Pedro y el lobo, pues les creyó a los griegos cuando éstos, con tal de recibir dinero fresco, prometieron el oro, el moro y la sangre del toro.
Alrededor de 500.000 millones de dólares después (más del doble del total de la economía griega), el país está peor que antes y necesita un tercer préstamo de docenas de miles de millones de euros para poder subsistir unos meses más.
Algunos (bastantes) de esos euros son míos. Y yo, al igual que muchos millones de contribuyentes europeos que madrugamos todos los días para ir a trabajar, no queremos seguir financiando la dolce vita de un pueblo que considera que Europa los debe mantener a flote por una cuestión de “dignidad nacional”.
La única forma de dignidad nacional posible que tienen los griegos es arremangarse y comenzar a hacer lo que tienen que hacer, si no quieren seguir cayendo cada día más abajo.
Los datos muestran las causas del descalabro. Hay en Grecia el doble de funcionarios públicos que en Gran Bretaña, un país seis veces mayor. Hay en Grecia más profesores que en Finlandia, que es líder mundial en educación.
Es la misma historia que ya habíamos visto en Italia, en donde una flota desmedida de autos oficiales disponía de varios choferes para cada vehículo.
Es la historia de Pluna y su planilla propia de Lufthansa.
Es la historia de España, en donde Alberto Ruiz Gallardón, el intendente de Madrid, tenía un mozo especial para que le sirviera el cafecito.
Había, al momento de estallar la crisis griega, miles de muertos que seguían cobrando la jubilación y otros miles de falsos ciegos y falsos mancos y falsos enfermos que vivían de subsidios por incapacidad laboral, luego de pagarle un módico porcentaje al médico por el certificado de discapacidad.
Hay, todavía, cientos de profesiones consideradas “de alto riesgo” (llegaron a ser 580), que permiten que quien las ejerce se jubile a los 50 años y mantenga todos sus privilegios. Una de esas profesiones “de alto riesgo” es la de peluquero…
O sea que cuando un alemán que trabaja hasta los 67 años protesta porque su dinero es usado para pagarle la vida a un griego que se jubila a los 50, viene tachado de egoísta (o, más a menudo, de “nazi”, que es el epíteto preferido de los idiotas).
Por eso, mejor que discutir sobre la curvatura del cuadrado es analizar los datos concretos. Un ejemplo: el año pasado, los contribuyentes griegos le debían al Estado 80.000 millones de euros por impuestos no pagados. Son 30.000 millones más de los que Grecia pretende desesperadamente recibir ahora de la UE.
Si el gobierno griego se hubiera encargado de cobrar los impuestos que tiene que cobrar, y si el pueblo griego hubiera cumplido con su deber de pagar los impuestos que tiene que pagar, nada de lo que está pasando en estos momentos hubiera pasado.
¿Es posible un acuerdo serio con Grecia? En realidad, no importa si ese acuerdo surge o no surge, pues ningún arreglo funcionará, debido a que el pueblo griego se niega a aceptar que su forma de vida es la mayor máquina que ha podido montar desde los tiempos de Aristóteles: una máquina que genera inmensas cantidades de miseria.
Ahora pueden desgañitarse avisando que viene el lobo. Ya nadie les cree.