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Reparos en parte del gobierno, los sindicatos y el empresariado frenan un eventual pedido para que Uruguay se incorpore a la OCDE
Pharos, el think tank de la Academia Nacional de Economía, propone “desembarazarse” de la cultura de “no competencia” y que el país se acerque a Argentina para impulsar en conjunto la postulación uruguaya como miembro de la organización
imagen de Reparos en parte del gobierno, los sindicatos y el empresariado frenan un eventual pedido para que Uruguay se incorpore a la OCDE
Aunque dio otros pasos para aproximarse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), lo que “más hizo” Uruguay fue converger a los estándares internacionales en materia de transparencia fiscal, tras haber caído en 2009 en la “lista negra” de ese foro de países. Lo cierto es que en el gobierno e incluso en ámbitos sindicales y empresariales no hay unanimidad en torno a la posibilidad de que el país aspire a ser miembro pleno de esa organización: como con el tratado de libre comercio con Estados Unidos, el tren puede haber pasado una sola vez.
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A juicio de Carlos Loaiza, profesor de Derecho Financiero y director del postgrado de Tributación Internacional de la Facultad de Derecho de la Universidad de Montevideo, la falta de consenso político y social, así como la ausencia de una campaña diplomática “explícita” del gobierno para postular a Uruguay a la OCDE, limitan las posibilidades de un eventual paso como ese.
Para encaminarse al desarrollo, el país debe “desembarazarse de prejuicios” y “apostar de manera inteligente y estudiada a medirse con los mejores”, señaló a Búsqueda el abogado, autor de la investigación titulada “Uruguay miembro de la OCDE: Un camino al desarrollo”, realizada para Pharos, un centro de análisis de la Academia Nacional de Economía.
En el trabajo, al que accedió Búsqueda y que será presentado próximamente en formato de libro, Loaiza plantea que la hoja de ruta a seguir por el gobierno sería aproximarse a su par argentino para impulsar una “estrategia conjunta y coordinada” de modo de aspirar a ser miembro pleno de la organización, cuyos integrantes representan cerca del 80% del Producto Bruto Interno mundial.
Iniciar ese camino, plantea la investigación de Pharos, ayudaría a avanzar en mejorar la educación, la infraestructura de transporte y la inserción internacional de Uruguay, que son algunos de los obstáculos al crecimiento y a la inclusión social identificados por la OCDE. “Es la esencia de las ventajas cualitativas”, un “poder de coerción” que “hace que las cosas sucedan y rápido”, como se vio en materia de transparencia tributaria, opinó el autor.
El libro ya fue entregado por integrantes de Pharos a los ministro Danilo Astori (Economía) y Rodolfo Nin Novoa (Relaciones Exteriores).
“Desembarazarse”.
Uruguay “tuvo y tiene condiciones” para postularse a ser miembro pleno y “sería injusto decir que el país no ha hecho nada” para acercarse a la organización, afirmó Loaiza al ser consultado por Búsqueda. Además de la firma de acuerdos de intercambio de datos tributarios e identificación de los dueños de las sociedades anónimas, comentó que también integró el Centro de Desarrollo de la OCDE, como una señal de aproximación.
“Por las conversaciones que he mantenido, en algunos sectores del gobierno —en concreto, en el Ministerio de Economía— hay una convicción de que estamos en la antesala, pero la realidad es que no es así. No lo estamos porque no iniciamos una campaña diplomática decidida, y creo que eso no se ha podido hacer porque existen limitaciones”, señaló.
Según el experto, en el gobierno perciben que puede haber sectores en contra, no solo dentro del Frente Amplio y en la oposición, sino también dentro del sindicalismo e incluso el empresariado, lo que pudo confirmar en la investigación. Esas posturas pueden dar lugar a “resistencia” a que Uruguay se integre a la OCDE. En opinión de Loaiza, “tirarse a la piscina puede ser perjudicial sin haber generado el consenso previo necesario”.
