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“Si bien los datos oficiales marcan que el desempleo actualmente es del 7%, lo que vemos y vivimos en nuestros pueblos, en nuestras ciudades del interior, dista mucho de esa cifra”, planteaba Un Solo Uruguay en su proclama del 23 de enero en Durazno reclamando bajar los costos productivos para el agro y otros sectores. Los integrantes de ese movimiento tienen la percepción de que en su entorno la desocupación es más alta porque se vienen perdiendo puestos de trabajo en el campo y en rubros conexos.
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Si bien las encuestas del Instituto Nacional de Estadística —INE— muestran para las localidades pequeñas y las zonas rurales niveles de desempleo menores al promedio nacional (4,7% en abril), un análisis gubernamental les da la razón a los “autoconvocados” en cuanto a que se han destruido empleos en el ámbito rural.
En seis años se perdieron 47.000 ocupados, la cuarta parte de los puestos de trabajo en el sector agropecuario. Analizando datos de la Encuesta Continua de Hogares del INE, la Unidad de Estadística del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) afirma que al mismo tiempo que ocurrió eso, la evolución del producto agregado bruto del sector primario se mantuvo; mejoras productivas, la incidencia de la inversión extranjera directa, cambios en los modelos de negocio y la introducción de la tecnología pueden formar parte de la explicación. La Secretaría de Estado analizó esas y otras estadísticas referidas al sector rural en la última edición de sus Estudios sobre Trabajo y Seguridad Social publicada recientemente.
En 2010 los trabajadores rurales eran 12% de la mano de obra ocupada del país, mientras que seis años después representaban 8%.
Mientras que entre 2011 y 2014 la desocupación en el agro estuvo en torno a 4%, en 2015 subió a 6%, repasa. También señala que la tasa de empleo disminuyó casi dos puntos porcentuales entre 2015 y 2016 (a 57,5%), y que la de actividad bajó 1,5 puntos (61,2%). De esa forma, los ocupados rurales pasaron de ser más de 180.000 en 2010 a unos 135.000 en 2016.
Varios indicadores vienen en descenso desde comienzos de la presente década. En 2010 los trabajadores rurales eran 12% de la mano de obra ocupada del país, mientras que seis años después representaban 8%. Según el análisis del MTSS, en ese período la cantidad de ocupados disminuyó en 28.000 personas y los puestos bajaron en casi 23.000.
La ganadería continuó siendo la actividad que más trabajo demanda (61% del total), seguida por la agricultura (27%) y en menor medida la forestación (9%).
Por otro lado, aunque la informalidad entre los ocupados rurales se redujo levemente hasta 2015, luego aumentó y alcanzó a 30% en 2016. Esa cifra supera el promedio nacional (25%).
Ocho horas
En 2008, el gobierno creó tres grupos de actividad rural dentro de los Consejos de Salarios y aprobó una ley para limitar las tareas en el sector a ocho horas diarias. Los datos analizados por el ministerio indican que esto produjo cambios en la carga laboral para los asalariados rurales, que pasaron de trabajar 47 horas a la semana en 2008 a 44 horas en 2016, en promedio. Además, aquellos que tenían semanas de 49 horas o más disminuyeron de 33% a 18% en esos mismos años (sin considerar horas extras).
Casi 30% de los trabajadores rurales eran peones y los patrones representaban el 11% en 2016. El MTSS advierte una alta incidencia del trabajo familiar no remunerado en predios pequeños. Y, aunque la actividad sigue siendo mayormente masculina (79% de hombres), el desempleo tiene una alta incidencia femenina: la tercera parte de quienes buscaban empleo en el sector eran mujeres. La agricultura —sobre todo la fruticultura y horticultura— era el rubro con mayor proporción de mujeres (con una tasa de participación de 25%).
En seis años se perdieron 47.000 ocupados, la cuarta parte de los puestos de trabajo en el sector agropecuario.
“Resulta llamativo que en una actividad con alto grado de masculinización, la tercera parte de las personas desempleadas sean mujeres. Este hecho expone las dificultades de las mujeres para ingresar a este mercado de trabajo en particular”, destaca el MTSS.
La mayoría de los asalariados del campo tienen un solo empleo, en puestos no calificados y en firmas de hasta nueve personas. Mantienen un “componente de zafralidad importante” (45%).
Los trabajadores rurales muestran un “envejecimiento relativo”, con una proporción de ocupados de más de 60 años de edad por encima del promedio del país (15% en comparación con 10%). Por el contrario, en los asalariados rurales de entre 30 y 39 años era menor (19% en relación con 24%).
El estudio abordó otras características que perfilan al trabajador rural. Se trata, en general, de ocupados con seis años o menos de educación. Casi 91% dijo tener teléfono celular y 33% utilizó una computadora en el último mes (en comparación con 62% de los ocupados a escala nacional). También tenían un menor uso de Internet.