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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSoy lector de Búsqueda desde su conversión en semanario, de esto hace ya unos 40 años. Entre los artículos que busco cada semana está la columna del periodista Raúl Ronzoni, cuya especialidad es la crónica judicial, con información que es difícil encontrar en otros medios. En la edición del pasado 28 de enero cambió la temática y realizó lo que parece ser una defensa a un colega y el descrédito a un senador de la República. Leí varias veces este artículo y me atrevo a opinar que o bien Ronzoni no escucho el audio de la entrevista y opina leyendo una transcripción o hace gala de un corporativismo infame. Yo sí lo escuché, y lo hice en el mismo momento que se realizó el reportaje en el Informativo Sarandí. Ronzoni escribe: “Cuando las expresiones son dominadas por su iracundia y altas dosis de arrogancia puede quedar al desnudo su filosofía restrictiva a la libertad de prensa y de expresión. También su desprecio a que en una democracia los políticos están sometidos al escrutinio público a través de los periodistas. La lamentable reflexión surge de los dichos del senador blanco y exintendente de Cerro Largo, Sergio Botana, quien sostuvo que el periodista Gabriel Pereyra es profesionalmente corrupto...”. Aclaración importante: Botana fue sometido al escrutinio de los ciudadanos (no de los periodistas) y hoy es senador. Busco las palabras que me permitan decir que lo expresado es una verdad a medias, o peor, una mentira a medias, sin que implique una ofensa o denuncia al columnista, con las consecuencias que esto me traería, pero no las encuentro. Veamos, la iracundia fue total y absoluta del periodista Pereira, si Ronzoni infiere que lo trató de “corrupto” sin que lo haya mencionado, pues bien, entonces Pereira lo trató de asesino o cómplice de asesinato, al decirle “...usted tiene muertos en su conciencia...”, y esto fue dicho antes de la tenue reacción del entrevistado, y reiterado a los gritos por Pereira, muchos en lugar de Botana (me incluyo) ante tal acusación hubiéramos reaccionado de otra manera. El periodista mostró su peor faceta, prepotente, insultante, no aceptando que otros opinemos distinto a lo que él considera correcto, lamentable por donde se lo mire. Son tan sesgados y arbitrarios los comentarios de Ronzoni que terminan cayendo en la ridiculez: “...Debido a su extensa experiencia Botana debería saber que los periodistas profesionales no tienen partido, salvo cada cinco años cuando optan por uno en el momento de votar. Cuando alguno se sale de este redil, sus propios colegas le hacen vació profesional y terminan en la cuneta o se unen a un partido como militantes sin ejercer el periodismo...”. Pero, al parecer siempre hay un pero, el pasado sábado, en un suplemento del diario El País, preguntado: “¿No existe el periodismo partidario entonces?”, el periodista Miguel Nogueira contesta: “No debería existir. Si me preguntás si hay colegas que, de un lado y del otro, quieren que haya gobiernos de un solo signo político, mi respuesta es ‘sí los hay’. Y son demasiados para mi gusto”. Ronzoni, le pregunto: ¿hay un consejo superior de periodistas que evalúa y cataloga a sus pares?, dictaminando cuando así lo entienden que este o estos reciban “...vacío profesional y terminan en la cuneta...”, pues no lo sabía. Pregunto, ¿estamos hablando de Uruguay, su pasado reciente y este 2021? Dejo que cada lector opine sobre estos dichos, si yo escribo lo que pienso termino declarando en un juzgado. Siguiendo las aseveraciones de Ronzoni, este trata a una gran cantidad de periodistas de corruptos al decir: “...Si un periodista que se supone independiente viola esas conductas se transforma en un profesional corrupto al servicio de intereses personales o partidarios...”