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    Puerto de aguas profundas

    Sr. Director:

    Me parece notable que se siga discutiendo sobre si hacer o no un puerto de aguas profundas (PAP) en las playas de Rocha, porque revisando cuidadosamente el Google Earth y otros documentos relacionados no he encontrado ni un solo puerto —sea o no de aguas profundas— que en zonas ventosas como es nuestra costa,  esté en una playa arenosa que tiene en esencia forma de línea recta. Todos los conocidos —piensen en Bahía, Río de Janeiro, Santos o Montevideo— se ubican dentro de bahías que los protegen del oleaje.

    De hecho, en Wikipedia uno encuentra, entre las condiciones para ser un PAP, un elemento crucial: “Deep sheltered waters”, es decir aguas profundas y protegidas. No conozco muchos lugares menos protegidos que las arenas de Rocha, azotadas por todos los vientos del cuadrante Sur, que incluyen lo que los navegantes llamamos el pampero (suroeste), el surazo (del Sur) y la sudestada, del sudeste, que es la que peor trata a Buenos Aires (1) y por eso mucho uruguayo copia a los porteños y habla de la sudestada, que a la costa uruguaya —excepto Colonia— no le hace ni cosquillas porque rara vez sopla ni cerca de la fuerza del pampero ni del surazo.

    Pongo por ejemplo los PAP del Canadá. De Norte a Sur encontramos Sept-Îles, Port Cartier, Quebec City y Chandler (apenas un muelle de carga) que están dentro del río Lawrence y así protegidos por sus tierras circundantes, seguidos por la proyectada Terminal de Melford en el Estrecho de Canso, un estrecho curso de agua que separa las dos mitades de Nova Scotia. Siguiendo hacia el Sur, está el puerto de Saint John’s, a 100 km del océano Atlántico, el de Halifax, a “apenas” 7 km, y el más sureño de los PAP canadienses, sobre el río Sydney a unos 20 km del océano Atlántico. Para que el lector no huya bostezando no seguiré con los otros de la costa atlántica de América, salvo para reiterar que un PAP es profundo y protegido, de manera que como mínimo están dentro de una bahía profunda.

    Otra historia —y otras tragedias del mar— sería hacer y operar un puerto profundo y desprotegido en una costa arenosa recta que, “pa’ pior”, corre del sudoeste hacia el nordeste de manera que recibiría a 90 grados, en ángulo recto, toda la fuerza del pampero y el oleaje que él levanta. Lo que rompe puertos y barcos no es el viento en sí mismo, sino el oleaje que lo acompaña, cuando la fuerza de las olas golpea como lo que es: toneladas de una materia en movimiento que, por mucho que sea líquida, golpea con la fuerza del trompazo de alguien que pesara unas 10 toneladas. Por ejemplo, la tormenta que destruyó casi 20 barcos en la bahía de Punta del Este hace pocos años, no los rompió por el viento, sino porque el oleaje hizo que durante horas los barcos cabecearan, subiendo y bajando al compás de los golpes del mar, hasta que se cortaron todos los cabos de amarre; las compañías de seguros tiemblan al recordarlo. Eso pasó porque, como casi nunca sucede, sopló muy fuerte y mucho rato desde el noroeste, de modo que las olas tuvieron espacio para formarse desde los alrededores de la Punta del Chileno hasta pegar en el puerto como la proverbial trompada destructiva. Desde la Punta del Chileno, en línea recta pasando al norte de la Isla Gorriti que protege al puerto pero no del NW, las olas crecieron y se reforzaron durante casi 8 kilómetros antes de destruir medio puerto. (2)

    Por tanto, el PAP uruguayo vendrá cuando de una vez por todas un mandatario arbitre los recursos para dragar y mantener dragado el puerto de Montevideo a los 50 pies (15 metros) de profundidad necesarios para recibir no solo a los barcos Post-Panamax actuales, sino a los que serán Post-Panamax dentro de pocos años cuando se ensanche el canal, y para construir o reorganizar los muelles y grúas que por esa vía se hagan necesarios. Para eso va a ser necesario recurrir a inversiones del sector privado, nacional o extranjero, al cual se remunere con Bonos del Estado uruguayo en UI, tan firmes como los de Estados Unidos (si no más, hoy en día) y cotizables en Bolsa para que el inversor no tenga que esperar 15 años para cobrar. (3)  Pongamos en marcha el ahorro nacional que —aunque no fuma— pacientemente espera en las AFAP y en otros muchos lugares.

    Eso sí: el inversor —nuestro o foráneo— no invertirá si lo tratamos como a un pirata que viene a robarse la sangre de venas abiertas que no existieron nunca, por mucho que le pese a cierta gente.

    (1) Porque la costa argentina entre Buenos Aires, la bahía de Samborombón y Mar de Ajó al final de dicha bahía, corre exactamente en la dirección SE; de ahí en adelante, hasta Mar del Plata, esa costa corre hacia el sur-sudeste. Por tanto, los porteños tanto temen la sudestada porque llena de agua el embudo cuya boca es, precisamente, Buenos Aires.

    (2) Las boyas aguantaron: se rompieron los cabos que amarran el barco a la boya.

    (3) Esto sería caro con tasas de interés “normales”: aprovechemos cuanto antes las actuales tasas, bajísimas como nunca antes.

    Jaime Mezzera