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El precandidato a la Presidencia del Partido Independiente (PI) Pablo Mieres es el único de los que compiten por el despacho principal de la Torre Ejecutiva que estaba en el estrado durante el acto del 27 de noviembre de 1983 en el Obelisco. Todos los demás asistieron desde el público, salvo el colorado Pedro Bordaberry que lo vivió en Durazno y el nacionalista Jorge Larrañaga que participó leyendo la misma proclama en Paysandú, según el relevamiento realizado esta semana por Búsqueda.
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“Durante el acto del Obelisco participé como un ciudadano más parado y recostado a los portones del Hospital Italiano. Fue una jornada memorable de la que aún me parece oír la voz grave y profunda de Alberto Candeau en aquella proclama”, dijo a Búsqueda el ex presidente y precandidato del Frente Amplio, Tabaré Vázquez. Muy cerca de allí, “con amigos debajo de los árboles” estaba la ahora candidata desafiante en la internas del oficialismo, Constanza Moreira.
A Larrañaga, que tenía 27 años, le tocó un rol protagónico aquel día, pero en su ciudad natal, Paysandú. Ante unas 15.000 personas que se congregaron en la Plaza Artigas, fue el encargado de leer la misma proclama que Candeau en Montevideo. “Me temblaban las rodillas leyendo frente a esa multitud impresionante”, recuerda hoy emocionado. “Me habían nombrado para ser el orador por ser el más joven de los que andaba en esa suerte de clandestinidad sanducera. Incluso a la proclama me la dieron clandestinamente y bajo todo tipo de ‘amenazas’ de que no la podía dar a conocer antes del acto”. Inmediatamente después que Candeau terminó su oratoria en Montevideo, Larrañaga la replicó en Paysandú. “Fue una de las emociones más grandes en mi vida política. Intuíamos que la puerta de la libertad estaba cerca”. Aún hoy guarda, en un papel amarillento, el contenido de la proclama que leyó aquella tarde.
El diputado blanco Luis Lacalle Pou tenía solo siete años. Sin embargo, guarda algunas imágenes nítidas de aquel día. Estuvo presente porque lo llevó su padre, el ex presidente Luis Alberto Lacalle. “Recuerdo ir de la mano de mis padres y con mis hermanos. Después mi viejo subió al estrado y nosotros quedamos por ahí. Me acuerdo de la multitud impresionante, del sonido que venía como de varios lados, de escuchar la voz de Candeau”.
El senador nacionalista Sergio Abreu estuvo como un “militante más” en el acto del Obelisco. Fue junto a su actual esposa y algunos amigos. Se trató de un “acto de fe”, define hoy. “Fue una de las últimas veces que Uruguay encontró una multitud con unanimidad de criterios, todos en pos de reencontrar la libertad y la democracia”.
Jorge Saravia también asistió y recuerda que “militó como loco” para ese acto. “No me olvido más, fue imponente”, dice. El precandidato blanco, que por esa época estudiaba en Montevideo, votó por primera vez en su vida en el plebiscito de 1980 y cree que el “obeliscazo” significó la “continuación” de “aquella movida para que volviera la democracia”.
Alfredo Oliú dice que estuvo “literalmente” en primera fila, en un espacio entre el público y el estrado donde se ubicaba la prensa. Su padre, el dirigente nacionalista Fernando Oliú, estaba arriba del escenario, y él tomaba fotos para un semanario blanco. “Se vivió con mucha emoción, fue muy intenso. Todos los que fuimos salimos con la convicción de que la democracia era un hecho, que ya no había marcha atrás”.
Álvaro Germano tenía 21 años y fue junto a su madre. Se ubicaron en la vereda del Hospital Italiano, a pocos metros de donde estaba el oncólogo Vázquez. “Fuimos con mucho miedo, no sabíamos bien qué nos podía pasar, si íbamos a terminar todos presos. Pero fuimos”, recuerda.
“De los mayores orgullos”.
“Yo estaba en el estrado como integrante de la Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano (PDC), probablemente haya sido uno de los más jóvenes que estuvo en el estrado ese día. Es uno de los mayores orgullos que tengo en mi vida. Era el secretario general de la Juventud Demócrata Cristiana y en ese carácter integrante de la dirección del PDC. Tenía 24 años y es un recuerdo imborrable, de emoción muy profunda. La delegación del PDC nos juntamos en la casa de Américo Plá Rodríguez, que vivía a la vuelta del Obelisco en la calle Isabelino Bosch y desde allí caminamos hasta el estrado en el Obelisco en medio de la multitud que aplaudía a Juan Pablo Terra y a todo el grupo. Nuestra generación, la Generación 83, fue la generación del retorno a la democracia, y ese logro es una marca imborrable para todos los de aquella época”, recuerda Mieres.
Fue, además, el hecho sobresaliente que coronó un año de crecientes movilizaciones y acumulación de fuerzas en la calle, mediante movilizaciones que iban aumentando de tamaño y de apoyo popular.
Fue también el momento culminante de unidad de todo el sistema político. Por eso la consigna fue: “Por un Uruguay democrático, sin exclusiones”. Porque las elecciones internas de 1982 y los intentos de la dictadura eran dirigidos a buscar una salida política restringida, sin lugar para la izquierda. El acto del Obelisco fue la respuesta de todos los partidos unidos, señalando que no habría apertura si no había libertad política en su total sentido.
Por su parte, el único de los precandidatos que no estaba ese día en torno al Obelisco, Pedro Bordaberry, respondió: “Estaba en Durazno, recuerdo haberlo visto en el noticiero y me llamó la atención la cantidad de gente y la voz de Candeau al leer la proclama, además de su contenido. Fue un hito muy importante en el proceso de retorno al Estado de derecho, quizás de los más importantes luego del plebiscito del 80”.
José Amorín Batlle, candidato de “Batllistas de ley” declaró: “Fui caminando desde mi casa de soltero en Bulevar Artigas y Ana Monterroso de Lavalleja, pasé a buscar a mis padres y hermanos, entramos por el costado del Obelisco, por Lord Ponsomby y nos quedamos escuchando el discurso al costado de la fuente. Me encontré con mucha gente conocida en un ambiente de mucha esperanza. En ese acto había mucha esperanza”.