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La ceremonia logró su cometido. Los 95º Premios Oscar entregados el domingo 12 no tuvieron, a diferencia de la edición antecesora, altercados. El maestro de ceremonias Jimmy Kimmel cumplió con su tarea y hasta hizo algún que otro buen y poco ofensivo chiste. Tom Cruise, cuya Top Gun: Maverick competía por el premio a Mejor película, decidió no ir. La prensa amarilla afirma que quiso evadir dos cosas: a su exesposa, Nicole Kidman, y a las posibles burlas a la cienciología durante la transmisión. La ausencia se conoció con poca antelación y le brindó al evento algo de lo que careció el resto de la noche: el elemento sorpresa.
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La televisación de los Premios Oscar carece de exaltación como espectáculo. Solía haber lugar, sin embargo, para asombrarse con alguna que otra conquista o derrota. No fue el caso de estos premios, donde Todo en todas partes al mismo tiempo, la mayor nominada de la noche, conquistó siete de los 11 premios a los que apuntaba. Ganó en Mejor película, Guion original, Dirección, Edición, Actriz principal y Actor y Actriz de reparto. Fue una noche de celebración para su estudio responsable, A24, una distribuidora convertida en la compañía independiente de cine de mayor prestigio, que también se hizo del premio a Mejor actor gracias a la labor de Brendan Fraser en La ballena.
En las fotos Fraser quedó abrazado a la victoria de Todo en todas partes al mismo tiempo y su reparto, integrado por los ganadores Michelle Yeoh, Ke Huy Quan y Jaime Lee Curtis. Al ganar, los cuatro intérpretes dieron discursos cargados de emoción. Hablaron sobre el poder de los sueños, la fuerza del no rendirse jamás y otros consejos motivacionales poco originales. Si los discursos se sintieron algo rígidos, incluso dentro de su naturaleza lacrimógena, es porque no fueron los primeros que pronunciaron los ganadores, que han dominado la temporada de premios, como hoy se conoce a la antesala que moldea a los Oscar.
Que se ganan a fuerza de campañas de cabildeo se reconoció, sobre todo, tras la caída del exproductor de Hollywood, Harvey Weinstein, un maestro del lobby que logró victorias que hasta hoy dan vergüenza — Shakespeare enamorado le ganó, en 1999, a Rescatando al soldado Ryan y La vida es bella. El caso de A24 no es comparable, aunque sí digno de un futuro análisis. Es la segunda película que la compañía gana tras Luz de luna, estrenada en 2016 y protagonista, junto a La La Land, de uno de los momentos más confusos y memorables de la historia de los Oscar.
En la campaña de cara a los premios de 2023, Fraser estableció la narrativa que acompañaría a Yeoh y Quan hasta el final de la temporada. En una mesa redonda, junto con otros colegas, describió su reencuentro tras bambalinas con Quan, con quien había actuado décadas atrás en la comedia Hombre de California(1992). Le dijo: “Ke, todavía seguimos aquí.”
En sus reintroducciones a la industria, a la fama y al público a través de Todo en todas partes al mismo tiempo y La ballena, los tres artistas alimentaron una idea conocida. Así como te sube a un pedestal, Hollywood te lo quita de tus pies.
Brendan
Fraser ganó con su personificación de Charlie en La ballena. Al igual que su personaje, un profesor con obesidad mórbida que busca reconstruir el vínculo con su hija antes de que sea demasiado tarde, el actor se ha identificado con el dolor. Su camino al Oscar, tras una carrera a base de películas juveniles de éxito comercial entre los años 90 y los 2000, se reconfiguró en el último año bajo dos discursos.
El papel de Charlie cumplió varios de los requisitos que resultan históricamente atractivos para la Academia. Ejecutó una transformación física notoria, encarnó un personaje problemático y lo hizo bajo la orden de director ya reconocido por los Premios Oscar, como es el caso de Darren Aronofsky, nominado por El cisne negro (2010).
En entrevistas ha mencionado al movimiento #MeToo como una motivación detrás de una revelación difícil. El actor contó que en 2003 fue acosado sexualmente por Philip Burke, expresidente de la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood. Burke lo negó. Fraser argumentó que el hecho lo dejó con trastornos mentales y una oferta cada vez más reducida de papeles. Contó, también, que los de comedias como George de la selva (1997) le dejaron daños corporales.
