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Dentro de una semana la pareja de sexagenarios va a celebrar sus 45 años de matrimonio y él recibe una carta con una noticia inquietante: el cuerpo congelado de Katya, su antigua novia, que murió en un accidente en un glaciar en los Alpes suizos hace 50 años, finalmente fue encontrado. Katya fue su primer amor. Katya estuvo congelada tantos años y ahora se la puede ver desde la superficie. La metáfora se cristaliza. Como el automóvil oscuro con aquellos seres oscuros que parecían llegar del inconsciente de Tom Stall en Una historia violenta, de David Cronenberg, y que sacaban al exterior el verdadero ser del personaje interpretado por Viggo Mortensen. Entonces, lo que parecía estable se tambalea. Lo auténtico, lo verdadero de las personas, quizás sea aquello que más ocultan. El asunto es a quién y por qué lo ocultan. Katya emerge para desenterrarlo. Y justo cuando Kate y Geoff están ajustando los últimos detalles de la celebración. Cuando tratan de elegir con qué canción comenzar el baile.
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El director del filme, el británico Andrew Haigh, es autor del libreto, que se basa en In Another Country, un relato de 10 páginas del narrador, poeta y traductor David Constantine. Haigh modificó y amplió el material original, donde la pareja es octogenaria y no hay ninguna fiesta, entre otras diferencias. Previo a este largometraje, Haigh dirigió Weekend, sobre la relación íntima entre dos hombres que nace de forma azarosa y crece precisamente durante un fin de semana (se etiquetó a la película como una suerte de Antes del amanecer gay), y Greek Pete, falso documental acerca de un taxi boy de Londres, y los vaivenes de su vida sentimental, sexual y laboral a lo largo de un año. Haigh estuvo a cargo además de varios capítulos de la serie queer Looking, de la que también fue productor ejecutivo.
En 45 años, el realizador afina la puntería. Desarrolla una narración más pulcra. Se coloca lejos de los tópicos y de los trazos poco sutiles, algo que no siempre lograba en sus dos anteriores trabajos, en especial en Greek Pete. Lo que mejor funcionaba allí, el manejo del marco temporal, la observación de los gestos, de los movimientos, de los cuerpos, de todo lo que habla en silencio, en 45 años se exhibe mejor trabajado, pulido. Hay sutileza, no todo se dice, los personajes se completan por medio de la mirada del otro. Posiblemente incida la colaboración de Constantine, autor del relato base, aunque eso es invisible. Lo evidente y magnífico es la labor del dúo protagonista.
La pareja es interpretada por dos potencias británicas. Charlotte Rampling (Portero de noche, Recuerdos, Bajo la arena) es Kate, una maestra jubilada de sonrisa amable y mirada sensualmente enigmática. Rampling estuvo nominada al Oscar como mejor actriz por este papel. Ella y su compañero de reparto ganaron el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Tom Courtenay (El mundo frente a mí, Por la patria, Las últimas órdenes) arma su vulnerable personaje de dientes apretados y expresión ausente, entre el balbuceo y el silencio. Al leer la carta, escrita en alemán, Geoff le confiesa a Kate que no recuerda tan bien los verbos como los sustantivos. “Voy a necesitar un diccionario”, dice. No será la primera vez que sienta que no encuentra las palabras: Geoff es mayor que Kate, presenta señales de deterioro cognitivo, mientras recuerda fragmentos de recuerdos. Pero hay algo más, que es sobre lo que reflexiona esta pequeña y sencilla película: el peso de la sinceridad, el barrer debajo de la alfombra, y el poder que tiene el inicio en una relación en su evolución y, sobre todo, en el final. Lo ilustró con ingenio François Ozon en Vida en pareja, terminando el filme con el comienzo de la historia, el germen de un fracaso matrimonial, quizás ofreciendo su versión alternativa y carente de sutileza de Escenas de la vida conyugal, de Ingmar Bergman.
Es difícil saber lo que ocurre en el fondo del corazón de Geoff y lo que sucede en la cabeza de Kate. Aunque uno puede hacerse una idea. Hacerse preguntas a partir de las que ella se atreve a pronunciar. Aparecen esas preguntas del tipo “¿Qué hubiera pasado si?” y sus variantes. Qué hubiera pasado si Katya no se moría o cuál es la razón por la que la pareja decidió no tener hijos. Kate, que parecía muy segura de sí misma, es sacudida por los celos que le genera un fantasma, y por la incertidumbre que le produce pensar que, tal vez, este matrimonio es un plan B, un segundo premio frente a aquel pasado idealizado, en Suiza, cuando tenía toda la vida por delante.
45 años (45 Years). Reino Unido, 2015. Director: Andrew Haigh. Con Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells. Duración: 93 minutos.