En el semanario Búsqueda del día 3 de mayo del presente año, se publicó la nota escrita por el Sr. Tomás Linn respecto a la Plaza Democracia y al proyecto ganador del concurso para su recuperación.
En el semanario Búsqueda del día 3 de mayo del presente año, se publicó la nota escrita por el Sr. Tomás Linn respecto a la Plaza Democracia y al proyecto ganador del concurso para su recuperación.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa misma recae en serios errores, facilismos reduccionistas y una elocuente incapacidad de proyección al futuro. Producto esto al parecer de interpretar el proyecto solamente desde una imagen publicada en el diario “El País”. Un ejercicio que abre la pregunta acerca de la responsabilidad en el manejo de la información de parte de un formador de opinión.
Seguramente algo de culpa pueda recaer en una disciplina compleja y humana como la arquitectura, en sus dificultades para comunicarse y en la que el valor de sus proyectos muchas veces terminan de comprenderse luego de construidos. En este caso, un proyecto señalado de “raro”, “extravagante” por quien escribe la nota publicada. Quizás primero debamos informarnos, comprenderlo y respetarlo. Entender que fue primer premio en un concurso evaluado por arquitectos y urbanistas de nuestra ciudad (1). Luego podremos revisarlo, criticarlo, sugerirle y tomar una posición frente a él.
La convocatoria que realiza la Intendencia de Montevideo consistió en un concurso de ideas para la Plaza Democracia. Una zona de la ciudad altamente cargada de flujos de tráfico, saturada de símbolos y con una conformación urbana diversa en tiempos, formas y programas. Nada, absolutamente nada tienen que ver estas condiciones con los ejemplos foráneos que ilustran la nota publicada y que intentan alimentar un relato sesgado, con innumerables adjetivaciones personales de belleza y que encriptan el evidente desconocimiento de una disciplina.
El espacio público que hoy conforma la Plaza Democracia, deteriorado y poco convocante, incluso antes de su utilización como estacionamiento provisorio, resulta una pieza capaz de aportar la calma que reclama el lugar. Calma en términos de una superficie libre, homogénea con cualidades para el desarrollo de las actividades representativas, vivenciales, democráticas, públicas y culturales.
Una plaza que ha buscado resolverse por el proyecto ganador —titulado “más cielo”— con pocos recursos de diseño logrando construir un recinto amplio, limpio, digno, capaz de resistir el paso del tiempo, en un sector de ciudad que hoy se muestra atormentante y por tanto desafiante al proyecto de arquitectura y de ciudad.
El proyecto apela a un área verde de múltiples especies de césped y gramíneas resuelto como un “jardín de posibilidades” con las necesarias caminerías y equipamientos para el descanso y la contemplación.
Las apreciaciones vertidas por el Sr. Linn erróneamente hablan de una plaza seca y sin embargo la propuesta resultaría una de las mayores superficies públicas construidas de pavimento verde de Montevideo, excluyendo los parques urbanos.
También omitido en la nota publicada, el proyecto incorpora una espesa zona de árboles Ibirapitá en el encuentro de la plaza con Bulevar Artigas, que aportaría una densa sombra sobre este sector de la misma.
Además, como se puede ver en las láminas y leer en la memoria del proyecto (2), toda la superficie verde propuesta contiene una grilla de anclajes a nivel de pavimento capaz de albergar nuevo equipamiento según las estaciones, según la ocasión, capaz de delimitar un ámbito para actividades eventuales y de favorecer nuevos usos.
Un sistema de equipamientos capaz de anclarse al nuevo suelo, cambiar la imagen por tiempos diversos y estimular la participación ciudadana en su proyecto, uso y apropiación (bancos, hamacas de gran altura y a ras de suelo, pulverizadores de humedad, redes para el descanso, amplios sombráculos para protegerse del sol del verano, equipamientos para el ejercicio físico).
Cada rincón de la ciudad es único, no soporta el menor sentido poner en un mismo plano de análisis, como lo hace la columna del pasado 3 de mayo, las ideas de esta zona de Montevideo a las de la Plaza Independencia o a las de la Plaza Seregni o las de la Plaza Primero de Mayo, que por cierto no se realizó en la primera gestión del Arq. Arana como se menciona en la nota.
