Desde aquella primera temporada, cargada de planteamientos radicales y estética acorde, Black Mirror, la serie creada por el humorista inglés Charlie Brooker, el niño malo de la televisión británica, ha navegado en aguas turbias y turbulentas.
Desde aquella primera temporada, cargada de planteamientos radicales y estética acorde, Black Mirror, la serie creada por el humorista inglés Charlie Brooker, el niño malo de la televisión británica, ha navegado en aguas turbias y turbulentas.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa cuarta temporada, con seis episodios de una hora de duración, está disponible en Netflix. Aunque es considerablemente más ligera que las anteriores, menos punzante y con un sabor adaptado a un abanico mayor de apetencias, la cuarta entrega de esta antología distópica es un tanto despareja. Aun así, una vez más se nota que Brooker tiró de cabeza.
Black Mirror es una antología sobre la condición humana: una colección de historias sobre la codicia, el deseo y el miedo, el amor, el odio y los celos. El asunto es que esas historias transcurren mayormente en un futuro cercano, palpable, real, muy parecido a este tiempo interconectado e hipertecnológico donde el presente se devora al futuro, avanzando veloz, más rápido que la ciencia ficción. La serie contempla cómo esta realidad afecta a la política, la economía, el entretenimiento, las relaciones humanas. Y no hace ninguna denuncia. Lo que hace es reflejar un estado de perplejidad, malestar e intranquilidad ante determinadas situaciones.
Como siempre, todo parte de la pregunta “¿Qué pasaría si...?” llevada al extremo. Qué pasaría si la realidad virtual y la clonación concretan la fantasía de vivir en una serie de televisión (U.S.S. Callister, uno de los mejores capítulos). Qué pasaría si los padres helicóptero, esos que sobrevuelan constantemente sobre sus hijos, disponen de una app que los habilite a seguir cada uno de sus pasos y, además, evitar que atraviesen situaciones difíciles (Arkangel, dirigido por Jodie Foster). Qué pasaría si la policía y las agencias de seguro pudieran ver los recuerdos de las personas (Crocodile, el episodio policial de la temporada, es una de las más sólidas muestras de la interdependencia entre las personas). El capítulo titulado Hang The DJ, dirigido por Tim Van Patten (director y guionista de Game of Thrones, Boardwalk Empire, The Soprano y The Wire), es una comedia romántica —con su correspondiente toque de oscuridad, a tono con la antología— donde alguna gente entrega su destino sentimental a una especie de Tinder avanzado; se ha comparado a Hang the DJ con San Junípero, quizás el capítulo más hermoso y ambicioso, más luminoso y esperanzador de la antología. Metalhead, bajo la dirección de David Slade (Hard Candy), es un cuento de horror apocalíptico y en blanco y negro que parte de la pregunta ¿qué pasaría si los robots...? Y, como es habitual en Black Mirror, la respuesta es bastante más sorprendente que lo que se puede uno imaginar.