Sus apariciones lo han mostrado con una sensibilidad a flor de piel, dispuesto a hablar del lado más oscuro de su oficio. En su discurso de victoria lo volvió a enfatizar y agradeció a sus compañeros de La ballena. “Empecé en este negocio hace 30 años y las cosas no han sido fáciles (…). Es un regalo que ciertamente no vi venir”.
Michelle
Antes de arribar a Hollywood a fines de los 90, la actriz nacida en Malasia ya había triunfado como una heroína de acción exitosa en el cine de Hong Kong. Yeoh se caracterizaba por sus acrobacias peligrosas de artes marciales, definidas por movimientos que denotaban su formación como bailarina. Tras el aumento de su celebridad en el último año, no es raro encontrar en las redes sociales escenas en donde no hay vidrio o mueble que esté a salvo de las piñas y patadas de la protagonista de Todo en todas partes al mismo tiempo.
Su camino hacia Los Ángeles fue impulsado por su aparición en la saga de James Bond con El mañana nunca muere (1997) y luego por el éxito internacional de El tigre y el dragón (2000). En las dos décadas siguientes su filmografía sigue un patrón con sus papeles atados al dominio físico por su formación como experta en artes marciales. Por fuera de esos atributos, era raro verla en roles dramáticos que no hicieran alusión a su raza. Interpretó a la geisha Mameha en Memorias de una geisha (2005); trabajó con Fraser en La momia: la tumba del emperador dragón (2008) y hasta se hizo con un papel, secundario, en una película de superhéroes de Marvel.
Su interpretación de Evelyn, una madre severa y dueña de una lavandería familiar, se dio emulando el argumento de la película, en la que una decisión pequeña tiene ramificaciones gigantes. En su caso, la decisión la tomó Jackie Chan, quien rechazó la película que los directores Daniel Scheinert y Daniel Kwan escribieron originalmente para él. La historia se reescribió con Yeoh, y su carrera hasta entonces, en mente. El resultado le dio un triunfo histórico al convertirse en la primera mujer asiática en ganar un Oscar como Mejor actriz. Su discurso no olvidó mencionarlo. “Para todos los niños y las niñas que se parecen a mí, que me están viendo esta noche. Esta es una luz de esperanza y posibilidades”.
Ke Huy
Quan, al igual que Yeoh con Todo en todas partes al mismo tiempo, accedió a una gran oportunidad gracias a un rechazo ajeno. De pequeño acompañó a su hermano a una audición para Indiana Jones y el templo de la perdición (1984). Quan se quedó con el papel y fue el coprotagonista de Harrison Ford. Al año trabajó en Los Goonies (1985), también de la fábrica de entretenimiento de Steven Spielberg. Para sus 20, Quan se vio abatido por la falta de oportunidades y abandonó la actuación. Fue el éxito de taquilla la comedia Locamente millonarios (2018), con Yeoh en su reparto, que lo convenció de que la escena había cambiado y tenía, ahora, más oportunidades para intérpretes asiáticos. En su regreso, Todo en todas partes al mismo tiempo fue el primer guion que volvió a leer.
La presencia de Quan en la temporada de premios es comparable con la de un niño en una dulcería. Con su euforia contagiosa y su costumbre de sacarse, y publicar, una selfie con cada celebridad con la que se ha topado, jugó bien sus cartas. Su papel en la película de los Daniels es, a su vez, muy completo: interpreta a Waymond, esposo de la Evelyn de Yeoh, como un pusilánime cuyas versiones de otros universos le permitieron al actor demostrar un lado más aventurero y hasta seductor.
El círculo cerró de forma perfecta en la resurrección profesional de Quan. Fue Harrison Ford quien dio el Oscar a Mejor película y tras ello se inmortalizó un abrazo entre ambos. La energía jovial de Quan no disminuyó en ningún momento de la noche y hasta su discurso mantuvo el perfil de un joven que no puede creer lo vivido. “Mi madre tiene 84 años y está en casa viéndolo. Mamá, acabo de ganar un Oscar”, dijo con el premio a Mejor actor de reparto en sus manos.
Tanto él como Yeoh, Fraser y Lee, cuyo premio puede considerarse un homenaje a su trayectoria, dejaron algo en claro: este año la Academia, tal vez buscando su propia redención, decidió celebrar las segundas oportunidades.