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    Solo las mujeres lo saben

    “¿Y ahora adónde vamos?”

    El pueblito está en el Líbano, aislado del mundo y poblado por cristianos y musulmanes. En el cementerio, las tumbas de los maridos, padres, hermanos e hijos de ambos grupos testimonian que ha habido (o hay) una guerra con muchos muertos. Pero esa gente siempre ha vivido ahí durante generaciones. Las dos religiones, con la iglesia y la mezquita enfrentadas, se toleran y tratan de mantener la paz. Aunque solo las mujeres saben lo que la guerra significa porque son ellas las que pierden a sus hombres. Ellos, en cambio, están siempre en guardia y con las armas escondidas. Cualquier chispa puede hacer explotar el conflicto, pero ¿por qué? Son iguales, trabajan a la par, comparten el mismo boliche, se conocen de toda la vida. ¿De dónde surge el odio? Porque lo disimulan, pero está ahí. Se nota, se palpa, se teme.

    Claro, es difícil para públicos de este lado del mundo entender los motivos religiosos (¿son realmente religiosos?) que hacen que la gente se mate. Las sociedades laicas y con pluralidad de cultos no pueden comprender esas ancestrales rivalidades, pero tampoco la gente que las padece las entiende, o al menos las razona: siempre ha sido así y creen que siempre será así hasta que uno de los bandos sea aniquilado o sometido completamente. El horror de semejante estilo de vida no se presta para hacer una comedia, pero la directora libanesa Nadine Labaki (que es muy bonita y ya había hecho “Caramel”, que tenía, sin embargo, otra intención) se las arregla para componer una trama que va de la risa a la tragedia sin que ambas cosas se muestren como un quiebre de estilo ni descoloquen al espectador.

    Esa es una virtud importante, porque Labaki no se juega a la frivolidad sino que quiere dar un mensaje muy claro a través de una película que no tiene un protagonista predominante (a pesar de que ella misma atrae naturalmente las miradas) sino que está encarada con sentido colectivo. Es una película coral, donde las mujeres cristianas y musulmanas pueden convivir en paz, con todos los chusmeríos naturales de pueblo chico, pero tienen un arduo trabajo adicional: deben procurar que sus hombres no se maten entre ellos, aunque en esa misión terminen por adoptar conductas insólitas que llevan a que en la última escena se pronuncie la frase del título, una forma inteligente de comprometer al espectador y decirle que no vale mirar de afuera las tragedias ajenas. Hay que entenderlas para luego saber cómo evitarlas.

    La ironía mayor, buscada por la directora, es demostrar que si las mujeres gobernaran las naciones, probablemente no habría guerras ni masacres, teoría harto discutible pero que Nadine Labaki logra extraer como conclusión no dicha expresamente pero sugerida con bastante claridad. Y lo cierto es que después de ver la película uno puede hasta estar de acuerdo con ella. También podría decirse que si el cine incidiera en el destino de los pueblos, todos juntos dentro de una sala oscura no tendrían tiempo ni ganas de dirimir sus diferencias. A fin de cuentas, soñar no cuesta nada.

    “¿Y ahora adónde vamos?” (Et maintenenat, on va où?). Francia-Líbano-Egipto-Italia, 2011. Dirigida por Nadine Labaki. Escrita por Nadine Labaki, Rodney Al Haddid, Jihad Hojeily, Sam Mounier y Thomas Bidegain. Con Nadine Labaki, Leyla Hakim, Yvonne Maalouf, Kevin Abboud, Antoinette Noufaily, Julian Farhat. Duración: 110 minutos.