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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Se trata de pasar (…) a una democracia viva que garantice la libertad y la justicia“. Rebellato, 1997.
Aún lloviendo sobre mojado, es conveniente y pertinente recordar el desamparo en el cual nos encontramos los usuarios del “ómnibus” aquí en Montevideo. A idéntica prorrata, las empresas que brindan el servicio de transporte colectivo, comparten el déficit progresivo de atención para con los sufridos capitalinos.
Atender en forma aceptable y racional el servicio —que por otra parte no es nada barato (uno de los más caros de la región)—, sugiere actos materiales que evidencien y aseguren un uso adecuado y placentero del medio de transporte. Destacan por su incidencia: paradas, frecuencias, capacidad de pasajeros de pie, iluminación y aseo de las unidades, cobertura del servicio en horas pico; a saber:
— Las paradas, cada vez más lejanas, debieran reubicarse de manera tal que predomine la cercanía entre ellas, la actual disposición, recientemente modificada, no contempló el inconveniente que le presenta, sin duda, esa separación injustificadamente excesiva, al ciudadano “de a pie” (la agilidad en el tránsito pasa por iniciativas de reordenamiento, ausentes hasta ahora);
— Las frecuencias, debieran regularizarse para que aseguren, en la totalidad de las líneas, un tiempo de espera razonablemente reducido;
— Capacidad de pasajeros de pie, la utopía de que no viajen pasajeros parados (es un riesgo latente), debiera hacer reflexionar para que se respetara el límite que luce en las propias unidades. En ocasiones se “carga” de más y todavía se “apura” al pasajero/a para que no demore en subir, y una vez arriba del coche se lo conmina —convertido en “sardina”— a “correrse”, sin contar con espacio libre para ello.
En un intento por construir ciudadanía, es deseable manifestar: la función principal es habilitar, entonces, la práctica política y que los sujetos pasen a ser parte activa de la comunidad, a los efectos de terminar con el desamparo al que la someten, con su negligencia, tanto las autoridades de la Intendencia de Montevideo, como las de las empresas del transporte colectivo de pasajeros. Verdaderos responsables de la situación, pues ellos sí, tienen real poder de decisión para intentar cambiarla.
En ocasiones, se hace necesario impulsar iniciativas y asumir emprendimientos, que no siempre serán “canjeables” por votos o por más salario; el respeto y la consideración hacia “el otro” (usuario/a, ciudadano/a) se paga simplemente con el reconocimiento: “no solo de pan vive el hombre…”.
Carlos Nilson
CI 1.157.940-4