El economista David Zervos, jefe de estrategia del banco de inversión Jefferies, es una de esas voces que se repiten en medios especializados en negocios, como Bloomberg o Forbes. Su experiencia como miembro de la división de Asuntos Monetarios de la Reserva Federal (Fed, por su sigla en inglés), lo lleva a recibir consultas sobre la marcha del mercado accionario que cerró en 2017 un año de ganancias récord que, para algunos, esconde una nueva burbuja financiera. Él no lo cree, y por primera vez viajó a Punta del Este para ofrecer su visión a clientes uruguayos y argentinos en una charla la semana pasada.
Para el analista, la administración del presidente estadounidense Donald Trump es una buena noticia para la confianza empresarial ya que ha quitado las “esposas” a las decisiones de inversión. Ese optimismo se verá, además, reforzado por la política monetaria del nuevo titular de la Fed, Jerome Powell. “Creemos que habrá entre dos y cuatro subas de tasas, aunque no veo altas probabilidades de cuatro. Powell es un hombre de negocios, más propenso a hacer que las empresas repunten y generen más actividad”, señaló.
Así, estima que no habrá un “rally del dólar” en 2018 y esto podría beneficiar a los países emergentes. “Me gusta la historia que cuenta Latinoamérica. Me gusta lo que está pasando en Brasil, Argentina, Colombia y Perú. Hay buenos pasos alejados del populismo que ha estrangulado el crecimiento, aunque es un proceso lento”, afirmó, aunque no se explayó sobre estas economías.
—No sé si lo llamaría una burbuja. Hubo dos cosas significativas que sucedieron tras las elecciones en EE.UU. Por un lado, vimos una baja significativa de la regulación tras el incremento que se dio luego de la crisis financiera de 2008, cuando aparecieron muchas barreras para las empresas. Lentamente nos movemos en la dirección correcta, y esto es positivo para las inversiones, las adquisiciones y fusiones, y las proyecciones corporativas. Por otro lado, se aprobó la reforma tributaria, donde el cambio real se da en las empresas que ahora pueden tomar un dinero que se reduce en su pago de impuestos y repartir dividendos, o invertir en capital o pagar mejores salarios. También pueden mejorar sus productos o volverse más competitivas bajando los precios. Alguna de esas cosas van a suceder, con lo que la reforma será también positiva en términos de productividad, y con eso debería mejorar la perspectiva de los salarios. Además, podría incorporar presiones deflacionarias, porque ahora hay espacio para ser competitivos con las políticas de precios.
—¿La regulación fue entonces una barrera para el crecimiento?
—La tasa de crecimiento de la economía estadounidense en los últimos 10 años desde la crisis fue en promedio de 1,3%, que es bastante bajo. Pero la inflación media fue 1,6%. No estábamos tan lejos del rango meta, incluso a pesar de que nuestro crecimiento era muy, muy bajo medido de forma histórica. En 1930, la peor década de EE.UU., su crecimiento real promedio era de 1,33%. Era un crecimiento muy volátil, pero en promedio era mayor porque casi no había inflación —de hecho, había deflación—. Lo que es realmente interesante de los últimos 10 años no es que se tuviera una caída de la demanda, sino que hubo bajo crecimiento, con una inflación sorpresivamente alta. Una de las razones por las que esto sucedió fue la expansión de la regulación. Las empresas debieron contratar más abogados, más agentes de cumplimiento, más contadores. Eso afecta la competitividad, permite que los precios se mantengan altos y hace que los costos sean profundos. En 2017 uno de los datos más sorpresivos fue que hubo mucho crecimiento. Y mucho de eso es porque la carga regulatoria no siguió creciendo, sino que se detuvo y en algunos casos está retrocediendo.
—¿Dónde está la línea que permite la regulación necesaria para evitar otro colapso del sistema?
—Los mercados se mueven en ciclos. Cuando el péndulo se movió mucho hacia un lado para intentar evitar que volviera otra crisis financiera no fue bueno para el crecimiento. Ni para las empresas ni para el optimismo del mercado. Ahora se va hacia el otro lado. Vemos que se le quitan las esposas a las empresas. Por supuesto habrá algo de inestabilidad financiera al final del camino, pero creo que aún estamos en los primeros días de la desregulación. Y no es solo desregulación financiera, sino que es sobre el medio ambiente, el comercio, la energía. Hay muchos lugares donde esto puede darse para que haya crecimiento económico.
