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    Salud ciudadana

    Sr. Director:

    “Redoble su celo para que los administradores guarden más escrupulosidad en el cumplimiento de sus deberes…” José Artigas al Cabildo de Montevideo, 11 de setiembre de 1815.

    Esta entrega es de la mayor y exclusiva preocupación ciudadana que a uno le asalta cuando se entera, por artículos de prensa (semanario “Brecha” del 9/9/2016 y “La Diaria” del 7, 9 y 16 de 2016) sobre los eventuales y/o reales riesgos que enfrentaríamos o que ya estaríamos enfrentando, la población, con relación al ambiente, la contaminación y consecuentemente la salud.

    Una primera situación tiene que ver con que la miel uruguaya está con problemas en los mercados de Estados Unidos y la Unión Europea, en razón de que está contaminada con glifosato, herbicida de amplio espectro, clasificado en 2015, como probablemente cancerígeno para los seres humanos (la probabilidad es una verosimilitud o fundada apariencia de verdad). Según datos de la senadora Carol Aviaga, las importaciones de glifosato aumentaron 300% entre 2008 y 2015, sin el correlato de la implementación de controles de presencia del herbicida en la ciudadanía.

    La Sociedad Apícola Uruguaya (SAU) solicitó la “erradicación del uso de glifosato y discrepó con el decreto Nº 371/013, sobre la trazabilidad de los productos agrícolas y la indicación de su inicio en las colmenas, indicando que el país tiene unos 2.000 apiarios, el área que pudiera recibir glifosato, por parte de algunos agricultores, es ínfima al lado de las toneladas y toneladas que se vuelcan solo en un millón y medio de hectáreas sembradas con soja”.

    Por su parte, la Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR), cuestionó la posición oficial en relación al uso del glifosato, expresó que “la principal causa de contaminación de las mieles es la aplicación irracional de agroquímicos”, y exhortó a las autoridades a tomar “medidas de fondo para revertir esta insostenible situación, que no solo afecta la productividad de los apicultores, sino que también está generando graves problemas de contaminación en nuestros recursos hídricos” (alerta para salvaguardar la salud de la población y los recursos naturales).

    Una segunda situación, es el reclamo, que aún persiste, de terminar con el uso de los transgénicos a 20 años de la aprobación del primer cultivo genéticamente modificado en nuestro país. Se señala, por intermedio de los artículos referidos, que es inminente la liberación para producción y uso comercial del maíz transgénico: Mon 89034xMon 88017, resistente al glifosato y al coleóptero Diabrotica speciosa (escarabajo a rayas verdes y amarillas), solicitado por Monsanto desde el año 2010. Los Ministerios de Salud Pública (MSP) y de Vivienda Ordenamiento, Territorial y Medio Ambiente (Mvotma), se oponen a la mencionada liberación del maíz transgénico.

    El MSP, se indica, realizó una revisión científica exhaustiva, evaluando artículos actualizados, con investigaciones y estudios independientes de toxicidad, inmunogenecidad y alergenicidad que alertan sobre riesgos en la salud y prueban que la toxina-proteína incorporada genéticamente al maíz afecta a la población expuesta: presencia de la toxina en la sangre humana, mujeres embarazadas y animales de experimentación. El Mvotma considera que la liberación de este organismo genéticamente modificado en el ambiente “ingresa un factor de riesgo innecesario” y, en ese sentido, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), en un informe de 2012, reafirma que el coleóptero no es plaga y recomienda “no tomar medidas de control”. El Mvotma, en cuanto al aspecto económico, afirma que no se justifica la liberación ya que “este evento es resistente a una especie que no causa un daño económico significativo en la producción de maíz”.

    También en 2012, la Universidad de la República (Udelar), argumentó “no alentar la aprobación de este tipo de eventos, siguiendo el principio de precaución, dado el poco beneficio percibido y mayor nivel de riesgo”. Principio consagrado en la Conferencia de la ONU sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo en su declaración de Río de Janeiro de 1992. Señalando además que, “el criterio que se ha hecho primar es el de la precaución: no aporta beneficios y, como todo vegetal que incorpora proteínas con acción insecticida tiene riesgos desconocidos”.

    Ahora bien, a nuestro entender, advertimos sin dificultad, una peligrosa carencia de certidumbres en el seno del Poder Ejecutivo frente a situaciones que refieren a la calidad de vida de la presente y futuras generaciones. Los reparos señalados por los organismos mencionados anteriormente, propinan un gran golpe a nuestro desamparado intelecto respecto al tema. El saberse ajeno al entendimiento de situaciones que pueden afectar directamente a una población, y más si es en relación a su salud, mete miedo. En este caso que nos ocupa, asusta no saber si nuestra alimentación en verdad, y valga la redundancia, nos alimenta realmente o en cambio erosiona, de alguna manera, nuestro organismo, lo que provoca inquietud y desasosiego en nuestro ánimo ciudadano.

    Es legítimo cuestionarnos entonces: por qué las autoridades gubernamentales correspondientes no transmiten una postura clara y unívoca dada la riesgosa importancia del tema, para dar cuenta a una ciudadanía, hasta hoy, vacía de certezas.

    La Constitución de la República establece el reconocimiento de los derechos inherentes a la persona humana (Art. 72), y el derecho de todos los ciudadanos a ser protegidos por el Estado en el goce de la vida (Art. 7).

    Para finalizar, una cita al origen de las palabras en la expresión “no es moco de pavo”: Su uso coloquial refiere a lo que tiene importancia. Proviene de los tiempos en los que se utilizaba el reloj de bolsillo con cadena. Los ladrones, cuando divisaban que alguna de estas asomaba de un bolsillo, aprovechaban la confusión del gentío para hurtar el reloj, pero dejaban la cadena por su escaso valor. En la jerga de la delincuencia de aquellos tiempos, las víctimas eran denominadas “pavos” y las cadenas “mocos”.

    Parafraseando a los delincuentes de la época debemos expresar contundentemente que la salud ciudadana, por cierto, no es moco de pavo.

    Carlos Nilson

    CI 1.157.940-4