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    Si bien hay una “inflación controlada”, expertos reivindican que se la considere para ajustar la contabilidad empresarial

    Desde 1989 hasta 2004 la inflación no fue considerada en las normas adecuadas de contabilidad empresarial. El criterio cambió entre 2009 y 2012, y desde ese año nuevamente se eliminó el ajuste preceptivo de los números en función de la evolución de los precios en la economía. Para los contadores Guillermo Laborde y Mariella Azzinnari, aunque el impacto puede ser mayor o menor en las firmas dependiendo de su posición monetaria, en Uruguay la inflación debe ser considerada a los efectos de lograr una información financiera “fiable y comparable”. Además, según ellos, desde el punto de vista de la gestión, dicha variable podría impactar “significativamente” en el capital de trabajo, en resultados por exposición a la moneda, en el ahorro y financiamiento e, incluso, en la distribución de utilidades.

    Integrantes de la unidad académica de contabilidad superior de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, ambos abordaron esa temática en la investigación titulada Cinco años sin inflación. El trabajo tiene carácter personal, si bien fue realizado siguiendo las líneas de investigación de la casa de estudios.

    El fenómeno.

    Una inflación alta afecta el cálculo numérico de los empresarios para realizar sus inversiones. Lo mismo sucede con el ahorro, sostienen los contadores como contexto. Según su interpretación, Uruguay tiene hoy una “inflación controlada” —de 8,1% anual en promedio en los últimos 10 años al momento de hacer el estudio— y con cierta “estabilidad”, pero que “a priori no es nada despreciable”. En los 12 meses a mayo fue 7,21%, según el Instituto Nacional de Estadística.

    Si la inflación es un elemento “material” (es decir, si su inclusión o no puede cambiar la lectura de la información contable por parte de un tercero) y no es considerada en la elaboración de los estados, la información financiera de un año a otro no es comparable, además de que se genera una constante “desactualización” de los valores reales de los activos y pasivos, advierten.

    Azzinnari y Laborde repasan la normativa referida al ajuste por inflación de la información contable de las empresas, así como los sucesivos cambios ocurridos en los últimos años, en algún caso generando polémica pues sectores empresariales y de la oposición le atribuyeron propósitos fiscalistas (Búsqueda Nº 1.849). En la actualidad dicha variable debe ser considerada solo en aquellos casos en los que hay hiperinflación; según los autores, algunas situaciones que definen ese fenómeno en las normas internacionales se dan en Uruguay. Por eso entienden que la inflación debe ser considerada en la elaboración de información financiera de las firmas.

    Impacto de la inflación.

    Los contadores estimaron el impacto del ajuste o no por inflación en una empresa privada y en una entidad gubernamental para el quinquenio 2012-2016. Ambas están expuestas contablemente a la variación del poder adquisitivo del peso, aunque su situación es opuesta ya que una tiene más activos que pasivos en moneda nacional y viceversa. Esto implica que mientras una se ve afectada porque sus activos se desvalorizan, la otra se beneficia porque sus pasivos lo hacen.

    Aplicaron un ajuste por inflación simplificado sobre los estados financieros de acuerdo al método de la IX Conferencia Interamericana de Contabilidad (que, resumidamente, propone una nueva unidad de medida obtenida asociando el valor de la moneda a un índice general de precios y, además, incluye el resultado por desvalorización monetaria, tanto sea pérdida como ganancia, como resultado del ejercicio).

    En el caso de la entidad estatal, el ajuste por inflación de los bienes de uso e intangibles produjo un aumento de sus valores contables al haberse dado períodos de inflación creciente. Paralelamente, dicho ajuste genera que en lugar de registrar valores positivos de impuesto diferido (activos por impuesto diferido) y, por ende, ganancias, se tengan valores negativos (pasivos por impuesto diferido) que representan pérdidas futuras por el Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas.

    Por otro lado, el resultado del ejercicio para la entidad gubernamental —con una posición monetaria activa— es “sensiblemente menor” y, de hecho, los resultados acumulados son 25% más bajos para los cinco años analizados. Esto hace oportuno evaluar las distribuciones de utilidades realizadas en el período, apuntan los autores.

    En el caso de la empresa privada analizada, también ocurre una valorización contable de los bienes de uso e intangibles producto del ajuste por inflación. Pero, a diferencia de lo sucedido con la entidad pública, mientras los valores históricos van disminuyendo a través de la amortización, aquellos ajustados por inflación van creciendo a raíz de que la variación de los precios minoristas supera a la tasa de amortización.

    A su vez, mientras que en valores históricos el impuesto diferido crece sostenidamente, ajustadas por inflación las cifras se vuelven más estables, así como las pérdidas y ganancias que implican. El resultado del ejercicio se incrementa debido principalmente a que la posición monetaria pasiva de la firma privada genera desvalorización de los pasivos mantenidos en pesos.

    A modo de conclusión, Azzinnari y Laborde apuntan que la no reexpresión de los bienes de uso e intangibles implica la mantención estática de los valores de adquisición. Esto genera para muchas entidades, sobre todo aquellas poseedoras de bienes inmuebles, que, en el corto o mediano plazo, su valor contable no represente fielmente el costo de los mismos.

    Asimismo, observan que el resultado del ejercicio varía significativamente por la mantención de activos y/o pasivos monetarios en pesos que se desvalorizan. En el caso de que existan pérdidas por desvalorización (posiciones monetarias activas), las distribuciones de utilidades en función de resultados históricos pueden generar un “descalce” de la empresa, al repartir más resultados que los disponibles. De haber ganancias, puede ocurrir lo contrario, también con un efecto de “descalce”.

    Si bien aclaran que no proponen ninguna alternativa en particular, señalan que podría ser viable un ajuste inflacionario en los estados financieros utilizando métodos simplificados que no requieran de un esfuerzo notable para las firmas.

    Economía
    2018-06-14T00:00:00

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