—¿Piensa que habrá una corrección en los precios de los activos?
—No lo creo. No soy un fan de identificar cuándo es que van a suceder ciertos eventos sino asegurarme de que se tomen políticas de riesgo para ayudar al cliente a lidiar con posibles correcciones. Muchos están diciendo que los precios de los activos están al mismo nivel que previo a la crisis de las puntocom, pero ese era también un mundo de tasas mucho más altas.
—¿Qué impacto puede tener en el crecimiento la automatización del mercado laboral y el envejecimiento de la población?
—La demografía es muy importante para todos los países desarrollados y conlleva presiones deflacionarias. Cuando las personas abandonan la fuerza laboral consumen menos y piden menos prestado. En la década de 1970, cuando muchos baby boomers entraron al mercado laboral, hubo un período inflacionario. La historia que nos cuenta la demografía es consistente con una perspectiva de menor inflación. Y también lo es con la desregulación y la baja en los impuestos corporativos. Además, hay un avance tecnológico porque se siguen construyendo invenciones que son cada vez más baratas. Hay muchas fuerzas deflacionarias. Por eso la visión que transmitimos a nuestros clientes es que esas preocupaciones por la inflación no tienen fundamentos fuertes. Puede haber algunos repuntes, pero las probabilidades de ver un fuerte crecimiento de la inflación son muy, muy bajas.
—De todas formas, no esperan un paso más apurado en la normalización de la política monetaria.
—No, es exactamente lo contrario. Creo que necesitaríamos muchas subas en el mercado accionario para lograr cuatro alzas anuales en las tasas de interés.
—¿Cree que esa normalización tomó más tiempo del necesario?
—EE.UU. condujo el mayor experimento en política monetaria de la historia. Mucha gente pensó que no funcionaría, y que se estaba empujando a la economía, que iba a crear inflación o que no se detendría la deflación. Pero en los hechos como que funcionó. Hay pleno empleo, una inflación modesta, la economía está creciendo y el mercado accionario bate récords. La Fed fue la primera en llevar adelante este experimento y es la primera en detenerlo. En ese proceso hubo muchas alzas y bajas, pero luego se estabilizó. Porque no se apuró al mercado, no se pretendió que había un gran fantasma inflacionario a combatir. Realmente se está saliendo muy bien de este experimento: el mercado está en récords y el desempleo y la inflación están en buenos lugares.
No creo que se haya demorado mucho la normalización. De hecho, diría que la Fed demoró mucho en empezar el experimento. En retrospectiva podrían haber hecho más y más temprano, incluso aunque en el momento parecía mucho.
—¿Piensa que la volatilidad de los mercados de capitales puede seguir en mínimos como hasta ahora?
—No me sorprende que tengamos baja volatilidad con precios altos de las acciones. Muchas personas comenzaron el año pasado pensando en qué pasaría tras la elección de Trump, preocupadas por una guerra comercial, sus políticas migratorias, la política fiscal y la asunción de nuevos gobernadores en la Fed. No sabían cómo todo esto podría confluir. Algunos economistas afirman que la estabilidad es lo que siembra la inestabilidad. Y Trump trajo inestabilidad al mercado, que de hecho creó justo lo opuesto.
—¿Qué opina de la administración de Trump?
—Los agentes del sistema financiero han tenido problemas en divorciar su visión política de su responsabilidad fiduciaria, que es crear dinero para el cliente. Hay que analizar las políticas a través del lente de si harán o no más dinero, no si causarán daños al medio ambiente o darán problemas a algunos grupos de personas, o si provocarán inestabilidad financiera. Hay muchas normas de las que ha traído Trump que están lejos del mercado de capitales. Pero en el mercado los efectos son positivos y bastante fuertes, y es probable que continuemos viéndolos.
—¿Cuál cree que será el próximo desafío del gobierno?
—Económicamente Trump ya hizo mucho con la reforma fiscal. Lo que queda es infraestructura, es gasto. Entrando en 2018, con las elecciones legislativas de noviembre, venderá más hablar de construir puentes, carreteras y arreglar la infraestructura del país. Tal vez haya algún tipo de emisión de bonos para financiarlo, nunca sabes qué se le puede ocurrir. Y eso debería ser bueno para la proyección de que este será un año decente para el mercado accionario y el crecimiento.