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    Pesadilla urbana

    Sr. Director:

    Desde hace ya un par de meses, cada viernes y cada sábado por la noche, un fin de semana sí y otro también, la zona de los juegos infantiles del parque de Villa Biarritz viene siendo tomada por un nutrido ejército de jóvenes que, pasada la medianoche y hasta muy entrada la madrugada, se divierten escuchando música a todo volumen a costa de la paz del barrio y del sueño de los vecinos.

    La nueva costumbre, violatoria de las más elementales reglas de urbanidad, podría estar alentada por la coyuntura que obliga a boliches y otros centros nocturnos a permanecer cerrados a causa de la emergencia sanitaria y/o por el “traslado forzoso” de estos muchachos que, en opinión de algunos, son los mismos que antes se divertían en la zona de Kibón. Esas son dos de las versiones que circulan en el barrio, aunque no estoy en condiciones de suscribir su veracidad, ni interesado en saber quiénes son ni de dónde vienen estos molestos visitantes nocturnos.

    En cualquier caso, la práctica parece consolidarse en perjuicio de los vecinos, y es otra de las imprevistas derivaciones de la infeliz “adecuación” del rincón infantil que el Departamento de Desarrollo Urbano de la Intendencia de Montevideo inauguró hace algo más de un año. Como denunciamos oportunamente, esa desangelada reforma nos quitó verde, convirtió esa zona del parque en plaza seca, afeó brutalmente el entorno y degradó el medio ambiente.

    Con su nuevo piso de hormigón y su iluminación nocturna, ese lugar que siempre había sido un área de césped y paz durante el día (y de silencio absoluto por las noches, como corresponde a un rincón infantil) devino cancha multiuso y multihorario: ha resultado un anzuelo mucho más tentador para otros públicos (adolescentes en skate e instructores de gimnasia para adultos, por poner apenas dos ejemplos) que para los niños a los que supuestamente está destinado. Y como no hay nada tan malo que no pueda empeorar, desde hace un par de meses también se ha transformado en el escenario de estas improvisadas fiestas nocturnas que les quitan el sueño a unos cuantos edificios linderos al parque, muy especialmente a los ubicados en Leyenda Patria entre Ellauri e Hidalgos, aunque es probable que el eco que se potencia en medio de la noche, así como las corridas y los botellazos con que muchas veces suele acabar la farra, afecten también a los vecinos que viven sobre Vázquez Ledesma y otras calles aledañas.

    Hemos denunciado la situación en varios lugares. En el 2901 0006, central de radio de la comuna donde se denuncian los ruidos molestos, la intendencia nos ha explicado que no tiene jurisdicción en la vía pública y que su órbita de acción se limita a locales establecidos, espectáculos públicos y molestias derivadas de alarmas de automóviles o garajes de fincas; en el 0800 5000, servicio telefónico del Ministerio del Interior, han tomado debida nota del reclamo y, con idéntica amabilidad, nos han informado que ellos no pueden hacer otra cosa que derivar el trámite a la seccional correspondiente; en el 2708 1680, que corresponde a la décima, nos han dicho que todo lo que tenga que ver con ruidos molestos es asunto de la intendencia, pero cuando les advertimos lo que argumentan los funcionarios municipales nos sugieren llamar al 911. Y en el 911, según el día, la hora y la suerte del denunciante de turno, nos han ofrecido respuestas de lo más variadas: desde “mandamos un móvil” hasta “desocupe la línea que es para cosas más importantes”.

    El triste resultado, hasta el momento, es constatar cómo las más básicas normas de convivencia pueden ser fácilmente violadas por los menos, en desmedro de los más, ante la falta de coordinación (por no decir la indiferencia) de las autoridades. Para ilustrar esta pesadilla urbana con el mayor grado de fidelidad posible, hay que anotar que la Policía intervino efectivamente un par de veces: la noche del 24 de agosto (lunes en que también hubo “fiesta” en el parque), y el sábado posterior, un patrullero terminó disolviendo la concentración muy tarde en la madrugada. Pero la historia volvió a repetirse, como si nada hubiese sucedido, el fin de semana siguiente.

    Los vecinos de Villa Biarritz seguimos sin entender por qué el viejo puesto de Policía, ubicado junto a los baños públicos, continúa abandonado y desatendido. Tampoco comprendemos los motivos por los que el parque carece de cualquier tipo de vigilancia nocturna. Situaciones tan molestas como esta podrían resolverse fácilmente si el parque estuviera cuidado por las noches: parece evidente que la presencia de un solo patrullero alcanzaría para impedir que cualquier auto trasnochado se estacionara allí impunemente, con el baúl abierto y la música a todo volumen, alterando la paz de la madrugada. Si este tipo de movidas fueran desestimuladas antes, se evitaría tener que reprimirlas cuando el barrio ya ha perdido la calma y el sueño, cuando los decibles de la música y los niveles de alcohol ya han trepado al cielo y, por consiguiente, ya es tarde (y más peligroso) para todos.

    Ahora que entramos en la recta final de la campaña por las elecciones municipales, y que los candidatos a las alcaldías y a la intendencia recorren Montevideo jactándose de su compromiso con los barrios y con sus vecinos, sería bueno escuchar su punto de vista sobre asuntos cotidianos como este, que son los que en serio desvelan a los ciudadanos.

    Marcello Figueredo