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Murió Gabo Ferro. El tipo que cantó esas Canciones que un hombre no debería cantar. El que contó la cruda historia del Niño costurera, niña carpintero, el que avisó que Cuando el amor no entra / no empujes que no va a entrar. El que maldijo Ahí va tucuerpo al fuego, el que pintó El cuadro de tu daño, el que saboreó el fruto del Árbol de naranjas, el que hizo canción una separación de bienes (La casa: nuestros discos), y el que advirtió que El amor no sehace.
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Murió el jueves 8 ese hombre en crisis que cuando se sintió harto de cantar en una banda de metal y hardcore, se fue del teatro, en el medio de un concierto, dejando atónitos al público y a sus compañeros, para terminar su carrera de historiador y escribir un par de libros sobre Rosas, la civilización, la barbarie y tanta sangre derramada en la construcción de estas (aún) adolescentes naciones.
Murió en Buenos Aires el artista serial que publicó una quincena de discos en los últimos 15 años (una decena en solitario y varios a dúo); una obra hecha de canciones sencillas, con su guitarra acústica y su poderosa voz de contratenor lírico como pilares, un piano ocasional como soporte y unos pocos ornamentos instrumentales.
Murió a los 54 años el cantante de los mil recursos expresivos, que hipnotizó teatros enteros con su repertorio de pianísimos, fortes y fortísimos.
Murió a causa de un cáncer fulminante ese hombrecito que pese a parecer incombustible, se prendía fuego en cada concierto, entregándose a cada canción como si fuera la última, dejándose atravesar por esas confesiones en verso: El amigo de mi padre era su mejor secreto / mi padre era mejor padrecuando a su amigo veía.
Aunque parezca increíble que alguien que generaba esa energía pueda morirse, murió Gabriel Fernando Ferro, el cantor solitario (en el escenario) durante la mayor parte de su carrera, que cantó en Montevideo casi todos los últimos años, y que al final de cada concierto, solo de toda soledad, dejaba el micrófono, se sentaba al borde del escenario, y cantaba, a capela:
Dios / Me ha pedido un techo / Cansado de todo ese cielo / De no tener nada encima del lomo / De no tener nada / de tenerlo todo / Dios / Me ha pedido un beso.