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    Physis

    Columnista de Búsqueda

    N° 2028 - 11 al 17 de Julio de 2019

    Hacia finales de 1933 y comienzos de 1934 Martin Heidegger dictó un seminario sobre Naturaleza, historia y Estado (Editorial Trotta, Madrid 2018). Allí analiza las íntimas relaciones que existen entre las nociones no mediatizadas de la existencia, la conciencia del tiempo histórico y la función que cumple o debería cumplir el Estado como síntesis o expresión política de esos vínculos originarios que, en su mirada, conforman la única realidad de la que es dable hablar con propiedad. La tesis central es que “naturaleza, historia y Estado nos están dados como ámbitos de la existencia”.

    Considera Heidegger que la naturaleza se presenta, para confusión de los usos que hace irresponsablemente cierta filosofía, bajo dos conceptos que parecen colisionar entre sí, y sin embargo parecen complementarios, pero también insuficientes: “El concepto material de naturaleza concibe la naturaleza, lógicamente hablando, como la suma total de todas las cosas que tienen las características de las cosas naturales; esto es, concibe la naturaleza como un todo, como un ámbito. El concepto formal de la naturaleza, en cambio, se refiere al ser de las cosas que pertenecen al ámbito de la naturaleza y, sobre todo, al ser que distingue a la naturaleza”. (pág. 40)

    Esa distinción es importante por cuanto permite establecer la idea de sistema comprensivo que lo abarca todo desde su esencia. Enseguida de fijar este punto, Heidegger, como es habitual toda vez que reflexiona críticamente sobre lo que muchos aceptan como supuesto, se aventura en el campo etimológico. Sostiene que las palabras, cuando se las interroga con rigor y sin prejuicios son capaces de indicar el centro de la cuestión. Nos va a decir, siguiendo su entendimiento del término latino, que el vocablo remite al verbo nacer, deriva directamente de esa voz. Copio un fragmento de la página 41: “El nacimiento tiene lugar en el ámbito de las cosas vivas; nacer indica una relación con lo que es vivo. ¿Qué pasa con el cielo y tierra, montañas y valles, que para nosotros son naturaleza de la misma manera que lo son plantas y animales? ¿Qué hizo que la palabra natura fuera capaz de ampliar su campo de referencia, hasta el punto de que hoy en día naturaleza comprenda tanto lo nacido como lo no nacido? La palabra latina no nos ofrece una solución. Ella no marca el inicio de la concepción occidental de la naturaleza. Antes de la palabra latina tenemos la expresión griega physis, crecimiento”.

    Y aquí viene lo interesante de esta parte inicial del seminario. Heidegger observa que cualquiera de las dos palabras, separadas ambas por algunos siglos y finalidades, tienen en común la idea de proceso, el ser parte de algo que no es estático aunque parezca en algunos casos estar en reposo. Proceso implica cambio, pero no todo cambio está vinculado a la naturaleza: encender una vela y luego apagarla es un cambio; escribir y borrar lo escrito, es un cambio; también lo es la bicicleta que marcha o se detiene. Ninguno de esos cambios son de la naturaleza; entonces no se trata de cualquier cambio, el proceso es de otra índole. Lo muestra perfectamente un memorable pasaje de la página 43: “¿Qué efecto surte en nosotros una flor junto a una valla enrejada? Decimos que ha crecido ‘naturalmente’, mientras que la cerca de alambres ha sido ‘hecha por el hombre’. ¿En qué consiste el crecimiento natural de la flor? Ella también es algo hecho, pero algo que se creó a sí mismo. El ser-desde-sí-mismo, venir-desde-sí-mismo es la esencia del crecimiento. La physis griega es aquello que —sin intervención humana— viene desde sí mismo, actúa en el ser humano, le da reposo o inquietud, le calma o amenaza. (…) Physis es cualquier cosa que se crea a sí misma. Los vientos que soplan vienen desde sí mismos, al igual que las olas que braman. El ser humano también viene desde sí mismo, como su trabajo y su historia. En sus inicios la filosofía griega no distingue entre ‘naturaleza’ y ‘crecimiento’ no natural. Para ella, todos los entes se crean a sí mismos; para ella el todo del ser se presenta a sí mismo como desde-sí-mismo”.

    Este modo de ver impactará sobre la concepción de la historia, que no será ya mera memoria del acontecer sino proceso totalizador de la existencia; algo ligado a la identidad del fundamento.

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