N° 1973 - 14 al 20 de Junio de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace demasiado tiempo que caminamos por calles que no nos nombran, y nos parece normal. Del total de calles de Montevideo, solo 2,5% llevan nombres de mujer: 142 calles de las 5.678 que hay en la ciudad. Nos parece normal, aunque tengamos que googlear la mayoría de las 2.091 calles con nombres de varón porque no tenemos idea de quiénes fueron; pero ahí están, ocupando un espacio simbólico en la ciudad. Hay en Montevideo más calles con nombres de accidentes geográficos, como ríos, cerros y montañas, que calles con nombres de mujeres.
Es verdad, el espacio público no fue pensado para nosotras, y “mujer pública” sigue queriendo decir “prostituta” para la Real Academia Española, en lugar de “que tiene presencia e influjo en la vida social”, significado que reserva únicamente para “hombre público”. Pero aun así, y a pesar de las dificultades, muchas mujeres que sí lograron tener “influjo“ en la vida social y fueron parte importante de la historia siguen sin estar presentes en nuestro transitar cotidiano. Por supuesto, este no es un problema exclusivo de Montevideo, sino que se repite ciudad tras ciudad a escala global.
En un esfuerzo por recuperar la importancia de las mujeres en nuestro país, la cantidad de calles con nombres de mujer en Montevideo aumentó de 100 a 142, entre 2015 y 2017. Estos datos fueron recopilados en forma voluntaria gracias a una iniciativa ciudadana, coordinada por DATA Uruguay, con el objetivo de evidenciar la baja presencia de las mujeres en el nomenclátor de la ciudad. Los datos actualizados fueron presentados hace 15 días y están disponibles en la página del proyecto (atunombre.uy). Allí se puede ver la ubicación de estas calles en el mapa y una descripción sobre quiénes eran estas mujeres y por qué son reconocidas.
Por otro lado, la Intendencia de Montevideo también está trabajando para visibilizar la huella de las mujeres en nuestra historia. El departamento de Desarrollo Urbano abrió el mes pasado el llamado a propuestas para la plaza Las Pioneras, como reconocimiento al aporte de aquellas que lucharon por sus derechos civiles y políticos desde fines del siglo XIX. Con una postura clara desde el urbanismo feminista, el departamento está trabajando también en el proyecto Mujeres con Calle, una propuesta participativa en conjunto con las comunidades, para rescatar a las lideresas barriales. Aunque no se pretende cambiar calles que ya existen, la idea es que desde los municipios se propongan nombres para una gran cantidad de calles nuevas, que hasta el momento solo se designan con letras o denominaciones temporales.
Pero la falta de reconocimiento en el espacio público excede ampliamente el tema de los nombres de las calles: pasa también, por ejemplo, por las personas que están representadas en los monumentos y las que no; y pasa a la vez por las personas que son elegidas para crear esos monumentos. Pero pasa, además, por cómo nos sentimos en la vía pública, qué tan seguras son las ciudades para las mujeres, y qué tanto se toman en cuenta nuestras necesidades específicas desde la planificación, siendo que la violencia afecta de manera diferente a mujeres y hombres en el espacio público, particularmente en dimensiones relacionadas con el acoso y abuso sexual. Aspectos como la iluminación, el mobiliario urbano y hasta las redes de transporte han sido históricamente planificados sin tener en cuenta las diferentes necesidades de las personas, en particular sin tener en cuenta el género, la edad o las capacidades físicas. Esto genera experiencias cotidianas hostiles, donde las mujeres tienden a sentirse más vulnerables.
Y sin embargo, a pesar de todo esto, y también por todo esto, las mujeres salimos a la calle más que nunca. Salimos juntas, con el puño en alto y lágrimas en los ojos. Esta semana, las calles de Montevideo nos vieron llorar a la víctima número 25 de violencia machista en lo que va del año: una niña de dos años, asesinada y con signos de abuso sexual. Sin descanso, al día siguiente, nos escucharon gritar en apoyo a las mujeres argentinas, en su lucha histórica por la legalización del aborto. Por suerte tenemos bien claro que aunque no nos nombren, aunque nunca nos vayan a nombrar, las calles son cada vez más nuestras.