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    Tierras ganaderas sustentan el desarrollo forestal en Uruguay, que crece a un ritmo de entre 15.000 y 20.000 ha por año

    En tiempos de turbulencias financieras para las principales potencias económicas mundiales, desde la forestación se entiende que las tierras ganaderas son el sustento para un sector que pese a los largos ciclos productivos que lo caracterizan se ha convertido en un agente dinamizador y de cambio para Uruguay.

    Es en respuesta a estas nuevas realidades que desde el gobierno se considera que cada vez va a tener un mayor auge el desarrollo de la actividad forestal en predios de origen ganadero.

    El director de la Dirección General Forestal (DGF) del Ministerio de Ganaderia, Agricultura y Pesca (MGAP), Pedro Soust, dijo a Campo que en los próximos años “el mundo nos va a exigir cada vez mayor competitividad y eficiencia en la producción, por lo que podemos decir que los sistemas agroforestales pastoriles van a tener mucho auge”.

    En este sentido, aseguró que hoy existe un cúmulo muy importante de productores ganaderos que están haciendo forestación a través de un sistema de convenios con las empresas particulares.

    Para los distintos escalafones de gobierno especializados en estos temas, en los próximos años seguirá consolidándose esta tendencia, donde el productor ganadero (y en algunas ocasiones agrícola) optará por destinar para forestación sus tierras más marginales que eran prácticamente utilizadas solo para el traslado de ganado.

    De este modo tendrá una ganancia extra y complementaria por lo que cada animal engorde como consecuencia del abrigo y la sombra que le proporcionan los árboles (se estima en 500 gr/día), pero además porque va a contar con una especie de aguinaldo cada 10 años a partir de la producción extra que le propiciará la forestación, según Soust. Se mostró afín con este tipo de asociaciones, en tanto que destacó que en momentos de crisis es necesario extraer el mayor provecho económico de cada predio.

    En la misma línea conceptual, el presidente de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), Carlos Faroppa, confirmó que buena parte de la superficie forestada en el país “surge de contratos alcanzados por asociaciones con productores agrícolas y ganaderos, ya sea por arriendo o por aparcería”.

    Según el dirigente, las mayores sinergias del sector se dan con la ganadería y no tan así con la agricultura debido a una serie de limitantes.

    Entre ellas se destaca que generalmente los agricultores no son afines a introducir la forestación en sus chacras por restricciones de precios, dado que aun en tiempos como el presente, con precios deprimidos para los granos, son más atractivos los valores que provienen de la actividad agrícola que los que propone el comercio de la madera.

    Otra limitante tiene que ver estrictamente con los parámetros técnicos, ya que agronómicamente los entendidos sugieren optar por esquemas de rotación de cultivos o complementarse con la actividad ganadera.

    Sobre este punto, el productor dijo que “no se dan prácticamente transferencias de tierras desde la agricultura a la forestación, ya que no es mucha el área en que compiten. Lo que es agrícola es agrícola, ya que hay restricciones de precios y de opciones, porque quien tiene una tierra destinada a esta actividad la seguirá manteniendo en un sistema de explotación agrícola-ganadero”.

    De todos modos, puntualizó que existen tierras que en algunos casos son destinadas a la forestación tras caracterizarse por una baja fertilidad y no ser tan aptas para la agricultura o la ganadería.

    Reforzando este concepto comentó que es posible “que quien cuente con algún porcentaje de área sin explotar la pueda destinar a la explotación forestal, ya que existe una reglamentación que permite forestar hasta el 8% de un predio. Es así que las tierras más marginales de un campo agrícola o ganadero pueden llegar a destinarse a la actividad forestal”.

    En la misma línea que el director forestal del MGAP, Faroppa subrayó que las asociaciones ganadero-forestales o agrícola-forestales conllevan a una diversificación de los ingresos del predio. En estos casos el productor ya no va a depender exclusivamente de su ganadería o agricultura porque además contará con un ingreso maderero, que le será provisto por la vía de rentas de pago anual o porque foresta y vende su producción en algún acuerdo particular.

    Crecimiento permanente

    Tanto el sector público como el privado concuerdan en que en los últimos años la tendencia forestal de Uruguay marca un moderado crecimiento.

    “Está previsto que se va a ir oscilando entre años mejores y peores, ya que es una actividad de muy largo plazo y no se trata de una cosecha de una zafra, que es lo que le da cierta permanencia. Vamos a tener que acostumbrarnos a ver en las estadísticas de Uruguay que el sector forestal esté siempre entre los primeros tres o cuatro rubros de exportación, después de los granos y junto con los lácteos y la carne”, según lo expresó el presidente de la SPF.

    El crecimiento del sector de la madera se sustenta en un incremento en el país de la superficie forestada, en mayores niveles de producción y de calidad, en el desarrollo de nuevos conocimientos a partir de los procesos de investigación nacional, en la aplicación de tecnologías de última generación y en la promoción de sistemas productivos sustentables que respondan a las buenas prácticas forestales.

    En la actualidad, Uruguay cuenta con el entorno de 1 millón de hectáreas de árboles plantados, y cada año se suman en el orden de entre 15.000 y 20.000 hectáreas de plantaciones nuevas, las que a su vez generan mayores volúmenes de producción.

    Según Faroppa, la dinámica que ha alcanzado en el presente la forestación responde a que con el paso de los años el sector ha sumado experiencia, por lo que hoy cuenta con especies de árboles de mayor calidad y que al ser más adecuadas para las condiciones geográficas y climáticas de nuestro país, dan lugar a una sustancial mejora productiva con especies que crecen más rápido y producen mayor volumen y calidad.

    Sobre este asunto destacó que si bien “Uruguay tenía mucha investigación previa a la Ley Forestal, hoy por hoy existe mucha investigación realizada sobre las propias plantaciones que hace posible conocer mejor los orígenes de las especies que se comportan mejor a nuestras condiciones de suelo y clima”.

    Otro de los elementos que sustentan el impulso que viene teniendo este rubro es el crecimiento que ha tenido la producción de los artículos no tradicionales de la madera, como lo son los madereros no celulósicos y derivados, como pueden ser el cartón y el papel, entre otros bienes exportables.

    Generación de energía

    También debe destacarse el papel que viene cumpliendo desde hace unos años el uso de la madera para la producción energética.

    Sobre este punto, el presidente de la SPF destacó que “Uruguay desde los años 80 y a partir de la crisis del petróleo empezó a generar una estructura como lo fue la leña industrial para producir combustible dentro de las industrias, mientras hoy a través de la biomasa también es capaz de generar energía eléctrica”.

    Se trata de una innovación muy beneficiosa para todo el sector y el país, en tanto que con la actual capacidad instalada con que cuenta Uruguay para generar en el entorno de los 400 MW (Megavatios) se está liberando un volumen importante de energía, mediante la cual las plantas industriales que procesan madera se autoabastecen sin la necesidad de consumir de la red de la Administración Nacional de Usinas y Transmisiones Eléctricas (UTE).