• Cotizaciones
    miércoles 05 de junio de 2024

    Tras filmar su primera serie para Star+, Gustavo Hernández estrena la película “Lobo feroz”

    Fue tres películas atrás en su carrera que el cineasta uruguayo Gustavo Hernández sintió, finalmente, que estaba de cara ante las verdaderas vicisitudes del oficio de dirigir cine.

    Más de una década después de su explosivo debut con la película de terror La casa muda (2010) y cinco años después de ese primer y exigente trabajo para un estudio de peso con No dormirás (2018), Hernández mantiene, bajo su productora Mother Superior, un ritmo productivo atípico para la cinematografía nacional.

    Las notificaciones incesantes en su teléfono durante la entrevista con Búsquedaen su estudio en Ciudad Vieja son prueba de ello. En plena posproducción de una serie dramática filmada a fines de 2022 para Star+, basada en la obra de Gabriel Rolón, Hernández tiene varios detalles que ultimar. Se suma, además, el estreno desde hoy de su nueva película, Lobo feroz, filmada en España.

    El thriller, una nueva versión de una película iraní de culto que Quentin Tarantino supo impulsar, aleja a Hernández del género del terror en el que se ha consolidado y lo muestra animándose a combinar violencia y humor negro. La historia, sobre un policía sin escrúpulos (Javier Gutiérrez) y una mujer (Adriana Ugarte) que buscan vengarse por mano propia de un asesino de niñas, no es apta para estómagos sensibles. Con el estreno local, Hernández cierra un período atareado de su carrera mientras se prepara para la siguiente etapa, una que, adelanta, puede involucrar nuevos géneros, un nuevo largometraje filmado en Uruguay y la posibilidad de explorar secuelas para sus películas.

    —En febrero la Sala Zitarrosa hizo una retrospectiva de tus películas. ¿Qué sentís al encontrarte en un punto de tu carrera donde ya hay bastante para mirar atrás?

    —El sábado pasado en la Mediateca Ronald Melzer también se hizo una charla donde repasamos la filmografía y me pasó lo mismo que con la Sala Zitarrosa. A mí me parece que fue ayer lo de La casa muda (2010) pero, en un pestañear de ojos, hicimos cinco películas, cada una con su personalidad y una producción distintiva, dos series y un montón de aciertos y errores. Fuimos aprendiendo cómo era el mercado, cómo se trabajaba, cómo era la industria y acomodando proyectos según el perfil. Es un orgullo que también, dentro de tu país, se logren estos pequeños reconocimientos. Tenemos nuestro sello y hay gente a la que le interesa esa mirada.

    —¿Te atrae la idea de ser prolífico o la de construir un camino de constancia?

    —El camino a la constancia es muy difícil en este oficio. Cada vez que te enfrentás a un nuevo proyecto es como empezar de cero. Cuando pensaba que estaba llegando a la montaña, estaba abajo, tenía que empezar a sacar el pico y volver a escalar. Como meta intenté tener una continuidad profesional que tenga una lógica.

    —¿Te pesó, de alguna manera, ese éxito inicial de La casa muda?

    —Empezamos con La casa muda con un equipo de 10 personas que eran amigos egresados de la Escuela de Cine del Uruguay y teníamos un espíritu totalmente inocente, un impulso de hacer algo que nos gustaba. No había nadie que nos marcara un camino. Pasó lo que pasó con la película: fuimos a Cannes, se vendió a todo el mundo, tuvo una remake americana y nos mandamos a hacer un segundo proyecto. Teniendo opciones de hacer algo más grande, hicimos Dios local (2014), una película que ahora, mirando hacia atrás, la veo como extraña. Se filmó en dos semanas, con la misma técnica casi de cámara de fotos, dividida entre tres miradas. Dios local fue una película muy de festivales pero así fue que conocimos a productores.

    —De festivales de género, te referís.

    —Claro. La casa muda fue a festivales “clase A” pero esta fue a festivales más específicos dentro del género, que era un circuito que no conocíamos. Ahí encontramos a productores que estaban alineados con nuestro cine. Pasamos de un esquema independiente y chico a No dormirás (2018), una película de estudio, financiada por Fox. De nuestro rinconcito uruguayo, donde teníamos todo muy medido pero al mismo tiempo éramos muy libres de mover la cámara, pasamos a un esquema totalmente distinto. Fue un shock. Es la película que a mí me enseñó más.

    —¿La transición de Dios local a No dormirás fue la que te cimentó como profesional, entonces?

    —Fue clave porque todo lo que pensábamos en cómo se hacía en una película en realidad era diferente. Un esquema más rígido, más grande, donde teníamos un plan de rodaje más estricto. Todos los días veía cómo terminar un plan de rodaje en forma, en fecha, en horario y sin pasarme de horas extra, cosas que antes no contemplábamos. Ahí fue que aprendí a entender el oficio del director.

    —¿Cómo lidiabas con los desafíos de una mayor escala de producción?

    —Me acuerdo de que en la primera semana nos empezamos a atrasar y al otro día tenía a los productores diciéndome: “Hiciste La casa muda en 4 días, Dios local en dos semanas y acá tenemos 6 semanas con todo un equipo de 100 personas y estamos atrasados. ¿Qué está pasando?”. Yo era muy sincero y dije que estaba aprendiendo a poder llevar a un equipo grande y tomar las mejores decisiones en todos los departamentos. Ese rodaje fue un bautismo de fuego. Cuando terminé esa película sabía que quería volver a hacer algo un poco más libre y no algo tan estructurado, que me costaba mucho.

