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    Tres momentos y una catástrofe

    Mike Nichols (1931-2014)
    Colaborador en la sección de Cultura

    Tres situaciones posibles. Una pelea, una seducción, una negociación. El director Mike Nichols, fallecido el miércoles 19 de noviembre a los 83 años, solía decir que su carrera (fecundas cinco décadas transcurridas en el teatro, el cine y la televisión) se armaba sobre escenas que recreaban esos tres momentos.

    Michael Igor Peschkowsky nació el 6 de noviembre de 1931 en Berlín. Ocho años después, escapando del nazismo, la familia se trasladó a Nueva York. Al llegar sabía solo dos frases en inglés: “Por favor, no me besen” y “No hablo inglés”. Apenas instalados, los Peschkowsky cambiaron el apellido al más estadounidense Nichols.

    Con la intención de ser médico como su padre, se matriculó en la Universidad de Chicago. Tuvo más afinidad con los alumnos de Letras, entre los que se encontraba Susan Rosenblatt, luego conocida como Susan Sontag. A mediados de 1950, fascinado con lo artístico, cambió las clases de medicina por las de teatro. Abandonó Chicago para ingresar al Actor’s Studio de Nueva York. Allí pulió sus dotes de comediante, que explotó junto a Elaine May. El dúo recorrió exitosamente Broadway durante varias temporadas con un espectáculo considerado el precursor del programa Whose Line Is It Anyway?, donde la improvisación y la interacción con el público desataban un humor de doble sentido y acrobacias verbales. En 1960 se editó An Evening with Mike Nichols and Elaine May, con extractos de una de sus mejores presentaciones. Fue un bombazo. Y ganó un Grammy.

    May decidió retirarse por un tiempo y Nichols pasó a la dirección. Lo hizo con Descalzos por el parque, de Neil Simon, con Robert Redford y Elizabeth Ash­ley. La obra fue decisiva para impulsar la carrera de Redford. Y fue el gran debut de Nichols, que ganó el Tony por su labor. En 1965 dirigió La extraña pareja. Y ganó otro Tony. Tres años después se encargó de la puesta en escena de Plaza Suite. Y, sí, ganó otra vez. Y llegarían más, en paralelo a una carrera cinematográfica que arrancó por lo alto.

    Así: Richard Burton y Elizabeth Taylor propusieron su nombre a Ernest Lehman, guionista y productor, cuando buscaba un director para ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1966). La pareja lo conocía personalmente, pero por encima de todo confiaba en su talento. “Me resulta tremendamente antipático: es más inteligente que yo”, aseguró Burton a Lehman. La apuesta no pudo salir mejor: además de ser un éxito de público y crítica, la cinta fue nominada al Oscar en todas las categorías posibles. Ganó cinco.

    De inmediato rodó su gran obra, destinada al catálogo de clásicos: El graduado (1967). Y otro récord: es uno de los realizadores distinguidos con el Globo de Oro, el premio del Sindicato de Directores de Estados Unidos, el Bafta (British Academy of Film and Television Arts) y el Oscar por una misma película. Y los tres elementos combustibles otra vez dispuestos para hacer andar la historia. Dustin Hoffman, un pibe, en uno de sus papeles de su vida, el de Benjamin, seducido por Anne Bancroft, la eterna Mrs. Robinson, esposa del socio de su padre. Ben, indeciso, recibiendo consejos que no pide, preocupado por el agobiante futuro y dándose la cabeza contra la pared, se enamora de Elaine (Katharine Ross), la hija de la señora Robinson.

    Trampa 22, una sátira antibelicista que juega con el tiempo de un modo caótico y delirante, cargada de humor negro, personajes patéticos y paranoicos, abrió la década de 1970. Contó con un elenco vistoso (Alan Arkin, Martin Balsam, Jon Voight, Anthony Perkins, Martin Sheen, Art Garfunkel y Orson Welles), un resultado desparejo y una tibia repercusión. Conocimiento carnal (1971), el retrato de las fantasías, prejuicios y temores de dos amigos (Garfunkel y Jack Nicholson) ante la sexualidad y amor a lo largo de tres décadas: el retorno de Nichols a los asuntos privados, con personajes cuyos problemas son incómodamente reconocibles; la exuberante Ann-Margret estuvo nominada al Oscar.

    Algunos medios se apresuraron en llamarlo el nuevo Welles. Podía dominar cualquier género: pasar del thriller (El día del delfín, 1973) a la comedia (Dos pillos y la heredera, 1975) sin despeinarse. Guiones inteligentes, técnica depurada y actuaciones jugosas. Como las de Meryl Streep, Kurt Russell y Cher en Sil­kwood (1983), basada en hechos reales ocurridos en una planta nuclear en Oklahoma. Como las de Melanie Griffith y Sigourney Weaver en Secretaria ejecutiva (1988), una de las comedias de esa década.

    Abordó los efectos colaterales de la fama en Recuerdos de Hollywood (1990), rodó Una segunda oportunidad (1991), sobre un abogado egoísta amnésico que a medida que recupera la memoria se da cuenta de que ya no quiere ser quien era. Años difíciles a continuación: Lobo (1994), incursión en el terror, con Nicholson en plan licántropo como alegoría de un hombre en crisis, La jaula de los pájaros (1996), insípida remake de la comedia franco-italiana La jaula de las locas (1978) y Colores primarios (1998), penosamente oportunista (en la era Clinton, John Travolta es el simpático senador Jack Stanton y, en plena campaña, estalla un escándalo sexual).

    Manteniéndose dentro y fuera de Hollywood, nunca dejó de ser un hombre de teatro. En 2012 ganó su último Tony por el reestreno de Muerte de un viajante, con Philip Seymour Hoffman, a quien dirigió en su último trabajo como realizador, Juego de poder (2007), un pálido regreso a la sátira política en la que también figuran Tom Hanks y Julia Roberts. Anteriormente, Roberts fue una de las protagonistas Closer (2004), un relato de vidas cruzadas por el miedo y el deseo. Del teatro provino la que él consideraba una de sus mejores obras: Angels in America (2003), miniserie para HBO sobre la expansión del sida y las transformaciones sociales y políticas en EEUU en los 80. Con un reparto colosal, tuvo 21 nominaciones al Emmy, de las cuales ganó 11. Estaba casado con la hermosa y talentosa Diana Sawyer, y antes de morir, a los 83 años, preparaba una producción para HBO: Master Class, con Streep, que interpretaría a la cantante Maria Callas.

    En una entrevista con Vanity Fair en abril de 2012, la pelea, la seducción y la negociación reaparecían en su discurso, aunque de un modo sutil, no hablando del cine ni del teatro, hablando de algo más significativo. “Lo más difícil del mundo es gustarte a vos mismo”, dijo. “Y cuando finalmente lo lográs, es una catástrofe”.