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    Pluna (I)

    Sr. Director:

    Pluna: entre el chavo del ocho y Al Capone. No encontré una definición que abarcara todo lo sucedido con esta empresa donde se mezclan sentimientos encontrados producto de situaciones disímiles que van entre la tristeza, la indignación y la bronca. Por tal razón elegí un rango.

    Hagamos un racconto. Desaparecida Varig y luego de la farsa de administración de Elina Rodríguez, otrora presidenta del sindicato de funcionarios (los mismos que ahora quieren hacer de los despojos de Pluna una línea aérea), la empresa llegó a 2007 con pérdidas considerables. Tenían sobre la mesa la propuesta del grupo inversor Ashmore (que ya había sido desechado en la administración Batlle). La cara visible era el Sr. Paul Elberse. Nuevamente la administración frenteamplista rechazó la oferta, pero sí se quedó con su ideólogo. O sea, el Sr. Elberse pasó del lado del Estado a contribuir en la selección de un candidato. Como el Sr. de lo que conoce es de actividad financiera, consiguió un grupo financiero, no ya de ahorros de privados como era el inglés, sino un grupo financiero que trabajaría con los ahorros de los uruguayos. Ahí apareció Leadgate, casualmente con una propuesta similar a la de Ashmore. Le dieron el control de la empresa asignándoles el 75% del capital. A cambio de promesas, se entregó una empresa saneada con su patrimonio en positivo en cerca de un millón de dólares. Incluso, para capitalizarla, los uruguayos dimos en propiedad el Hotel Casino Piriápolis.

    Empezó a andar inagurando líneas hacia los destinos más ignotos para nuestras costumbres, lo cual no sería problema si mientras se conquista un mercado se sostiene la línea con capital propio. Compraron aviones suficientes como para que, con la comisión que daba la vendedora (Bombardier), alcanzara como para cumplir con la capitalización acordada. Por otra parte, el gobierno ayudó con el precio del combustible, el más caro de la región, aunque como no se pagó, luego resultó ser el más barato.

    Ínterin, y avanzando rápidamente en el tiempo, el ex ministro de Vázquez, Sr. Lepra, fue designado gerente general de la empresa. Casualmente, renunció pocos meses antes del cierre (¿se la veía venir?).

    Sale Leadgate del negocio y se suscribe un convenio por el cual Campiani y su staff quedan indemnes de toda acción que contra los mismos pudiera realizarse ya sea por el Estado o terceros (nuevamente, los uruguayos garantizamos y pagamos). El Estado, o sea nosotros, se hace cargo del pago de los aviones (otra vez los mismos giles pagando).

    Finalmente la empresa quebró y, con la complicidad del sindicato, se organizó el cierre.

    Idas y vueltas: quien en otro momento había asesorado a Campiani, fue contratado para hacer una ley que hoy sabemos inconstitucional. Se dice que la cifra que cobró por una ley inconstitucional fue cuantiosa; no sabemos cuánto habría salido una ley constitucional.

    Como efecto de la ley, se sustraen los aviones que estaban operativos de la masa del concurso y se organiza el remate de los mismos.

    Hubo varios interesados pero al parecer ninguno satisfizo al gobierno. Todo quedó en un manto de silencio como de costumbre.

    El primer remate frustrado se suspendió pues solo iba el rematador al acto. El segundo a punto de frustrarse, pero a último momento la tabla salvadora de un “señor de la derecha” (qué contradicción), que ofertó por encima del precio base. Parecía representar a una empresa Cosmo, que nadie conocía. Luego vino la foto donde estaban los actores ocultos reunidos. Entre ellos López Mena, el ministro de Economía, el director general del Ministerio. Esa era más o menos la gran mesa que estaba servida. El menú: ingenuos uruguayos a la cacerola.

    Luego empezó la operación fuga y amnesia. Nadie conocía al “señor de la derecha”, nadie era el padre de la criatura. Se sucedió el comunicado de Cosmo que decía que no estaba interesada, luego resultó que el señor de nombre camaleónico era ex empleado de López Mena y hasta padrino de un descendiente de dicho señor. A ese señor que nadie conocía, el BROU le otorgó un aval para la operación de compra, aval que luego se vio era incobrable pues adolecía de una serie de defectos formales (qué casualidad).

    Finalmente el Sr. López “Mecenas” Mena asume y acuerda pagar el monto del aval. No sabemos por qué lo pagó; tal vez para permitir el crecimiento en silencio de su empresa BQB que, mientras, fue tomando todas las líneas que tenía Pluna.

    Finalmente, the last but not the least, se declara inconstitucional la ley que originó toda la parodia, pasan los aviones al concurso y el Estado acreedor como socio de la concursada queda último en la cola para cobrar. El gobierno, como parece ser desconocía que existía un juicio de inconstitucionalidad, firma para agravar su situación un contrato con López Mena por el aval (hoy, luego de la inconstitucionalidad, lo tiene que liberar del pago del mismo) y tiene suscrito un contrato de compraventa con los ex empleados de Pluna que no puede cumplir pues no tiene los aviones y, o les entrega unos similares o los mismos pagándoselos al concurso, o se aviene a un juicio millonario por el incumplimiento (no me extrañaría que alguno de los ya involucrados patrocine a los ex empleados). Tal vez en este enredo hasta la asociación de rematadores tenga que devolver los honorarios de un remate que ahora es de dudosa existencia jurídica.

    Por ahora, los únicos ganadores han sido BQB (López Mena) y algún asesor más. Todos los demás uruguayos hemos perdido sin que nadie nos defienda ni patrocine.

    Ahora, el ministro de Economía sale a decir que se equivocó y pide disculpas (siguiendo el ejemplo de su mentor Astori), como si con eso arreglara algo de todo el daño que su ineptitud e ignorancia causó. Sería mejor que se fuese; sería el menor costo que pagaría en algo que ha dado para la humorada y para el llanto. Una operación que raya de lo absurdo a lo criminal. Lo seguro es que siempre pagaremos los mismos. Alguien deberá pagar por todo esto que no seamos nosotros, esperemos que no, aunque tengo mis dudas.

    Dr. Gustavo Rodríguez Tabó

    CI 1.271.010-4

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