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    Profesores acusan a colegios de “uso indiscriminado” de cámaras porque afecta la privacidad en la clase y la libertad de cátedra

    Maestros y profesores de colegios y liceos privados aseguran que están viviendo “hostigamientos”, “estigmatización” y hasta “persecución laboral” debido a la creciente “imposición y uso indiscriminado” de cámaras de video dentro de los salones de clase. Sergio Sommaruga, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza Privada (Sintep), dijo a Búsqueda que se trata de una tendencia aún incipiente pero “progresiva” en el sector, acentuada durante los meses de emergencia sanitaria por el Covid-19, en los que se conjugó la modalidad de enseñanza presencial y virtual.

    “Repetime eso porque mi hijo no lo entendió. Creo que no explicaste bien el tema”. Este tipo de intervenciones por parte de padres y madres se reitera durante el transcurso de las clases, especialmente en primaria, por la instalación de cámaras y el uso de plataformas digitales y videollamadas, que se extendió de forma significativa tras la suspensión de las clases resuelta por el gobierno el 14 de marzo.

    El recurso tecnológico “habilita una injerencia desmedida de los padres sobre la tarea docente que atenta sensiblemente contra la tradición pedagógica asentada en la libertad de cátedra”, dijo Sommaruga.

    Integrantes del gremio han denunciado en asambleas que las instituciones donde trabajan colocan “cada vez más cámaras” dentro de los salones de clase como un “servicio adicional” para que los padres puedan observar las lecciones que reciben los estudiantes. Ello habilita “intromisiones de mamás y papás que cuestionan a la maestra por cómo enseñó el diptongo frente a sus alumnos, lo cual pone en entredicho la autoridad docente, afecta la privacidad y el clima de clase”, contó Sommaruga.

    Para el sindicato, el servicio no solo tiene como fin que los padres puedan observar lo que hacen sus hijos en clase, sino que también permite a la institución “controlar” el trabajo de los docentes. Sommaruga advirtió que “la naturalización de la videovigilancia produce intervenciones, hostigamientos y estigmatización de los educadores, como en un sistema panóptico” por parte de los colegios y liceos.

    La mayoría de las instituciones privadas cuentan con sistemas de vigilancia en sus perímetros y puertas de entrada y salida por motivos de seguridad. Algunas también tienen cámaras en los pasillos y en otras áreas. Pero que se instalen dentro de los salones “resulta degradante, dinamita la confianza y puede llegar a la persecución laboral”, dijo Sommaruga, quien indicó que el planteo no obedece a una mirada corporativa de los docentes, sino a “la pertinencia del dispositivo para la transmisión de datos”.

    “No hay ningún problema de explicarle a una familia los métodos y fundamentos pedagógicos; eso es sano. Pero una cosa es la democratización del acceso al debate sobre los temas educativos, y otra es que un papá me diga durante la clase por qué estoy dando Nietzsche y no Santo Tomás. O por qué elegí hablar de Así habló Zaratustra y no de El origen de la tragedia. Que se meta a opinar ya es complicado”, afirmó este profesor de Filosofía, al explicar “la incursión compulsiva” de algunos padres en Secundaria.

    La inquietud fue transmitida a las asociaciones que nuclean a los centros educativos del sector privado y aunque hubo avances en negociaciones puntuales con colegios y liceos, no se acordó un criterio común.

    En esos ámbitos, el sindicato  planteó que el uso de las cámaras en clase debe ser voluntario del docente, no exclusivo, para que se admitan otras herramientas de enseñanza remota —webcams, videollamadas, el aula virtual—, y que el recurso tenga un uso perentorio, limitado a la emergencia sanitaria, para que las cámaras sean retiradas una vez retomada la presencialidad.

    “La cámara en clase solo se justifica en el contexto de la pandemia, por la asistencia voluntaria, el distanciamiento social y la disponibilidad espacial”, opinó Sommaruga, y señaló empresas e instituciones que se arrogan el derecho a colocar cámaras “donde se les antoja”, sin consentimiento alguno ni medir su impacto sobre otros derechos.

    El debate, siguió, es definir hasta dónde puede llegar el control del empleador en la vida laboral del trabajador y hasta qué punto puede vulnerar el derecho a la actividad privada. Por eso, la colocación de las cámaras debe contar con el “consentimiento informado de los padres y los docentes, y si la institución no lo hace se expone a una demanda judicial”, afirmó.

    Sommaruga dijo que su posición se sustenta en la Ley 18.331, sobre la protección de datos personales, y también mencionó dictámenes contra universidades europeas que habían colocado cámaras dentro de las aulas y debieron dar marcha atrás.

    “El profesor puede tener una expectativa de privacidad. Normalmente espera que lo que pasa en el salón de clase solo puede ser seguido por aquellos que tienen derecho a asistir a la clase”, dijo, aunque haya excepciones, como cuando se graban las clases para uso de los estudiantes que no pueden asistir físicamente al salón.

    Por otro lado, planteó que muchas veces queda en entredicho la propia intimidad de los alumnos que participan de forma remota. Si bien en las videollamadas se puede dividir el campo visual y difuminar el fondo de la pantalla, hay menores que no disponen de un lugar adecuado para conectarse desde su hogar y se producen situaciones indeseadas.

    El artículo 221 del Código de la Niñez y la Adolescencia garantiza  “el uso reservado y confidencial de los datos correspondientes a cada niño o adolescente, en concordancia con su interés superior y en cumplimiento del derecho a la privacidad de su historia personal, como único propietario de la misma”.

    “El tema tiene especial interés para aquellos que nos dedicamos a la docencia, porque hay que defender el espacio de libertad académica en el que llevar a cabo la actividad profesional”, sostuvo Sommaruga, preocupado por “una vigilancia social cada vez más invasiva que ingresa a veces en forma sigilosa en el salón de clase”.

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