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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDe acuerdo al tenor de sus respuestas a las periodistas Ana Morales y Federica Chiarino, la principal preocupación del futuro ministro del ramo –ver entrevista editada en Búsqueda, edición del 26/12/19– es corregir el enfoque sesgado en favor del movimiento sindical que ha presidido la administración de las relaciones laborales durante el período vigente, lo que ha dado lugar a reclamos de las gremiales empresariales, y proceder a “colocar el péndulo en su punto intermedio. Eso implica ganarse la confianza de las partes, tanto del movimiento sindical como de las cámaras empresariales”.
Y bien, por más que no dispongo de elementos de juicio suficientes, las declaraciones de Mieres me generan dos tipos de preocupaciones, aunque reconozco que las puedan originarse por exceso de suspicacia por mi parte. Por un lado, temo que el nuevo titular de la cartera no otorgue suficiente atención a los intereses y condiciones de vida de otros sectores de la población, involucrados decisivamente en las gestiones, laudos e intervenciones de dicha cartera, más allá de las organizaciones sindicales y las cámaras empresariales. Me refiero, por lo pronto, a los desocupados y, en particular, a los jóvenes sin antecedentes laborales, así como a los consumidores, eventualmente perjudicados por acuerdos entre empleadores y empleados que, en ciertos mercados cautivos u oligopólicos, pueden trasladar hacia afuera las ineficiencias y rigideces de sus esquemas de organización y remuneración del capital humano. Y mis temores se acrecientan al recordar que solo una cuarta parte de los trabajadores están afiliados a las organizaciones sindicales que intervienen en las negociaciones laborales y que, en el caso de las empresas, son pocas las que disponen de la capacidad organizativa como para intervenir activamente en ese tipo de instancias.
Por otro lado, la imagen del péndulo despierta en mí el temor de que se prolongue una concepción de las relaciones laborales muy arraigada en nuestro medio –forma parte del relato batllista– que considero radicalmente despistada y, según la cual, el criterio de lo justo en este terreno se especifica a través de un supuesto equilibrio de la correlación de fuerzas, de modo que el aporte del ministerio del ramo consiste en actuar a modo de contrapeso para nivelar las capacidades de negociación de las partes involucradas. Mis temores se confirman al comprobar I) la respuesta de Mieres a los periodistas de Búsqueda, que lo interrogan acerca de su impronta en el Ministerio de Trabajo “y el equilibrio en la toma de decisiones entre las partes”; II) las continuas referencias a las relaciones de fuerza: “En los Consejos de Salarios se sientan a negociar los sindicatos más potentes con las empresas más potentes de cada rama. Y los débiles no están sentados en la negociación”. Estaría mucho más tranquilo si los responsables de la gestión ministerial aseguraran a la población que atenderán a los asuntos mismos, a quién tiene razón en cada caso o litigio, más allá de su condición de fortaleza o debilidad, porque nada impide que el débil se comporte como un chantajista y depredador, ni que el fuerte actúe honorablemente.
Desde ya me adelanto a pedir excusas si mis comentarios adolecen de una exagerada suspicacia, pero lo cierto es que ya me tiene cansado ese discurso acerca de las correlaciones de fuerza, y conozco muy bien la catadura de quienes en nuestro medio se han especializado en cultivarlo y en ocupar posiciones destacadas basados en su conjugación sistemática.
Charly