N° 2017 - 25 de Abril al 01 de Mayo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA los 15 años, Ernesto Ponzio ya había estudiado solfeo y composición, especializándose en el violín. Nacido el 10 de julio de 1885, siendo todavía muy chico perdió a su padre, Antonio, que tocaba el arpa y murió mientras actuaba en un prostíbulo de San Fernando, tras una vida de novela con final trágico.
La falta de recursos económicos lo empujó entonces a tocar donde pudiera y demasiado pronto le hizo amar la brumosa bohemia de la noche y a sus habitantes, el cigarrillo, el alcohol y las mujeres.
Le decían el Pibe y una madrugaba en la que el sueño no llegaba y el baile en lo de Mamita, un lugar de citas, seguía, se acercó a un amigo, el Negro Sergio, que estaba sentado a un piano viejo en un rincón, tecleando con cierto aburrimiento.
—¿Qué hacés…?
Sergio se detuvo y lo miró como si no entendiera.
—¿Por qué no seguís? —lo apuró Ponzio.
—¿Seguir con qué…?
—Con lo que estás tocando…
—¡Pero si yo no sé tocar!
—¿Ah, no? Bueno, salí de ahí, pedazo de zonzo…
El Pibe corrió del sitio a su amigo y, arrancando con los acordes que había oído, poco a poco, fue agregando otros, corrigiendo y volviendo a tocar.
Hasta que compuso Don Juan, tango histórico al que, antes de registrarlo debidamente, tituló El panzudo, como homenaje surgido en el momento a un bolichero gordo cuyo bar frecuentaba. Corría 1910.
Si bien Don Juan tuvo un éxito inmediato, se conoció en todo el Río de la Plata y más tarde en Europa fue la grabación inicial de la primera orquesta típica reconocida, la de Vicente Greco, que en verdad era un sexteto, y dio fama y dinero a su autor, hay alrededor de esta obra aspectos aún poco conocidos. O quizás olvidados.
Primero, la personalidad de Ponzio.
Su hija, ya muerto el Pibe el 21 de octubre de 1934, lo describió como “un padre querido, hombre bueno, amigo leal, generoso y siempre dispuesto a servir a los demás”; pero también está probado, ya que abundan testimonios y documentos, que fue un hombre de mal carácter, de reacciones inesperadas, que una noche acuchilló a un rival y recibió una condena de 20 años de cárcel en Tierra del Fuego, sentencia que logró reducir a solo dos años por la mediación de un “amigo con influencias en el gobierno”, desborde de gente con poder que por supuesto existía en la época.
¿Una personalidad bipolar? Eso parece.
Y con rarezas: en su juventud frecuentaba a la familia Servidio, la mayoría de cuyos miembros eran músicos de tango; cuando nació la hermana menor lo llevaron hasta la cuna y la vio tan hermosa que dijo a la madre: “¿Me la guarda, señora?”. Lo que pareció una broma, no lo fue: al cumplir 16 años la chica, siendo él muy mayor, la pidió en matrimonio y le concedieron la autorización.
Y después están las curiosidades de Don Juan.
Tuvo dos letras. La primera, compuesta por Ricardo Podestá, amigo del Pibe, cuya primera estrofa dice: —En el tango soy un taura/ que cuando hago un doble corte/ corre la voz por el Norte/ si es que me encuentro en el Sur./ Y pa’ bailar la Yuyeta/ si es que me visto a la moda/ la gente me dice toda/ “Dios le dé, Dios le dé vida y salú”. La segunda es del sanducero Eusebio Gobbi, quien grabó el tango con ella y lo cantó por el mundo incluso modificándole el título por Mozo guapo. Su primer verso es hijo de aquel tiempo: —Al compás de una marchita/ muy marcada y compadrona,/ a casa de la Ramona/ me fui un ratito a bailar./ Por distraer las muchachas/ empecé a soltar tiritos/ y al ver esto los mocitos/ ya empezaron, ya empezaron a roncar.
Este tango pionero de la Guardia Vieja ha tenido infinidad de grabaciones, la mayoría instrumentales: Canaro, D’Arienzo, Di Sarli, Troilo y hasta el mismísimo Piazzolla con su quinteto. También hubo placas que incluyeron las letras, sobre todo la de Podestá: por ejemplo, la Orquesta Típica Víctor con Alberto Gómez, Charlo como solista y la agrupación de Alfredo de Ángelis con Carlos Aguirre. Finalmente, vale recordar que Don Juan se tocó, instrumental, en Tango, la primera película sonora del cine argentino, en 1933.
Y una acotación nada menor. En una de las últimas grabaciones de su tango emblemático, en 1934, poco antes de morir, Ponzio dejó anotado en la partitura lo siguiente:
“Dedico este tango, el primero hecho en mi país (así lo consideró siempre, equivocadamente), con letra (la de Podestá) y pizzicato, a todos los músicos de mi patria como un sincero homenaje de los creadores de la Guardia Vieja a la brillante juventud de hoy”.