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    Técnicos recomiendan sistemas de información para levantar las barreras en los mercados de la carne

    Exportaciones cárnicas del Mercosur pasaron de U$S 700: a U$S 8.300: entre 1983 y 2013

    En momentos en que el gobierno uruguayo pretende mejorar el acceso de la carne vacuna en el mercado internacional, basándose en la diferenciación como un producto de calidad, procedente de animales que se alimentan a pasto, sin el uso de antibióticos y hormonas, una investigación realizada por técnicos de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Universidad ORT muestra que “no alcanza con declarar que (los países) no emplean hormonas en su producción, sino que deben cumplir una serie de procedimientos y protocolos ante las autoridades sanitarias de los importadores”.

    “Incorporar servicios de información, básicamente a través de las tecnologías de información, que permitan acreditar el cumplimiento de estándares y procesos productivos levantaría barreras de acceso a mercados”, indica.

    Los autores, la economista Natalia Ferreira y el catedrático en comercio internacional Juan Labraga, advierten que “no es lo mismo cumplir un estándar técnico que acreditar su cumplimiento”.

    El objetivo del trabajo, que se presentó el miércoles 27 en el marco de la IV Conferencia de la Red Latinoamericana y del Caribe para la investigación en Servicios, fue “cuantificar” el impacto de los requisitos técnicos y estándares sanitarios sobre las exportaciones de carne bovina de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay para el período 1983-2013.

    Complementariamente, los autores buscaron relevar el efecto que tienen en esos negocios tres tipos de medidas: las que afectan los mercados de origen, las que perjudican los destinos y las que impactan en los principales competidores de terceros mercados.

    El monto de las exportaciones de carne bovina del Mercosur pasó de U$S 700 millones a U$S 8.300 millones en el período estudiado, debido a diferentes factores vinculados a temas abordados en el informe.

    Los acuerdos comerciales entre el Mercosur y Chile y ese bloque con Venezuela favorecieron las exportaciones de carne bovina de la región; en tanto que los casos de enfermedades como la fiebre aftosa y la encefalopatía espongiforme bovina, denominada “vaca loca”, generaron impactos disímiles.

    En los años ochenta y noventa Argentina era el principal exportador de carne, seguido por Uruguay y Brasil, que se alternaban el segundo puesto. Y al inicio del presente siglo se consolidó Brasil como el mayor exportador de ese producto; mientras que de 2005 en adelante apareció Paraguay como un actor relevante y ese país llegó a exportar carne por el mismo monto que los argentinos.

    Asociación positiva y negativa

    A partir de varios modelos construidos por los autores, en función de las enfermedades, de las exigencias de calidad en los mercados, como una derivación de la controversia entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos (EEUU), y una combinación entre esos y otros factores.

    Los acuerdos que se muestran “estadísticamente significativos” y con una “asociación positiva” con las exportaciones de carne bovina son los establecidos entre el Mercosur y Chile, y entre ese mismo bloque comercial con Venezuela, según la investigación.

    Muestra que el acuerdo con Chile está asociado a un aumento de las exportaciones de ese producto que varía entre 123%, en caso del modelo que considera la existencia de brotes de fiebre aftosa, a 210% en el caso de un modelo que únicamente considera variables cualitativas (carne de calidad).

    En el caso del tratado con Venezuela registra “una asociación aún más alta” con un incremento de las exportaciones de carne vacuna de un mínimo de 251%, en el modelo completo, a un máximo de 273%, en el modelo con brotes de aftosa.

    Los impuestos a las exportaciones de ese producto aplicados por el gobierno de Argentina indican un “signo negativo esperado” y una asociación de -109%, de acuerdo con uno de los modelos construidos por los autores.

    Controversia

    Contrariamente a lo esperado, la controversia entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos (EEUU) tiene asociado “un alto y significativo coeficiente negativo”, según el informe en cuestión. Indica que ese impacto “podría deberse a las mayores exigencias para demostrar que el producto enviado desde países sudamericanos no proviene de animales alimentados con granos genéticametente modificados”, argumentan.

