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Terminada la cena, Fortunato seguía comentando en familia lo que todas las familias comentan en estos días, así como los grupos de amigos, los compañeros en la oficina, los funcionarios en la empresa, los albañiles en la obra y los turistas en la playa: las desconcertantes medidas del presidente Trump tras su asunción al mando de los Estados Unidos.
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Fortunato pasó lista a los actos siguientes al inconcebible discurso del mandatario en el acto de toma de posesión, su ulterior sorprendente visita a la CIA, las declaraciones contra las marchas de protesta, hasta el decreto de prohibición de importación de los limones argentinos. La tele traería las últimas sorpresas del día, y con ese fin, aunque ya muy cansado luego de una agotadora jornada de trabajo, Fortunato se sumergió en su sillón frente a la pantalla, en la que empezaba el informativo de cierre.
El presidente Trump adoptó una larga lista de medidas que no hacen sino confirmar sus anuncios preelectorales —arrancó el informativista—, anulando el “Obama care”, nombre con el que se conocía el sistema de seguro de salud promovido por su predecesor, enviando a prisión a su director general, acusado de malversación de fondos y de apropiación indebida, y cerrando las oficinas hasta nuevo aviso. Quedan así sin trabajo más de 2.000 funcionarios, pero Trump, fiel a sus promesas, los trasladará a las fábricas cerradas de automóviles en Detroit, donde comenzarán una nueva vida, armando vehículos norteamericanos y no perdiendo el tiempo como burócratas, según dijo textualmente el presidente Trump, en declaraciones a la prensa autorizada a entrar en la Casa Blanca, que no incluye a la CNN ni al “The New York Times”.
Fortunato parpadeaba, pero no quería perderse el resto del informativo, aunque a esta altura ya no sabía si lo que oía era cierto, o se trataba de una pesadilla, aunque con Trump, ambas cosas pueden coincidir.
Prosiguió el informativo, en el que se anunció que el presidente Trump había dictado un decreto ejecutivo prohibiendo la importación de automóviles fabricados en México, hasta tanto se aprobara la ley que impondrá un arancel del 35% a la importación de vehículos. También procedió a decretar la incautación de ocho camiones transportadores de automóviles —dijo el informativista—, a los que mandó desguazar y transformar en chapas, haciendo enviar las mismas a la frontera con México, como materia prima para la continuación de la erección del muro fronterizo. Trasladó a 25.000 soldados norteamericanos de las bases de la OTAN en Turquía, dejando sin control zonas de alta sensibilidad, las que fueron de inmediato ocupadas por tropas rusas, con el aval del presidente Trump, tras una conversación telefónica con su amigo Vladimir Putin, presidente de Rusia.
¡Pero este tipo está loco! —pensó para sus adentros Fortunato, que a esta altura ya no sabía si dormitaba o dormía.
Tal vez el gesto más inesperado de esta jornada, en lo que refiere a las actividades del presidente norteamericano —siguió el periodista de la tele—, fue una visita al Ku Klux Klan en Alabama, a la que asistió especialmente invitado por este grupo de triste memoria. Trump se declaró encantado del intercambio de ideas y opiniones con estos ciudadanos, de los que se despidió, al igual que en ocasión de su visita de anteayer a la CIA, con un eufórico “I love you!” con el puño derecho en alto. Antes de retirarse, les solicitó a sus ocasionales anfitriones que designaran un representante, con el fin de integrarlo al Comité contra el Racismo y la Discriminación, ya que, según dijo, “estamos por el pluralismo inclusivo, y todos tienen derecho a participar de esta administración, que es la del pueblo norteamericano”.
En otra ya no tan desconcertante medida, Trump prohibió la importación de vinos franceses, y mandó en el mismo decreto a confiscar todos los vinos de esta nacionalidad que se encontraran en las bodegas de hoteles, restaurantes y demás refugios gastronómicos. La medida incluyó asimismo la decisión de abrir todas las botellas confiscadas, vertiendo su contenido en las cloacas del ayuntamiento más próximo a su lugar de incautación. Entre las botellas incautadas había decenas de miles del borgoña Romanée-Conti, que se venden a 12.000 euros en los restaurantes franceses, y no se sabe a cuánto en los norteamericanos. Trascendió asimismo —agregó el informativista—, que la mayor colección de grandes vinos franceses estaba en la cava del Waldorf Astoria en Nueva York, y que, tras la incautación de su tesoro, el sommelier francés Jerome Dugrandvin se ahorcó en la bodega del hotel al no haber podido soportar la tragedia. De ahora en adelante, culmina el decreto presidencial, los únicos vinos que se pueden beber en los Estados Unidos son los de California.
¿Hasta dónde llegará este animal? —soñaba Fortunato a esa altura, cuando el informativista dijo que Trump había mandado hacer maniobras navales a la Sexta Flota de la Armada de los Estados Unidos en el mar de China, frente a las islas artificiales que los chinitos fabricaron con su tecnología. Otro polvorín en potencia.
Fue entonces que el informativo tomó un sesgo más tranquilizador, cuando el periodista dijo que, a pesar de la prohibición de la importación de limones argentinos, las medidas proteccionistas de Trump no afectarían las exportaciones de productos uruguayos.
Gracias a las gestiones del único uruguayo presente en la toma de posesión de Trump, el candidato del Partido de la Gente don Edgardo Novick, el presidente norteamericano decidió mantener el flujo exportador de frutos uruguayos a los Estados Unidos. Novick fue llevado por don Rudolph Giuliani a ver a Trump, y le pidió que no afectara los productos uruguayos. Así se lo confirmó Trump, quien le dijo que lo único que haría sería algunos retoques cuantitativos. Trascendió que en el decreto sobre el tema, Trump decidió que a partir del 1º de febrero, se autoriza la importación de arándanos uruguayos a razón de un arándano por mes, y las naranjas a razón de dos unidades por mes, mientras que las mandarinas serán seis por año. Trump le dijo a Novick que si quiere duplicar estos volúmenes, que convenza a su amigo Tabaré Vázquez para que se traiga otros cinco boys de Guantánamo, y al día siguiente modifica el decreto.
—¡Vieja, vienen otros cinco de Guantánamo por unas naranjas, como lo hizo el Pepe! —gritó Fortunato.
—Vení a dormir en la cama —le dijo su mujer—. El informativo terminó hace una hora.