Nº 2097 - 11 al 17 de Noviembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa creación del Ministerio de Ambiente en nuestro país tiene que ver con una onda expansiva que afecta al mundo, donde la narrativa es una bola de nieve fomentada por la clase política, algunos medios y nada menos que las grandes celebridades. Estamos en el punto de pensar que está en juego el fin del mundo, tal como lo conocemos hasta ahora. Pero ¿es así? Revisando las investigaciones más actualizadas de los desafíos que, según las Naciones Unidas (ONU), el mundo debe resolver para 2030, algunas de las grandes mentes contemporáneas tienen una mirada diferente. Según ellos hay amenazas más acuciantes hoy, que se pueden resolver rápidamente y con los recursos actuales.
El think-tank del Centro de Consenso de Copenhague (Copenhagen Consensus Center) reunió a más de 50 economistas destacados del mundo —incluyendo a varios premio Nobel— para analizar el trabajo de la ONU, conocido como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que establece 169 metas para repartir los 2,5 billones de dólares de ayuda en los próximos 10 años. Sus conclusiones están plasmadas en el libro Prioridades del desarrollo (2018), editado por su líder y presidente, el profesor Bjorn Lomborg, de Dinamarca.
El concepto básico de los expertos es que la ONU llegó a 169 objetivos para dejar contentos a todos los grupos involucrados e interesados en diversas causas, pero muy probablemente y debido a las limitaciones de recursos que se proyectan, en 2030 habrá mucha frustración en la mayoría de estos grupos. Consideran que se necesita establecer prioridades —sugieren 19— a partir de la urgencia del tema, que las soluciones estén claramente definidas y que la relación costo/resultado sea superavitaria.
Entre los primeros puestos en rendimiento rápido y barato en el tiempo está el libre comercio, “algo de lo que nos hemos olvidado”, dijo Lomborg en una entrevista para el podcast de Jordan Petterson, apuntando a las grandes potencias “que han abandonado el libre comercio”. Lomborg nos recuerda que “lo que ha enriquecido al mundo es el hecho de comerciar entre todos” y que precisamente todos los países del mundo se beneficiarían con esto. Se estima que la aplicación razonable de la última reunión por libre comercio Doha (1999) “sin llegar a un mercado libre, pero por lo menos más libre”, tendría una reducción de tarifas y soluciones para que los países en desarrollo puedan comerciar fácilmente con los países desarrollados. Su proyección deriva en que en 2030 las personas ganarían mil dólares más al año en los países más perjudicados por las reglas del comercio actual y que saldrían de la pobreza 145 millones de personas. El autor toma como ejemplo a China: “En los últimos 30 años sacó de la pobreza a 680 millones al abrirse al comercio”.
La anticoncepción en las mujeres está en la lista de temas prioritarios. Estima el estudio que en el mundo hay 13% de mujeres que no tienen acceso a la anticoncepción. “Si le diéramos acceso lograrían planes familiares mucho más sostenibles” y morirían menos niños y madres, sostiene Lomborg. “Estimamos que morirían 600.000 niños menos”.
Para dar una idea de los parámetros que se manejan, Lomborg dice que cada dólar invertido resultaría en “120 dólares de bienestar social”. Otro de los temas en sus prioridades es la lucha contra la tuberculosis y otras enfermedades, que limitan fuertemente el desarrollo de la población.
En cambio, el medio ambiente aparece más retrasado en el listado porque las soluciones que se manejan hoy, cuya eficiencia no está comprobada, en 100 años podrían tener un resultado interesante distrayendo inversiones ultramillonarias. El Consenso de Copenhague entiende que hay un problema. No descarta dar pasos accesibles en ese sentido, como eliminar subsidios a combustibles fósiles, pero advierte que las soluciones sustitutivas hoy implican un aumento en el costo de la energía, lo que en el momento actual hace más pobre al más pobre.
En resumen, empecemos por los objetivos que tienen soluciones claras y al alcance de los recursos existentes, que apunten a mejorar el desarrollo humano, especialmente de los sectores más pobres. Una sociedad que pueda minimizar el embate de la pobreza estará mejor capacitada para lidiar con los temas ambientales en el futuro.