Cuando nos enfrentamos al proyecto de una porción de ciudad, a un espacio público de tamaña relevancia, cabe preguntarse qué rol juega en el sistema de espacios públicos que componen el entorno inmediato. Por no levantar la mirada y tratar de entender la ciudad más allá de los límites de la Plaza —algo que simplemente podría saldarse con la utilización de Google Earth—, el autor de la nota olvida que a menos de 100 metros de la Plaza Democracia se encuentra uno de los espacios de sombra más imponentes de Montevideo, como lo es el Parque Batlle. Si a este, en el sistema de espacios públicos de la zona, se le reserva la sombra y la espesura, a la plaza se le reserva el necesario sol del invierno, la tamizada sombra en el verano y la inmensidad panorámica.
Pero si tampoco podemos elevar la mirada para al menos ver lo que hoy sucede a una cuadra, titánica tarea parece resultar pensarse sobre el gran palco al poniente que el proyecto propone.
La propuesta apela a un gesto único, un plano de sutil pendiente accesible a todos los públicos que se eleva hacia el encuentro de Av. Italia con Avelino Miranda. Permite el apasionante recorrido ascendente, la observación serena y lejana del paisaje circundante, la reconquista del horizonte al oeste y al atardecer. El gesto habilita aislarse sensitivamente del flujo vehicular de las calles mencionadas, agentes de intensa polución sonora. El palco puede colmarse de público para un evento, como actualmente sucede en el lugar en tiempos de carnaval. El gesto permitiría a su vez generar un plano continuo, capaz de unir las hoy islas separadas por el atravesamiento de la calle 8 de Octubre, la cual pasaría por debajo del palco.
Por si esto resultase insuficiente para proyectar una zona de la ciudad de imagen nueva, con características de una verdadera plaza metropolitana acorde a las condiciones del lugar, la propuesta ganadora incorpora bajo el palco, hacia Av. Italia y Avelino Miranda, una fachada cultural que anida un Centro de Interpretación de la Democracia. Esta decisión genera un espacio público cubierto, de vocación cultural, que complementa los programas que se suceden en su cercanía y que reclama una nueva ciudad de turismo intenso que se funde con el transeúnte e inquieto actor local. Por detrás de este se desarrolla un también necesario estacionamiento oculto y que sin excavaciones mayores puede albergarse y actuar como soporte económico a la propia construcción de la plaza y a su mantenimiento.
La propuesta apela a generar un gran espacio de luz en la noche. Con líneas de altas luminarias hacia Bulevar Artigas y una cuenca de ríos de luz rasante que descubre el plano inclinado del palco propuesto. Asimismo, al mástil del pabellón nacional —resignificado, de mayor esbeltez que el actual y que descansaría sobre un espejo de agua— se le incorpora una luminaria vertical de gran intensidad.
El proyecto plantea, a su vez, incorporar tácticas de sustentabilidad que, por un lado, integren de forma didáctica y lúdica la preocupación por los aspectos relacionados al manejo responsable de los recursos y, a la vez, redunden en una mejor gestión del mantenimiento del espacio público proyectado.
Claro está que “más cielo” apela a observar y contemplar muchas de las variables que supone imaginar un espacio público para el futuro. Un espacio público ciertamente único, tanto como nuestra Rambla, superficie indiscutiblemente democrática, quizás la más relevante y de mayor uso de la ciudad, cerca de 30 kilómetros de pavimento seco y prácticamente sin ninguna sombra natural.
No nos cabe duda que la ciudad, su gente y su historia están preparadas para un proyecto así, que descuentan el enriquecimiento cultural que supone y que celebran las agallas de consumarlo.
Esperamos que de la misma manera, a quienes lo tienen entre sus cometidos no teman embarcarse en él, al igual que otrora la ciudad pudo domesticar sus fascinantes parques, delinear su borde costero y conquistar el agua.
(1) Jurado Integrado por: Arq. Marcelo Danza, representando el voto de los participantes, el Arq. Francisco Fernández, por la División Espacios Públicos y Edificaciones, y el Arq. Carlos López Quagliata por el Servicio de Planificación, Gestión y Diseño.
(2) http://www.farq.edu.uy/patio/novedades/plaza-de-la-democracia.html
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Marcelo Roux, Carolina Lecuna, Nicolás Moreira