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Ya en el tramo final de un verano casi sin argentinos que movieran el consumo, el sector turístico uruguayo empieza, con preocupación, a planificar los meses de baja actividad para los destinos de sol y playa. De todos modos, la perspectiva de una apertura de las fronteras para los vacunados o que desarrollaron inmunidad por haber tenido Covid-19 da algo de esperanzas a los empresarios del rubro.
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Los datos semanales que recopila la Cámara Uruguaya de Turismo (CUT) exponen un complejo cierre de temporada alta. Entre el pasado domingo 7 y el lunes 15, los hoteles de Canelones tuvieron —en promedio— una ocupación de 40% de su capacidad, en Colonia fue 45% y en Montevideo 25%, si bien los números son algo mejores los fines de semana. En Punta del Este, los establecimientos facturaron en la primera quincena de febrero la cuarta parte que un año atrás.
Aunque quedan algunas semanas de calor, los empresarios empiezan a pasar raya a los números del verano. “Todos los actores —gobierno nacional, intendencias, gremiales, trabajadores, empresarios— hicimos los mejores esfuerzos para tener la mejor temporada, para que hubiera oferta. Hubo una movilidad interesante con el turismo interno”, si bien la situación es “compleja” para “muchos” operadores que “dependen de los extranjeros”, evaluó, en diálogo con Búsqueda, la presidenta de la CUT, Marina Cantera.
Se expresó optimista acerca del impulso que daría el permitir la entrada a visitantes inmunizados con la vacuna o que ya tuvieron Covid-19, sin que deban cumplir cuarentena. Pero reconoció: “En este momento no podemos pensar en que las fronteras se abran totalmente de un día para otro. Hay que ser cautos con las medidas”.
Para los meses “todavía complicados” que habrá por delante a raíz de la pandemia se piensa en “generar un proceso de a poco, para que aquellas empresas que están paradas” o afectadas por la baja actividad vayan mejorando su situación, señaló. La idea es “ir reconstituyendo, reactivando de a poco” al sector turístico, resumió.
Cantera dijo que algunas medidas de apoyo, como el “seguro de paro” especial, “ayudan a atemperar” los problemas. De todos modos, planteó que se precisan otras, como la extensión de algunos estímulos incluidos en el llamado “Plan Verano” para apuntalar al turismo rural, termal o en destinos que cuentan con una oferta atractiva para fines de semana o en el otoño.
Paralelamente, las autoridades de la CUT están en conversaciones con el Poder Ejecutivo discutiendo posibles medidas tributarias; su interlocutor directo es el ministro de Turismo, Germán Cardoso, pero esperan por una reunión con la titular de Economía, Azucena Arbeleche.
La gremial pretende que se exonere al sector de ciertos impuestos por un tiempo porque, más allá de las prórrogas, algunas empresas “no los pueden pagar”. Casi el 80% son micro y pequeñas firmas, recordó la presidenta de la CUT.
También piden que se permita deducir consumos turísticos del pago del Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas, como se habilitó por ejemplo en Argentina mediante declaraciones juradas, y la presentación vía web de boletas de gasto.
Dependencia
Para economías como la uruguaya, con “dependencia” del turismo, el golpe por la pandemia de coronavirus fue duro según un estudio lanzado el viernes 19 por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Los países que dependen de los ingresos por turismo son aquellos en los que ese sector aporta más de 10% de su Producto Bruto Interno (PBI) y generan una cantidad relevante de empleos, conforme con el criterio del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por su sigla en inglés). Esa organización, junto con Oxford Economics, ponen a Uruguay en esa categoría: en 2019 dichas actividades produjeron US$ 9.011 millones (16,4% del PBI) y dieron trabajo a 262.500 personas, 16,3% del total de empleos. Como dato complementario, la ficha del país añade que el 67% del valor agregado generado por el sector está asociado al gasto doméstico (turismo y viajes de residentes).
Pandemia y después
El documento del FMI señala que la pandemia de Covid-19 tuvo “repercusiones devastadoras en la movilidad y los viajes” y que los requisitos de cuarentena prolongada (generalmente de dos semanas) y la posibilidad de que surjan costos de salud inesperados desalientan al turismo.
Aunque la mortalidad a causa de este nuevo coronavirus es menor que anteriores epidemias, la de Covid-19 “está teniendo consecuencias sanitarias, sociales y económicas sin precedentes, dada su alta tasa de contagio”, explica. Por ello “es razonable suponer que volver al nivel prepandemia llevará varios años”, y será un proceso con “incertidumbre y retrocesos”. Identifica tres fases en esta crisis: una primera de “mitigación” de la enfermedad y sus consecuencias económicas; una segunda de “reapertura”; y la final de “recuperación”, para la cual los gobiernos “necesitarán elaborar soluciones políticas sostenibles (…) frente a las cicatrices permanentes esperadas en la industria del turismo”. En Uruguay, el sector se benefició de un régimen de IVA cero para la hotelería, la devolución de nueve puntos de ese tributo en la gastronomía, la exoneración del impuesto a la renta para los arrendamientos inmobiliarios, así como una línea especial dentro del sistema estatal de garantías de crédito.
El estudio del FMI —titulado Turismo en la pospandemia: Desafíos y oportunidades para Asia-Pacífico y el hemisferio occidental— puntualiza que el panorama de los países con alta dependencia del turismo varía según el modelo de servicios que prestan y la capacidad sanitaria que ofrecen. Por ejemplo, entre 2010 y 2015, de una muestra de 15 economías de ingresos bajos y medios de Asia-Pacífico y el hemisferio occidental, tres tendieron a mejorar la calidad de su atención médica, aunque les fue difícil migrar hacia un modelo de turismo más completo.
A modo de recomendaciones, los autores señalan que es complejo determinar de antemano si los países con alta dependencia del turismo deberían fomentar específicamente las exportaciones no turísticas en lugar de las de este sector; se inclinan por sugerir estimular el aumento de sus niveles de exportación en general, así como su calidad y complejidad. Pero el punto de partida difiere; basados en un índice de calidad de exportación —calculado como el valor unitario de las mercancías exportadas ajustado por las diferencias en los costos de producción y por el sesgo de selección derivado de la distancia relativa—, concluyen que países del Cono Sur como Chile y Uruguay “pueden necesitar depender más de las exportaciones de servicios, que se ven menos penalizados por la distancia”. Añaden que, para América Latina y el Caribe, ese índice sugiere que solo Argentina, Chile y Uruguay son “relativamente remotos”, aunque presentan menos dependencia relativa del turismo que otros. Países del Caribe, así como México, que son los más dependientes del turismo en la región, tienen un índice por encima de la media mundial, dada su corta distancia geográfica con Estados Unidos y, por lo tanto, el margen para integrarse en las cadenas de valor es mayor.
Más allá de su ubicación geográfica —sostienen los investigadores del FMI—, todas las economías dependientes del turismo podrían mejorar su canasta exportadora general si, por ejemplo, adoptan medidas orientadas al fortalecimiento de la educación; la eliminación del “sesgo político que favorece indebidamente al turismo en relación con otros sectores”; la reducción de los impuestos aduaneros aranceles (que en promedio son “relativamente altos, de aproximadamente 10%); y reducir las “rigideces del mercado laboral, que son particularmente altas en América Latina y el Caribe, no solo para fortalecer la competitividad, sino también para permitir la reasignación del sector necesaria”.