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Este año 2017, como todos, pero quizás más, genera muchas incertidumbres. Una, la más inmediata y trascendente a escala global, lo era la asunción de Donald Trump como presidente de EEUU, y los anuncios que haría. Trump asumió, como estaba previsto, y su discurso, lejos de clarificar, generó más incertidumbre. Había como una esperanza de que ya presidente se moderara. Y no fue así. Cierto que no dijo ninguna mala palabra, saludó a los restantes ex presidentes y hasta agradeció a los Obama que le dejaran la casa en orden, pero fue un discurso arrogante hacia fuera y convocante hacia adentro. Fue un discurso contra el establishment: el global y el de EEUU. Dijo que va a revisar a tratados, pactos y acuerdos y deslizó eventuales sociedades nunca pensadas. En lo doméstico fue un discurso nacionalista, convocante, con algo de soberbio y demagógico. Contra Washington, contra los políticos, contra los partidos, contra los medios; en una palabra contra el establishment. Contra la gente, las fuerzas y las instituciones en las que muchos alrededor del orbe confían en que “lo pararán”. Se ve que Trump también tiene presente esa alternativa o amenaza y frente a ello de entrada buscó conmover, y mover, los sentimientos, aspiraciones, esperanzas y eventuales resentimientos populares. Hizo populismo. Claramente.
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Pero no hay mucho más que eso. Ahora esperar y ver qué pasa, como dijo el Papa. Incluso Francisco estuvo más prudente que lo usual. Esta vez se cuidó; sabe y ha visto que el flamante mandatario responde a todas, sin muchas vueltas ni importarle lo políticamente correcto.
“Se verá”, dijo el pontífice. Y sí, en eso estamos todos.
Mientras tanto, hay otras incertidumbres para este año. Por ejemplo, ¿qué va a pasar con Lula? ¿Finalmente va preso por corrupción, o por lo contrario es ungido candidato a la presidencia para las próximas elecciones? Una de las dos se puede dar, incluso la última, pues como decía el propio Lula —años ha— los que van presos cuando roban son los pobres; cuando se trata de los ricos les dan un Ministerio. Quizás hasta la presidencia, o por lo menos la candidatura.
¿Y con Cristina Kirchner qué pasará?¿Irá presa o no? Ya ha sido procesada por tres causas y se le investiga por otras tantas. ¿De qué depende? Hay quienes en Argentina insisten en que no depende de la Justicia, sino del resultado de las elecciones legislativas de mediados de año: las cosas sucederán según como les vaya a Macri y al kirchnerismo.
Un año con incertidumbres, pero en el que van a pasar cosas grandes y sorprendentes; sin duda.
Lo único seguro, parecería, es que es muy difícil que Venezuela, con Nicolás Maduro al frente, pueda aguantar un año más. Ni con la ayuda del papa Francisco y la Unasur. En el 2016 el producto bruto cayó un 18,6% y la inflación, la más alta del mundo, fue del 800% ( 799,9% exactamente). Y tal como van las cosas parece que el 17 promete más.
Otro dato: el precio de la canasta familiar en diciembre aumentó 18,4% respecto a noviembre y alcanzó un nivel veinte veces mayor que el salario mínimo. Decididamente, no será un año fácil para los venezolanos.
En Ecuador, en cambio, no habría incertidumbres. Se espera que las elecciones del próximo 19 de febrero las gane el candidato oficial. La fórmula está integrada por dos ex vicepresidentes de Rafael Correa. Este, que como buen economista vio claro que no es lo mismo gobernar cuando el petróleo está a más de U$S 100 el barril que cuando cae a los 40 como ahora, tiene pensado pasar a residir en Europa, donde ya en alguna forma lo hace parte de la familia, según dicen. Como se ve, todo muy bien atado. Aunque no hay que descartar sorpresas. Es un año con muchas incertidumbres.