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    Profecía autocumplida

    Edición 25º aniversario de Out of Time, de R.E.M.

    Después de los fermentales años sesenta y otros momentos clave como la revolución punk de 1977, quizá el último gran año para el viejo rock preinternet es 1991: entre agosto y noviembre de aquel año en que Estados Unidos invadía Irak con lluvia de bombas en vivo por TV, desaparecía definitivamente la Unión Soviética y Francis Fukuyama escribía El fin de la historia, una increíble sucesión de discos se precipitó sobre las bateas de medio planeta, todos con destino de clásico: Nevermind (Nirvana), Ten (Pearl Jam), Use Your Illusion (Guns n’ Roses), el disco homónimo de Metallica (El álbum negro), Achtung Baby (U2), Blood Sugar Sex Magic (Red Hot Chili Peppers), Badmotorfinger (Soundgarden), Dangerous (Michael Jackson) y Out of Time, de R.E.M., un álbum sabiamente bautizado, como en una profecía autocumplida.

    A 25 años de aquel otoño boreal, el sello Warner acaba de lanzar una edición conmemorativa por el aniversario, disponible como es habitual en este tipo de ediciones de lujo, en doble CD, triple LP (vinilo) y un blu-ray. El álbum original remasterizado viene acompañado por maquetas, tomas de estudio que quedaron por el camino y un concierto del mismo año en el que presentaron el disco (Live at Mountain Stage). La caja, que llegará a Uruguay en pocas semanas, trae un blu-ray con todos los videoclips de la banda y materiales para fetichistas, como el kit de prensa de 1991, un completo álbum de fotos de la grabación, y la vedette de la industria discográfica actual:  el disco completo en sonido multicanal, que permite al escucha apreciar la obra desnuda, capa por capa, tal como se le presentó al ingeniero de grabación encargado de armar la mezcla.

    Pero, ¿por qué el séptimo disco del trío de Athens, Georgia, se mantiene tan fresco y joven? La respuesta llega al escucharlo una vez más. Estas once canciones no podían llevar otro nombre: no tienen nada que ver con nada de lo que pasaba, ni punk ni metal ni tecno, mucho menos new wave. Fue una especie de bomba acústica, una fusión perfecta de country y folk con un nítido perfil pop. Luego del rústico y muy crudo Green (1988), el desafío de Michael Stipe (voz), Mike Mills (bajo) y Peter Buck (guitarras) y Bill Berry (batería) fue despojarse de toda esa electricidad y consagrarse a la tradición sonora del mundo rural americano. De esa búsqueda refinada surgieron temazos no exentos de la mirada crítica de la banda, como Radio Song, Shiny Happy People, Near Wild Heaven y Texarcana. Las guitarras limpias se entreveran con cuerdas de vientos, banjos y mandolinas, con Losing My Religion como la obra maestra. Una canción siempre joven, que resiste ser escuchada a diario, y que siempre entrega un rasgo inadvertido.