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Los Buenos Modales apuntaron al crecimiento. Y le embocaron. Su breve historia va más o menos así: una dupla de beatmakers que decantó en un colectivo. Un colectivo que tomó a la escena del rap local por sorpresa y la inyectó de versos pegadizos, confianza y atrevimiento. El colectivo se hizo grupo y el grupo se hizo presente en escenarios y festivales montevideanos. Corte a: años de composición, reagrupación interna, una pandemia (sin fin) y una media docena de singles publicados, desperdigados a lo largo de dos años, hoy reunidos en Vice City, el segundo álbum de la banda.
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La vuelta de los Modales plantea, como lo hacía su antecesor, la fuerza de un ensamblaje, cual robot gigante en producción televisiva japonesa en la década de los 90. De nuevo los raperos Hache Souza y Diego Arquero figuran como los principales pregoneros del flow en estas historias urbanas y juveniles de excesos y carencias, de los amores y los consumos que faltan cuando se los necesita y sobran cuando uno menos se lo espera. Al coloso lo completan también las voces de los raperos Berna (con una bienvenida y mayor predominancia dentro de este álbum en comparación con el anterior) y Seba Jones con su dominio, como pocos, de escupir rimas in english.
La confianza detrás del conjunto de estas 13 canciones es notoria no solo por la capacidad narrativa con la que los diferentes maestros de ceremonia construyen la atmósfera de bailes irresistibles, masculinidad en competencia e introspección nocturna que surgen desde Vice City. La apuesta sonora, que inicialmente se desprendía de la dupla de productores y músicos Pan y Dubchizza y ahora fue sometida a una mayor composición grupal, también es de una seguridad latente a lo largo del disco. El álbum encontró un buen balance entre el lado más festivo y demandado de los Modales sin dejar de adentrarse en ritmos más lentos, más sumergidos en el trap y el trip-hop y más alejados del bombo y caja.
Los Modales no tuvieron tal vez la vuelta que esperaban al momento de presentar su nueva etapa ante el público que fueron sumando desde su elogiado debut en 2016. Por lo pronto, sí lograron un álbum potente, mordaz y personal. Suficiente motivo como para celebrar.