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    Seregni y el batllismo

    Sr. Director:

    Es muy frecuente en los últimos tiempos escuchar a los políticos opositores referirse al Gral. Seregni con nostalgia y cierto grado de simpatía por el rol positivo que le tocó jugar en la apertura democrática, en comparación con los actuales dirigentes del FA en apariencia más duros y sectarios; así como también se hace referencia a su profesión de fe “batllista”, como él mismo lo afirmara en varias oportunidades. Si podemos estar de acuerdo con lo primero, no es lo mismo respecto a las presuntas ideas batllistas del Gral. Seregni, algo afirmado sin demasiado estudio y que repetido en tantas oportunidades adquirió el carácter de verdad incontrastable. No sabemos exactamente en qué momento de su vida ese pensamiento batllista heredado de su padre se fue desviando hacia la izquierda marxista, pero nos parece bastante claro que ese cambio ocurrió y lo mantuvo oculto, quizá por la relevancia del cargo que ejercía dentro del Ejército y el inmediato rechazo que hubiera suscitado dentro de la élite política de entonces.

    Nos lleva a hacer esta afirmación el tomar en cuenta algo que la gente parece haber olvidado, y es el primer programa del Frente Amplio de 1971. Perdido en las brumas de la memoria no solo por el tiempo transcurrido sino porque el golpe de Estado militar produjo un antes y un después tan marcado en nuestra historia social y política y en nuestras vidas personales que este primer programa parece aún más lejano y olvidable. Ese primer programa era muy sencillo en sus postulados fundamentales, se podía reducir a tres grandes propuestas para una sociedad conmocionada como la de entonces, por los disturbios de la propaganda guerrillera en toda América Latina y por los intentos vernáculos de asalto al poder por parte de los tupamaros. Eran tan solo tres enunciados que se repetían constantemente en cuanta hoja de propaganda o cartel callejero emitiera entonces el nuevo partido Democracia Cristiana-Frente Amplio y que fueron pormenorizadamente explicados por el propio Gral. Seregni en varios de sus discursos: a) “nacionalización de la banca”; b) “reforma agraria” y c) “nacionalización del comercio exterior”. Todo lo demás era un complemento de esos postulados. La propia formación del FA recibió un impulso fortísimo del Partido Comunista, como el mismo Rodney Arismendi se ocupó de reivindicar en su libro Uruguay y América Latina en los años 70 (Ediciones de Cultura Popular. México. 1979). Para ser más claros, Arismendi atribuye la autoría en la creación del FA a su fuerza política, según lo explica: “Mérito fundamental de nuestro Partido (Comunista) es el haber promovido por todos los caminos de la actividad social y política, a lo largo de estos último quince años y desde un muy reducido punto de partida, esta vasta alianza del pueblo que hoy es el rasgo más promisorio de la realidad nacional”. “Esta conglomeración de pueblo, poseedora de un programa antiimperialista y democrático radical… es el protagonista principal de la crisis económica insuperable de los partidos… (se refiere a los partidos tradicionales) el ariete socavador de la estructura económico social caduca” (libro citado, pág. 28 y 30).

    Pero lo más importante y que nos hace dudar del batllismo del Gral. Seregni, es que ese escueto programa fue una copia exacta del que Lenin estableció al día siguiente de su llegada a San Petersburgo el 4 de abril de 1917, en un momento confuso en que se estaban por realizar elecciones por parte del “gobierno provisional” (después de la caída del zar), y los bolcheviques pudieron pensar que podían llegar al poder por las urnas. Quizá Lenin estaba mal informado desde su residencia en Suiza, porque lo cierto es que los bolcheviques estuvieron muy lejos de ganar esas elecciones y ese programa ya no tuvo más objetivo; de ahí en adelante se trató de conquistar el poder por las armas. Pero Lenin no solo adhirió a esos tres principios sino que fue muy explicativo y didáctico respecto a su contenido y la necesidad de llevarlos a cabo en esas circunstancias. Se trataba de que, de ganar las elecciones, era la mejor manera de eliminar el capitalismo y luchar contra la “burguesía”, porque les quitaba los medios más importantes de su poder: la tierra, porque Rusia era entonces todavía un país agropecuario; el capital financiero, porque el dinero pasaba a manos el Estado, así como la dirección de los negocios para exportar la producción.

    El texto se puede leer en las Obras completas de Lenin que todos pudimos adquirir en la época, porque las vendía a muy bajo precio una editorial soviética y lo expresa así: “A) Confiscación de todas las tierras de los latifundistas. Nacionalización de “todas” las tierras del país de las que dispondrán los Soviets locales de diputados braceros y campesinos. B) Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único, sometido al control de los Soviets de diputados obreros. C) No “implantación” del socialismo como nuestra tarea “inmediata”, sino pasar únicamente a la instauración inmediata del “control” de la producción social y de la distribución de los productos por los Soviets de diputados obreros…”. (Obras escogidas, Volumen II, Editorial Progreso, Moscú, 1981).

    Lenin aclara bien la finalidad de los tres postulados de su programa: esto no es todavía el socialismo, es nada más que la eliminación del capitalismo y de los capitalistas, por medio de lo cual el poder pasaba a manos del gobierno bolchevique, para después llegar al socialismo.

    Considero que no se puede apoyar un programa de este tipo por parte de su principal dirigente, sin haber adherido a los principios del marxismo-leninismo. Este convencimiento me hace dudar del tan llevado y traído batllismo del Gral. Seregni, esto dicho sin desmedro de los rasgos personales de caballerosidad que normalmente se le atribuyen. No estamos muy lejos de que esos datos históricos, relevantes para aclarar la verdad de las intenciones de quienes nos han influido políticamente, salgan a la luz en todos sus detalles.

    CI 669.475-0