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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa sinceridad involuntaria ha sido objeto de atención desde tiempos muy remotos. Existen fábulas, siendo la más conocida la de Andersen, que habla del niño que revela la desnudez del rey.
Resulta que un tal Luigi Farabutto convenció al rey de que él podía fabricar una tela tan delicada que podría ser invisible para cualquier estúpido. Tentado el rey mandó confeccionar para sí un ropaje con tal tela. Cuando le dijeron que estaba pronto el traje mandó a dos consejeros a que fueran a verla y le dieran su opinión. Fueron y, naturalmente, nada vieron porque nada había, pero para no pasar por estúpidos le dijeron al rey que era un traje fantástico. Fue entonces el rey a cambiar sus viejas vestiduras por aquel prodigio, se desvistió, se puso el invisible y salió a la calle. Todos los súbditos aplaudían y ponderaban su ropaje para no pasar por estúpidos, hasta que un niño presente dijo: ¡el rey anda desnudo! La moraleja de esta viejísima fábula danesa refiere al papelón de quienes por no pasar por estúpidos no admiten lo que está a la vista.
El caso de Raúl Sendic se corresponde con la fábula de Andersen en el sentido que enseguida diré. Antes cabe una advertencia.
Raúl Sendic ha sido objeto, durante no menos de tres o cuatro años, de una andanada de críticas, en mi criterio todas fundadas, provenientes de fuego enemigo y de fuego amigo. Hubiera llegado el momento de dejarlo en paz —y así lo habría hecho yo— si el Sr. Sendic no hubiese insistido en seguir actuando en política, es decir, plantándose con temeraria obstinación en la línea de fuego, que eso es la política (entre otras cosas). No es, pues, por saña ni por hacer leña del árbol caído (que ya no da leña alguna) que tomo el asunto, sino en procura de esclarecer —para mí y para mis conciudadanos— ciertas revelaciones candorosas que hace el ex vicepresidente.
Dos elecciones para atrás, cuando en el seno del Frente Amplio se debatían nombres de candidatos para la Intendencia de Montevideo, Sendic se dirigió a los frenteamplistas y les dijo: no se preocupen porque en Montevideo ganamos de todos modos; aunque pongamos de candidato a un ropero o a una heladera ganamos igual. Sendic dijo en ese momento lo que todos veían (la victoria cómoda en Montevideo) y también lo que nadie quería ver ni menos aún mostrar: la forma en que se procesan las candidaturas en el Frente. Les dijo a los frentistas: no se preocupen, porque ustedes van a votar al candidato que les pongan delante, así sea un ropero o una heladera, y lo van a hacer disciplinadamente y calladitos la boca, como siempre. El nivel de participación, el espacio de discusión interna y el resto de los ropajes con los que se viste el Frente Amplio fueron puestos de manifiesto por Sendic: ¡el rey está desnudo!
El domingo pasado en el comité de base El Hervidero Sendic hizo un repaso de la gestión de los gobiernos del Frente y por el final agregó: cuando vamos a una elección se puede ganar o perder. No estoy pronosticando que vayamos a perder. En el caso de una derrota del Frente lo peor no será que un grupo de miles de militantes se quede sin trabajo, porque tienen que abandonar sus puestos: lo peor será para los uruguayos vulnerables… etc. El niño inocente dice lo que los adultos niegan: el Frente ha llenado la administración pública con miles de militantes. Si van a quedar sin trabajo es porque entraron a dedo. El Frente Amplio ha tenido todos estos años una política partidaria de colonización del Estado, metiendo a todos los militantes que pudo en lugares de mando dentro de la estructura del gobierno, en las empresas del Estado, en los servicios descentralizados y en todos lados; ha hecho una campaña de ocupación de los lugares de poder. Además, creó reparticiones y departamentos nuevos que duplican funciones para ser dirigidas por su personal de confianza política. Todo eso —de lo que nadie habla y muchos prefieren mantener fuera de la vista— lo expuso candorosamente Sendic. Él vuelve a decir lo que, a su lado, desconocen los adultos, los intelectuales de izquierda, los dirigentes que salen en la tele y hablan por el Frente Amplio ponderando ampulosamente la calidad de las ropas del rey.
En todos los partidos se puede hallar personajes que se entregan a la tentación de negar los defectos propios que están a la vista y prefieren el discurso de los eufemismos. Pero no deja de sorprender la exactitud que contienen las expresiones de sinceridad involuntaria de Sendic cuando dice, otra vez, que el rey está desnudo.
Juan Martín Posadas