    —La siguiente película, Virus: 32 (2022), ¿te hizo sentir con mayor control?

    —En Virus: 32 siento que agarré de los dos mundos. Tiene mucho de La casa muda, no solo por los planos de secuencia, sino que el equipo era más chico, y también es una película financiada por Disney. Quería que se respirara el espíritu de nuestras primeras películas pero al mismo tiempo ya teníamos aprendido ciertos esquemas de producción que nos exigía un estudio. Es una película que en lo personal adoro.

    —¿Cuándo comienza el proceso de Lobo feroz, tu último estreno?

    —En el proceso de hacer Virus: 32 ya teníamos aprobado Lobo feroz. Primero hubo una negociación del contrato de los derechos y luego el guion se hizo muy rápido porque sabíamos qué cosas queríamos. Una gran parte de la financiación fue a través de Netflix de España. Es una coproducción entre Uruguay, Argentina y España. Netflix de España impuso un uso de un elenco español y la historia se trasladó hacia allí. Fue algo nuevo porque venía de un terror más puro y era algo que venía pidiendo hace un tiempo, que era tratar de hacer un thriller. Es uno de los géneros que más me gusta, y me era muy difícil salirme de los esquemas del terror porque todos los productores me conocen por ello. Cuando me embarco en una producción de terror realmente es más fácil conseguir financiación que si me embarco en otro género.

    —¿Creés que eso se debe a una costumbre de la industria y los medios de encasillar a un autor o limitar su rango creativo?

    —Claro, exactamente. La forma que encontré para poder hacer un thriller policial es comprando los derechos de una película extranjera (Big Bad Wolves, 2013) y adaptarla libremente. Es una película que dista bastante de la original. Siempre tuve mi mirada sobre la película original y sabía que hay cosas que no quería repetir. Siento que es parte del oficio de un director explorar ciertos géneros si tiene la posibilidad de hacerlo.

    —Solés mencionar a directores como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese y Brian De Palma como tus predilectos. ¿Cuál es tu vínculo con el cine del Nuevo Hollywood y por qué volviste a él para inspirarte para Lobo feroz?

    —Siento que ese cine es el que realmente me marcó. Uno de mis hermanos siempre fue muy fanático del cine y tenía toda una colección de Cinemateca. Yo era muy chico y ya veía con él películas suecas, japonesas, noruegas. Una de las cosas que me llamó la atención eran las del cine de los 70 americanos. Eran esas que de repente más recordaba o impactaban. Toro salvaje debe ser la que más vi en mi vida. Y no me aburro. Son clases de cine, de lenguaje. Cuando abordo un proyecto, en este caso un thriller donde hay cierta violencia explícita, quiero ver y entender cómo les funcionó también a ellos.

    —Algo que noté en común entre Virus: 32 y Lobo feroz es que en ambas películas hay un sentido claro de la geografía en la que se mueven los personajes. También se nota una atención especial a la puesta de escena con la unión entre la composición del plano y los movimientos de cámara y actores.

    —La posición de los actores ante la cámara es fundamental, así como la puesta de escena, que es lo que al final va a marcar el lenguaje de la película y cómo se va a mover la cámara ante los movimientos de los personajes. En Lobo feroz mandamos a construir el sótano que funciona como locación principal y fuimos muy precisos. Necesitábamos tener espacio para poder mover la cámara, y para eso las paredes y los techos tenían que montarse y desmontarse según la coreografía que buscábamos. También hay que entender que es una película que de alguna manera estaba financiada por una plataforma y eso viene con ciertos requisitos visuales y también actorales.

    —¿Sentís que has aprendido a negociar mejor en las pujas creativas?

    —En las películas siempre tuve libertad y las sugerencias no se suelen imponer, sino que las tomás o no. No siento que sea malo recibirlas cuando uno trabaja para una plataforma o estudio, donde es más común. Igual soy de los convencidos de que logro mejores cosas a través de las limitaciones.

    —Filmaste La voz ausente para Star+, ¿qué podés adelantar de ese proyecto?

    —La serie se basa en un libro del psicólogo Gabriel Rolón. Era un lindo desafío entrar en el mundo de las series, que tiene un lenguaje muy distinto en sus tiempos e inmediatez. Hay un cronograma muy meticuloso. Vas aprendiendo que el oficio no es simplemente filmar de la mejor forma, sino que es tratar de poder hacer todo eso que necesitás para contar una historia en un tiempo y presupuesto determinado. Estuve seis meses en Argentina entre la preproducción y el rodaje y ahora estamos en la etapa de posproducción. Es una serie que se está proyectando para el año que viene.

    —Como director de cine, ¿qué sigue para vos?

    —Tenemos algunos planes de poder filmar otra película a fin de año o al principio del año. Tengo ganas otra vez de querer filmar con un equipo un poco más reducido acá en Uruguay. Siento que cuando estoy filmando en el exterior son muchos meses fuera de casa, de mi familia, de mis hijos. Llega un momento que se vuelve un poco duro.

    —En el cine uruguayo no es muy común que existan secuelas. ¿Vos te has planteado volver al mundo narrativo de algunas de tus películas?

    —Al mundo de Virus:32 tal vez sí. Nos dio muchísimas satisfacciones. Tuvimos varias ofertas para hacer una nueva versión de la película, que tampoco las descarto. Creo que había también en su final una idea de un mundo que se abrió y que permite preguntarse qué pasó tan solo a unas tres cuadras del Club Neptuno, en el entorno de una familia, por ejemplo. Hay para jugar bastante con la idea.

    Vida Cultural
    2023-05-03T23:05:00

    FUENTE: nota.texto7