El politólogo Daniel Chasquetti, que durante años ha estudiado el funcionamiento de las coaliciones en América Latina, dijo a Búsqueda que, en caso de confirmarse la falta de una mayoría como la que tuvo el Frente Amplio desde el 2005, llevará a un “proceso legislativo trabado” con una “tasa de efectividad baja”, por lo que habría menos leyes aprobadas.
Desde los partidos opositores, si se guían por las encuestas, la chance de llegar al poder está más cerca. Aunque a diferencia del pasado, lo más probable es que el futuro gobierno encuentre un Parlamento más fragmentado, por lo que una coalición no será fácil de articular debido a la cantidad de actores.
Durante el tiempo que el Frente Amplio no tuvo la mayoría en las dos cámaras, se vieron esos efectos. La productividad legislativa descendió 33% en el período 2015-2017, y ello se debe en gran medida a la falta de la mayoría en Diputados por casi un año, según un estudio realizado por el Instituto de Ciencia Política para el Poder Legislativo.
En caso de que no haya mayoría parlamentaria, el funcionamiento del gobierno dependerá de la agenda del partido ganador y de las características de la coalición que se forme, dijo Chasquetti.
Tras el retorno de la democracia en 1985, se registraron tres experiencias de coalición, concepto definido por el politólogo noruego Kaare Strom como un conjunto de partidos políticos que acuerdan perseguir metas comunes, reúnen recursos para concretarlas y distribuyen los beneficios del cumplimiento de esas metas.
Y la suerte de esos tres casos fue dispar. En su segundo gobierno, Sanguinetti (1995-2000) logró mantener durante todo el período el acuerdo con el Partido Nacional. No le pasó lo mismo a Luis Alberto Lacalle (1990-1995), cuya coalición con el Partido Colorado duró dos años, y a Jorge Batlle (2000-2005), cuyo acuerdo con los blancos se cayó casi a los tres años.
Chasquetti analizó la situación en cada caso en una investigación sobre la supervivencia de las coaliciones presidenciales. Tanto en el caso de Lacalle como Batlle, los presidentes tuvieron gestiones de gobierno difíciles y sus respectivas imágenes se volvieron impopulares para la mayoría de los ciudadanos. En el caso del segundo gobierno de Sanguinetti, su gestión tuvo una mejor evaluación durante gran parte del mandato. “Esto indicaría que si la gestión presidencial es buena, los beneficios irán para el partido del presidente y no para sus socios de coalición. Si la gestión es mala, la estrategia dominante de los socios será la de retirarse del gobierno y procurar construir un perfil político diferente. Sea cual fuere la suerte del gobierno, entonces, la defección debería estar garantizada, en tanto los colaboradores tienen incentivos fuertes para irse y competir electoralmente”, escribió Chasquetti.
Es posible encontrar una serie de factores que explican la formación de la coaliciones. La primera es que los presidentes que carecen de apoyo legislativo buscarán tener más respaldo mediante acuerdos con otros partidos. Esto se hace bajo la idea de que el o los otros partidos sean parte del nuevo gobierno. También aparece como un factor para explicar las coaliciones la “polarización ideológica del sistema”.
“Cuando un presidente y su partido muestran preferencias políticas muy distantes de las de los restantes partidos representados en el legislativo, la posibilidad de coaliciones disminuye drásticamente”, escribió Chasquetti. Un ejemplo es lo que le pasó a Juan María Bordaberry cuando en 1972 intentó construir una coalición con el Partido Nacional. Ese fracaso estuvo “centrado en la distancia ideológica que existía entre el presidente y los principales líderes del Partido Nacional”, recordó el politólogo.
Consultado por Búsqueda, profundizó en esta idea. “Hay que mirar lo que llamamos la distancia ideológica entre los extremos de la coalición. Coaliciones como la de Sanguinetti y la de Batlle eran más angostas que la que se da en la interna del Frente Amplio, donde se tiene más dispersión. Esto último llevó a que el Frente Amplio modificara los proyectos que enviaba el presidente. Con Sanguinetti y Batlle las modificaciones no eran tantas”.
El politólogo se imagina que en caso de que el Frente Amplio gane el gobierno sin mayoría, se puede dar algo “parecido” a lo que sucedió en el primer gobierno de Sanguinetti (1985-1990), donde este iba negociando los votos para obtener el respaldo a sus proyectos. Esto genera una “baja productividad”, explicó.
La mayoría de las encuestas muestran hoy que el partido que gane el gobierno no tendrá mayoría parlamentaria. Esta situación es analizada de varias maneras por los referentes políticos.
En el Parlamento, los legisladores son conscientes de los cambios que se avecinan. En Diputados es donde los partidos vieron, debido a la pérdida por un año de la mayoría, la necesidad de negociar.
La senadora Constanza Moreira aprovechó una charla durante el día del Comité de Base, el 25 de agosto pasado, para plantear que la próxima elección será la “lucha más difícil” de los últimos 20 años.
Para Moreira, es momento, dada la actual coyuntura, de no quedarse quietos: “Yo le digo a mis compañeros y me paso peleando: ‘Nosotros tenemos que aprobar todo lo que podamos ahora, porque mayoría parlamentaria…’. Yo metería el pie en el acelerador ahora, y hasta hubiera hecho una reforma constitucional si hubiera podido”, dijo la senadora. Y concluyó: “No hay que esperar nada del futuro, ¿no? Lo que hay que hacer, hay que hacerlo ahora” (Búsqueda Nº 1.984).
