N° 2042 - 17 al 23 de Octubre de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl golf es un deporte liberal y capitalista. Todos lo son seguramente, pero en esta página ese es el deporte que elegimos. Lo expresamos en el discurso de agradecimiento a los participantes del torneo de golf numero 27 de Búsqueda, que realizamos junto al Club del Golf de Punta Carretas, y otros sponsors. No estamos hablando de los lugares en el mundo donde se juega, el entorno político, si no sobre la manera en que sus creadores lo estructuraron: gana el que tiene talento, que le agrega trabajo a ese don, el que compite, el que se enfoca en el conocimiento adecuado para tener una performance que lo lleve al éxito.
Quien quiera explotar todo el potencial y disfrutar del juego del golf tiene que preparase para ello, estar dispuesto a competir, entender el juego y además saber aplicar ese entendimiento. Son horas y horas de práctica para dar lo mejor de sí y lograr la mejor producción y descubrir el verdadero talento. Puede o no llegar a ser una estrella del deporte, pero sin dudas puede disfrutarlo y sentir alguna vez la gloria del objetivo alcanzado.
¿Es posible un golf socialista? ¿Qué condiciones debería tener? Probablemente en ese caso debería priorizar la igualdad, tener un gran ente regulador que nos dé la seguridad de que nuestros derechos sean protegidos. Algo que haga las veces de padre protector que, por ejemplo, no permita que todas las veces triunfe el mismo. Quizás debería establecer un sistema de turnos para la satisfacción del triunfo, que no permita que aquel que lo haga mejor siempre gane.
¿Cuáles serían las consecuencia de ese sistema? Bueno, si igual algún día nos va a tocar ganar por disposición del gran ente regulador, para qué entrenar, para qué entender el juego, para qué producir un espectáculo. Por supuesto que no queremos competir porque hay que cuidar que todo el mundo se sienta ganador, no importa si en ningún momento le interesó aportar algo al juego.
En pocas palabras, por suerte el golf socialista no podría existir, pero si existiera, es fácil deducir que sería el fin del propio deporte. Ya nadie tendría que llegar al triunfo dando un ejemplo de perseverancia, de talento, de belleza del juego. Se perdería la sensación de crecimiento al desafiar y superarse a sí mismo, para lograr el objetivo. O por lo menos nada de eso se necesitaría para lograr el triunfo.
Se puede decir que estamos caricaturizando la influencia del socialismo donde la actividad natural nos lleva por un camino bien diferente, donde gana el que produce más y mejor. Nadie en su sano juicio lo intentaría aplicar en el golf o en casi cualquier otro deporte. Sin embargo, en nuestra sociedad política, donde los límites son menos claros pero donde los eventuales logros son mucho más importantes que un triunfo deportivo, allí nos suena bien intentar aplicar una utopía socialista, que va en contra de la naturaleza y frena el desarrollo del hombre como pieza dominante en una sociedad.
El golf es un juego liberal y capitalista, igual que en cualquier actividad competitiva por aquello de “que gane el mejor”. De esa manera siempre ganan los que más hacen y aman ese deporte. Un deporte se impone y crece por el influjo inspirador de sus mejores exponentes compitiendo libremente, respetando un mínimo conjunto de regulaciones. Nuestras sociedades también, seguramente.