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Soledad Gilmet es una actriz uruguaya que vivió siete años en España y el año pasado tuvo la buena idea de regresar a Montevideo para hacer el unipersonal Carta a una desconocida, basado en la novela de Stefan Zweig. Ahora es posible volver a comprobar el talento de esta actriz que creció entre telones y decorados —es hija del actor Fernando Gilmet y la renombrada actriz Susana Castro— en Skylight, obra del inglés David Hare, dirigida por Jorge Denevi, en la que actúa junto a Jorge Bolani y Matteo Pistoni.
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Entre 2000 y 2004, con poco más de 20 años, Gilmet actuó en La muerte de un viajante, de Mario Ferreira, ganó el Florencio revelación por Historias ajenas, de Mariana Wainstein, con la compañía Trenes y Lunas estuvo en Ricardo III y Medeamaterial, ambas de Alberto Rivero, y volvió a ganar el Florencio a la Actriz de reparto por Rifar el corazón, de Dino Armas. En cine actuó en La peli y La cáscara, ambas de 2007, y ahora vuelve con Denevi, quien la había dirigido en Los grandes líos de Chioggia, en 2002.
El escenario de la Sala 2 del Teatro Alianza luce más profundo que de costumbre en esta atractiva historia de amor, adulta, realista y por demás conmovedora. Escrita y estrenada por Hare en 1997 en Londres, está ambientada en la Inglaterra en crisis de principios de los 80, durante los inicios de la era Thatcher. Tiempos de austeridad y ajustes drásticos.
Estas coordenadas históricas y geopolíticas apasionan a Denevi, quien se muestra cómodo en este escenario tan bien pintado por Mike Leigh en Éxtasis y La fiesta de Abigaíl. Esos dos acertados trabajos del Flaco le valieron sendos Florencios al Espectáculo en 2012 y 2013. En junio, la versión de Skylight montada en Broadway por Stephen Daldry —con Bill Naghy y Carey Mulligan— ganó el Tony a la mejor reposición, y continúa en cartel, calificada como “una obra rabiosamente actual”. Denevi confirma un gran año, luego de las muy buenas Miedos privados en lugares públicos y Los elegidos.
Hare es un autor consagrado en el teatro europeo, y también en el cine, por los guiones adaptados de Las Horas y El lector. Pero en teatro, el hombre escribe para su tiempo, sobre la vida que le tocó vivir, y aquí pinta dos mundos aparentemente antagónicos, con personajes muy atractivos gracias a sus fuertes contradicciones.
Este escenario de economía endeble y contexto educativo en problemas suena muy cercano a los oídos uruguayos, rasgo muy bien aprovechado. De hecho, Skylight, generalmente traducida como Cielo abierto, había llegado a Montevideo en 1998 como Lucernario, con Taco Larreta y Margarita Musto dirigidos por Bernardo Galli. El asunto es antiquísimo: un amor imposible entre dos personas que se atraen poderosamente, pese a sus abismales diferencias de edad y de sensibilidad.
Bolani vuelve a desplegar su poderosa capacidad actoral en la piel de Tom, un veterano empresario que ha amasado una gran fortuna con su cadena de restaurantes. Viste trajes de lujo, anda con chofer y su mayor dolor de cabeza es rendirle cuentas a un gerente que administra su imperio.
Gilmet es Kira, docente y educadora social que trabaja en una zona complicada, lo que aquí sería una “escuela de contexto crítico”; vive en un apartamento modesto y helado y cena fideos con tuco (los cocina de veras en escena). Su mayor ambición es ayudar a esos adolescentes marginales, perdidos, adictos, a tener una razón para volver a las aulas, a buscarse la vida, a recuperar el futuro.
Ambos tienen un pasado intenso en común, una relación que no terminó bien, que marcó a fuego sus vidas y que ahora vuelve al presente para que las cuentas pendientes sean saldadas. A pura química, ambos actores hacen que este relato sea creíble de punta a punta. Un muy atendible duelo escénico de 75 minutos que se van volando.
Skylight, de David Hare, dirigida por Jorge Denevi. Escenografía, iluminación y vestuario: Laura Leifert y Sebastián Marrero. Teatro Alianza (Paraguay 1217), Sala 2. Sábados, 21 y domingos, 19.30 h. Entradas a $ 360 en Abitab.