El autor defiende las ventajas de integrarse como miembro: “Estar cerca de la OCDE es una garantía para acercarnos y homologarnos con el mundo desarrollado”, pero asegura que una “cuestión cultural” traba tal proceso. “La percepción de identidad, soberanía e independencia de un país pequeño como Uruguay, que supo tener altos estándares de desarrollo, vuelve muy complicado los procesos de integración en organismos donde están representadas las economías más desarrolladas”, alegó.
Para Loaiza esa cultura permea a toda la sociedad. “Eso lo comparten todos los uruguayos, es una cultura de no competencia, de todos: empleados públicos y privados, empresarios y sindicatos. No es un país de emprendedores, no es un país que vea con buenos ojos los beneficios de la competencia, en general, hay una mirada de recelo. Los empresarios, que a menudo se quejan de los monopolios públicos, también tienen una cultura tendiente a la visión no competitiva, más allá de que haya muchos empresarios exitosos que favorecen la competencia. Pero no es la cultura predominante uruguaya tampoco en el sector privado”.
Sostiene que “hay que desembarazarse” y “cambiar” de esa cultura porque impide acercarse a la OCDE.
El libro hecho para Pharos recoge la opinión de 25 políticos, sindicalistas, empresarios y formadores de opinión acerca de qué beneficios y perjuicios traería comenzar el camino para ser miembro pleno de la OCDE. Allí el autor plantea que no hay un “rechazo explícito” por parte de ninguno de los actores relevantes, pero señala que existen “matices”. Son empresarios y sindicalistas los que ven mayores riesgos, afirma, y apunta como “llamativo” que “exista todavía más escepticismo entre los primeros.
Juntos con Argentina.
En el libro propone que Uruguay realice una “tarea diplomática y técnica de gran sofisticación profesional” para lograr ser invitado por la OCDE, requisito para iniciar el proceso. “Podría decirse que Uruguay perdió una oportunidad en el pasado, cuando comenzó a acercarse a la organización, (…) puesto que tenía un potencial como candidato, que supo ocupar Costa Rica al mostrarse proactivo y promover decididamente su candidatura. Naturalmente, entre los candidatos postulantes latinoamericanos, tanto Perú como Argentina aventajan a Uruguay como significant players en el contexto internacional”, indica. Tras el “giro político” y la asunción de Mauricio Macri —quien expresó públicamente su intención de ser miembro de la organización—, Argentina inició conversaciones formales al respecto. Y en esa línea, el autor plantea que, para Uruguay, la acción “política y diplomática más viable, aunque audaz, sería aproximarse al gobierno argentino” para establecer una “estrategia conjunta y coordinada para aprovechar sinergias y presentarse como un bloque”.
Indica que la OCDE lo vería “como algo natural, (…) aportando un área geográfica, cultural e históricamente muy vinculada, con rasgos complementarios en cuanto a significación internacional y respeto tradicional por las instituciones”.
Loaiza explicó que tras haber investigado en profundidad, consultando a interlocutores dentro de la propia OCDE y a integrantes de las comisiones de los países latinoamericanos que están en proceso de ingreso, la estrategia conjunta con Argentina es el camino “más factible” y aumenta las “posibilidades”.
En 2010 ingresaron a la OCDE Chile, Estonia, Israel y Eslovenia y quedó en suspenso el proceso con Rusia. En tanto, Colombia estaría en condiciones de ingresar en un plazo de dos años y Costa Rica —invitada en 2015— debería avanzar en temas tributarios, señala la investigación. Hoy cuenta con 35 miembros. Loaiza plantea que la organización no tiene interés de tener un número “ilimitado de miembros, ni mucho menos que sean muchos latinoamericanos”. Por eso, evalúa la estrategia conjunta con Argentina como una “oportunidad”.
Para el autor es “imprescindible” expresar una voluntad política “firme y explícita” de ingresar al foro. “Sin ajustar estos aspectos, corremos el riesgo de cumplir con muchas de las exigencias de la organización sin recibir los beneficios concretos de la membresía”. Y visualiza el riesgo de “haber estado muy cerca”, y que por no haber hecho un proceso adecuado y sistemático para el ingreso, el “tren haya pasado una vez más” para Uruguay, aludiendo a la posibilidad que tuvo el país de negociar un acuerdo comercial con Estados Unidos durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez.