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    Un batllista y un comunista debatieron sobre Marx, el fracaso de sus ideas y un tercer intento para aplicar medidas socialistas

    Como si fueran las hinchadas de dos equipos de fútbol, los grupos llegaron rato antes de la hora pactada a la Facultad de Información y Comunicación. Los integrantes del sindicato metalúrgico estaban ahí para apoyar a su principal referente, el secretario general del PIT-CNT, Marcelo Abdala. “¡Vamo arriba, Turco!”, escuchó el dirigente mientras caminaba por el pasillo. Los exjerarcas, legisladores y militantes colorados respaldaban al expresidente Julio María Sanguinetti.

    Hasta ahí llega la comparación con el fútbol. Todo fue silencio y respeto una vez que comenzó el debate de casi dos horas entre Abdala y Sanguinetti, el jueves 3, sobre el legado de Carlos Marx a 200 años de su nacimiento.

    Con el rector de la Universidad de la República, Roberto Markarian, como moderador, Sanguinetti y Abdala destacaron que la actividad organizada por el PIT-CNT era un buen momento para “reflexionar” y discutir sobre el alcance del pensamiento de Marx.

    Sanguinetti sostuvo el debate sin apoyarse en notas, fiel a su estilo. Solo sacó dos hojas de su bolsillo para leer un pasaje del Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, y otro de La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith.

    Abdala, por su lado, llevó una carpeta de la que extrajo algunas hojas para leer y en otros momentos improvisó un discurso. Algunos de sus compañeros del PIT-CNT le habían hecho bromas los días anteriores respecto al desafío que tenía al enfrentar a Sanguinetti. “Estudiá”, le sugirieron al dirigente sindical.

    Sanguinetti y Abdala coincidieron en la importancia del pensamiento de Marx para el mundo. “Es la última ideología de Occidente”, dijo el expresidente. Marx ha sido el “tema fundamental de la música del mundo moderno”, afirmó Abdala.

    El exmandatario planteó que el pensamiento de Marx estuvo influido por la revolución francesa, pero luego construyó una “utopía” con un conjunto de leyes que pasaron a ser “ineluctables”. “El hombre es lo que hace, es su trabajo, las relaciones de producción. Eso es lo que lleva a Marx a la concepción materialista de la vida (donde) importan más las cosas que las creencias”.

    Sanguinetti planteó que las ideas de Marx fueron contestadas por la historia. No hubo revolución en los países industrializados, sino en la Europa pobre como lo era Rusia, dijo. Tampoco se llegó a la “pauperización de la masa trabajadora”, como lo planteó el autor alemán.

    Para el expresidente, la “gran falencia” de estas ideas fue que no asumieron la importancia de la libertad de las personas. Explicó que hoy los grandes magnates del mundo no son “hijos de la plusvalía”, sino de la “facultad creadora del individuo”. “Las construcciones que se hicieron a raíz del marxismo son las que lo llevaron a su caída y a su derrota: la baja productividad por la falta de los estímulos individuales y la pérdida de la libertad que generó unas estructuras autoritarias que Marx no pensó”.

    En su primera intervención, Abdala dijo que no venía a defender una “visión teológica del marxismo, textualista, al piedeletrista, sino su método vivo, como una herramienta de comprensión de la realidad para su transformación”.

    Abdala dijo que uno de los “aportes fundamentales” del marxismo fue continuar con la idea de la plusvalía, que proviene de la economía clásica inglesa.

    Luego mencionó los datos de un informe de la Organización Internacional del Trabajo que indican que, entre 1990 y 2010, bajó a la mitad el número de personas en la pobreza extrema. En este caso, la tesis de Marx de la “pauperización de la masa trabajadora” no ocurrió, afirmó. De todas formas, señaló que el 42% de los trabajadores del mundo tienen un empleo vulnerable. Agregó que cada dos días aparece un “nuevo mil millonario”.

    Abdala también aprovechó para refutar que las ideas marxistas no promueven la democracia. “Considero que la cuestión democrática no es atribuible estrictamente a la concepción capital liberal, y creo que el movimiento obrero en su trayectoria de lucha estuvo unido a la cuestión democrática”, dijo.

    Socialismo real

    Durante las preguntas del público, quedó en evidencia que los militantes colorados se movieron más rápido que los integrantes del movimiento sindical. La mayoría de las consultas eran para Abdala y tenían relación con el socialismo real, lo que pasa en Cuba, Venezuela o los “100 millones de muertes” que provocó el socialismo.

    “La discusión del socialismo real no tiene que ver con el marxismo, su teoría y su elaboración. Tiene que ver con la aplicación humana que en muchos sentidos se desvió de aportes vertebrales del marxismo, particularmente a partir de lo que ha sido el camino de burocratización de esos procesos, en donde lo que no se mantuvo es el doble poder que Lenin inauguró entre febrero y octubre, se disolvió la participación en los consejos de los trabajadores, la clase fue sustituida por el partido y el partido sustituido por la burocracia”, explicó Abdala.

    Sanguinetti machacó con la idea de falta de libertad en las ideas marxistas. “El socialismo real ha conducido siempre a la pérdida del incentivo, a la pérdida de productividad y a una generalización de la pobreza y retraso”, dijo. Agregó que muy a su “pesar”, hoy está “más globalizada la economía capitalista que la democracia liberal”.

    A partir de ese razonamiento, el expresidente recibió una pregunta sobre el imperialismo de Estados Unidos. Sanguinetti dijo que ese país cometió “muchas barbaridades y muchas invasiones”, pero que Rusia también lo hizo.

    Abdala, en tanto, dijo que van dos intentos para implementar una visión diferente del mundo: la Comuna de París en 1871, que duró casi 70 días, y el socialismo real que existió por 70 años. “Capaz que la tercera es la vencida, capaz que nos va bien”, dijo, y provocó la risa de la audiencia.

    El dirigente sindical sostuvo que si no hubieran existido “elementos antisistémicos actuantes, probablemente el capitalismo sería muchísimo peor”.

    Sanguinetti planteó que ese contraste hizo del capitalismo algo “mejor” e insistió con la idea de que libertad y justicia “siempre deben ir juntas”.

    Un apretón de manos y una palmada en la espalda marcó el saludo final del debate, mientras Markarian contaba que se había “salido de la vaina” para decir algunas cosas, pero prefirió respetar su rol de moderador.

    Información Nacional
    2018-05-10T00:00:00