    Un tema no considerado en el trabajo, debido a que abarcó el período 1983 a 2013, es el de la cuota europea de carne de calidad, que a modo de compensación creó la UE en el marco de esa disputa comercial con EEUU. Ese cupo, denominado 481 por el número de la resolución europea que establece los requisitos para el acceso a dicho contigente, favoreció las exportaciones de carne bovina de Uruguay.

    Los primeros embarques de carne uruguaya dentro de esa cuota comenzaron en 2012 y en el primer año se exportaron 6.600 toneladas, y en el período 2013-2014 llegaron a 10.000 toneladas, según datos de Inac.

    A ese cupo, que comprende 48.200 toneladas, acceden EEUU, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Uruguay y Argentina.

    Los autores enfatizan que “una vez que se impone un estándar sanitario más exigente, su cumplimiento tiene un impacto directo incluso en países que no utilizan esa forma de producción”.

    Eso “se debió probablemente a que los países de la región deben acreditar y demostrar sus métodos de producción”, consideran.

    Señalan en el informe que “no alcanza con declarar que no emplean hormonas en su producción sino que deben cumplir una serie de procedimientos y protocolos ante las autoridades sanitarias de los países importadores”.

    Esto muestra la importancia de “agregar valor a los productos, mediante la incorporación de información con servicios que utilicen tecnologías” en esa área, según el trabajo.

    Los autores recomiendan “generar procedimientos y servicios de información regional y/o mundial que faciliten la certificación” de los productos cárnicos.

    Arriesgadas decisiones

    En cuanto a los problemas sanitarios, el trabajo considera que el impacto económico es “relevante”, ya que un aumento de 1.000 casos en los brotes de aftosa y de encefalopatía espongiforme bovina se asocia con una disminución de 47,6% de las exportaciones en el primer caso, y con un aumento de 13,3% en el segundo.

    Los autores estudiaron el impacto de la “vaca loca”, debido a que encontraron una asociación positiva entre las exportaciones de carne y la presencia de esa enfermedad en los mercados de destino.

    Eso demuestra la importancia para los países de la región de mantener y los rodeos vacunos libres de ese mal. También para este caso aplicaron el mismo razonamiento en cuanto a la trascendencia de la coordinacion en las políticas sanitarias entre los gobiernos.

    Los casos de “vaca loca” parecen tener un “efecto muy importante” sobre las exportaciones de carne de calidad (26%).

    Eso implica que “una vez demostrado que la carne es de calidad y que cumple con los estándares establecidos, el beneficio económico es viable” para los países de la región, explican.

    Los autores de la investigación señalan que en materia de políticas públicas en temas sanitarios la experiencia con la fiebre aftosa parece dejar “muchas lecciones”. Esa enfermedad fue endémica (propia o exclusiva) de la región en los ochenta y “se logró controlar en los noventa, pero por arriesgadas decisiones unilaterales, Argentina y Uruguay dejaron de vacunar a mediados de los noventa, llevaron a perder el estatus que tanto había costado adquirir”.

    Las cuestiones sanitarias “no respetan fronteras políticas y la falta de coordinación regional en la materia puede derivar en grandes costos económicos” para un país por la pérdida de su estatus sanitario, como ocurrió con la aftosa en Uruguay en 2001.

    En cuanto al tiempo requerido para que un país recupere su estatus sanitario y así pueda regresar a los mercados que se cerraron debido a alguna enfermedad que afectó su rodeo vacuno, los autores mencionan que mientras la OIE precisa seis meses en reconocer el nuevo estatus sanitario, la autoridad sanitaria de EEUU demora 14 meses en aceptarlo.

    “El acceso a los mercados se puede perder en días y se recupera muy gradualmente”, concluyen.