. Sin comentarios. Lo que hace Ronzoni en su columna es la defensa, mezclada con agravios y calificativos, de una corporación, de las tantas que padecemos, en este caso la de los periodistas. Hay una defensa cerrada, obsecuente y arbitraria de colegas; sin reparar en razones o motivos se sale a exculpar ante cualquier cuestionamiento. Ahora bien, la receta siempre es la misma, primero descalificar al que hubiese osado acusar o denunciar a un periodista, luego (como armas infalibles) usar los términos: democracia, libertad de prensa, profesionalismo y (no faltaba más) libertad e independencia. Con esta actitud y expresiones se aplasta cualquier cuestionamiento. Los uruguayos, y seguramente otras sociedades también, nos enfrentamos diariamente a la defensa a ultranza de beneficios y privilegios de ciertos grupos de interés, práctica que se denomina corporativismo. Oxford Languages: “Tendencia de un grupo o sector profesional a defender a toda costa sus intereses y derechos de grupo, sin tener en cuenta ni la justicia ni las implicaciones o perjuicios que puedan causar a terceros”. Real Academia Española (RAE): “Es un grupo o sector profesional, actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna y los intereses de sus miembros”. El corporativismo se aplica, vive y lucha, en muchos grupos de interés, maestros, profesores, sindicatos, grupos políticos, empleados de entes autónomos, etc., etc... De cada uno de estos podríamos poner ejemplos, cientos de ejemplos. Pero vayamos a ver qué sucede con los funcionarios judiciales, por ejemplo, tema en el que es especialista el señor Ronzoni. Cuántas denuncias obviadas, encajonadas o simplemente desestimadas hubo que hacer para que se expusiera a la jueza Anabella Damasco o al fiscal Carlos García Altolaguirre, también el caso de las dos juezas y el fiscal en la ciudad de Treinta y Tres. Muchos de sus pares eran renuentes a procesar las denuncias, lo que traducido al español es corporativismo. Intenten denunciar a un maestro o maestra, a profesores, a funcionarios de varias actividades, se encontrarán con un muro perfeccionado de arbitraria autoprotección, empujando al denunciante a un vía crucis sin final. Hace un par de años me crucé una vez con el Pablo da Silveira, y otra con Fernando Filgueira, en ambas los saludé y les comenté que sería buena cosa crear la figura del Ombudsman de la Enseñanza, un intermediador imparcial entre familias y docentes con el fin de combatir la férrea y hermética defensa entre pares dentro de la docencia, situación que es angustiante y desesperante para muchos padres. Las respuestas fueron evasivas, aunque no negativas, por lo que mantengo aún la esperanza. En el caso de los periodistas estos no escapan a los generales de la ley, ¿porque deberían hacerlo?, y nos encontramos (como en cualquier ámbito) con excelentes profesionales, mediocres, mal intencionados, arribistas y muchos otros, como en cualquier otra actividad, no son la reserva moral de nuestra sociedad ni están por encima del resto de nosotros. Aunque convengamos que se ha dado una nueva circunstancia que derriba los muros corporativistas, esta es gracias a la lucha de los grupos feministas, no se toleran los acosos o agresiones sexuales, aquí no hay corporativismo que valga. Pero esto es reciente, desde hace solo unos años porque antes no había forma de buscar castigo para los abusadores. Ahora bien, esto se da solo con agresiones sexuales, otras de otro tipo siguen siendo ninguneadas. Con respeto y consideración me permito sugerirle al periodista Ronzoni que haga un análisis objetivo de las consecuencias de 15 años de gobiernos de izquierda, que tanto en Uruguay como en otros países donde gobiernan o han gobernado, tienen una (como decirlo sin herir la sensibilidad de periodistas...) injerencia en medios y comunicadores. El principal sponsor de los medios de prensa, en nuestro país, es el Estado, decenas y decenas de millones de dólares fueron generosamente en algunos casos, y mezquinamente en otros, distribuidos, y nunca he visto un análisis de las consecuencias que esto provocó y provoca. Y me temo que lamentablemente nos vamos acostumbrando y perdemos la capacidad de crítica y cuestionamiento, y, como para muestra solo hace falta un botón, midan las apariciones diarias de Carrera, Astori, Cosse, Bergara, Lazo, Andrade, Ferreri, Miranda y alguno más comparado con integrantes de los partidos de la coalición multicolor, o de las ironías y descalificaciones que a diario hacen de Trump o Bolsonaro y de lo poco o nada que hablan los medios del dictador Maduro. Seamos sinceros, cuánto han hablado nuestros periodistas del reciente asalto al Capitolio y cuánto de los cinco millones de venezolanos que han emigrado de su país, sin contar las atrocidades constatadas por la Relatoría Especial para los Derechos Humanos de la ONU. Seguramente no serán tiempos para que las conductas corporativistas que tanto mal hacen a la sociedad mengüen o desaparezcan, pero debemos exponerlas y por supuesto rechazarlas, como intento hacer con esta carta.
Daniel H. Báez