Varios de los partidos que hoy están en la oposición también tomaron nota de los cambios de humor de la población. A fines de abril, un grupo de dirigentes colorados se reunió con el expresidente Sanguinetti para plantearle que volviera al ruedo político. Sanguinetti aceptó y de inmediato lanzó el sector Batllistas. Casi un mes después, el dos veces presidente realizó una movida que lo situó en el centro del tablero político: les pidió una reunión a los líderes blancos Lacalle Pou y Jorge Larrañaga. “Vengo a plantar una semilla de un eventual gobierno de coalición”, dijo Sanguinetti tras reunirse con los líderes nacionalistas. Lacalle y Larrañaga destacaron el gesto del exmandatario y acordaron que había que buscar “ejes comunes” sin perder “los perfiles”.
Sanguinetti plantea una coalición que debería incluir a los “movimientos opositores de raíz democrática”. Lacalle Pou concuerda y visualiza además un rol importante del Partido Independiente en ese acuerdo con los colorados. El dirigente blanco ve al Partido Independiente como un “catalizador” de un “cambio de época” y por eso es “fundamental” que integre un nuevo gobierno que, según anunció, tendrá un Poder Ejecutivo con un “fuerte peso político”.
Pablo Mieres, senador del Partido Independiente, encabeza La Alternativa, que integran el diputado Fernando Amado y el exconvencional Juan Pablo Franzini, ambos ex Partido Colorado, y el exfrenteamplista Esteban Valenti. Mieres definió a este grupo como una opción de centro izquierda y aseguró que, en la disyuntiva entre continuidad y cambio, van por lo segundo, por lo que quieren sacar al Frente Amplio del gobierno. “Los tiempos que vienen son tiempos en los que el que gane, sea quien sea, deberá buscar acuerdos, porque no podrá gobernar solo. Tenemos claro que habrá que dialogar y buscar entendimientos entre diferentes partidos para sacar adelante el país (…) No existe la oposición, existen diferentes alternativas de oposición, es un falso planteo la propuesta de la unidad opositora, como si todos fuéramos iguales. La ciudadanía deberá elegir con libertad entre las distintas propuestas, la continuidad o las diferentes alternativas de cambio y luego será el tiempo de acordar para hacer posible la gobernabilidad”, escribió Mieres a comienzos de diciembre cuando se presentó el acuerdo.
Pedir y dar.
En el Parlamento, los legisladores son conscientes de los cambios que se avecinan. En Diputados es donde los partidos vieron, debido a la pérdida por un año de la mayoría, la necesidad de negociar.
“Para nosotros fue un desafío que salvamos con nota”, afirmó Pozzi, el diputado que fue coordinador de bancada del oficialismo cuando no tuvieron mayoría parlamentaria. “La oposición podría habernos matado, pero nosotros logramos negociaciones con sectores de la oposición para aprobar, por ejemplo, la Rendición de Cuentas. Muchas cosas que estaban complicadas las sacamos”, afirmó el legislador.
En agosto de 2017, Amado, por entonces diputado colorado, fue clave al dar el voto 50 que permitió aprobar un polémico artículo de la Rendición de Cuentas que habilitó al Estado a dilatar el pago de los juicios que pierda.
Amado dijo que, al igual que el Partido Independiente, ha votado con el Frente Amplio algunos proyectos, pero aclaró que eso no quiere decir que esté de acuerdo con el programa y acción del oficialismo. Dijo que desde La Alternativa no piensan en un mundo “bipolar”, sino que se debe trabajar en acuerdos. “El quinquenio que viene va a ser distinto”, afirmó.
Pozzi, en tanto, dijo que si la población no les da nuevamente la mayoría parlamentaria, el Palacio Legislativo estará dominando por varias fracciones, lo que hará necesario conversar. “El Frente Amplio tiene que estar más preparado para eso. Tenemos que entender que vamos a pedir el voto a la oposición para sacar un proyecto, y que ellos también nos van a pedir. Hay compañeros que eso no lo tienen muy claro y muestran cierta reticencia. Hemos aprendido a pedir, pero también debemos aprender a dar”, dijo.
La mayoría de las encuestas muestran hoy que el partido que gane el gobierno no tendrá mayoría parlamentaria. Esta situación es analizada de varias maneras por los referentes políticos.
Un Parlamento sin mayoría hará el proceso “más lento”, dijo, porque todo acuerdo con algún sector de la oposición deberá pasar antes por la interna del Frente Amplio.
“Tenemos todo para ganar y poco para perder”, evaluó Pablo Abdala (Partido Nacional). Dijo que si no hay mayoría en el próximo período, el Parlamento “recuperará su condición de órgano político que estuvo ausente o disimulado durante estos años cuando el eje de la discusión se trasladó afuera del Palacio Legislativo”.
Abdala aseguró que hay que “construir coincidencias para ganar y luego gobernar. No hay que hacer lo tradicional de firmar un documento sin construir un diálogo de coincidencia entre los cuatros partidos: Partido Nacional, Partido Colorado, Partido Independiente y Partido de la Gente”.
El Partido de la Gente, liderado por Edgardo Novick, aparece como otro posible aliado en esta amplia coalición. Uno de sus diputados, Daniel Peña, dijo que el primer paso es que en los partidos tradicionales se produzca una “renovación”. Por eso, dijo que ve “con buenos ojos” la llegada de Ernesto Talvi en el Partido Colorado y Juan Sartori en el Partido Nacional. Dijo que se imaginan llegando a acuerdos con los demás partidos en temas concretos.
Agregó que la posibilidad de acuerdos se verá según quién sea el ganador en cada interna. Y añadió, a modo de ejemplo: “Una cosa es el Partido Colorado con Talvi y otra con Sanguinetti”.
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Información Nacional
2018-12-20T00:00:00
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