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    Un caos peligroso

    Sr. Director:

    Los conflictos locales en el mediano oriente y Asia menor han entrado en una fase en que se pueden desbordar en una guerra generalizada. Esta es una seria advertencia.

    Arabia Saudita, un reino que siempre evitó protagonismo y pagó inmensas sumas a unos y otros para aislarse de situaciones conflictivas, ahora lidera una coalición militar que bombardea y opera en Yemen. Turquía, que también mantuvo una política neutral, aunque detestaba al régimen en Siria, finalmente se unió a la pelea. Rusia ya está operando. Egipto también. Irán apoya al gobierno de Assad y a los rebeldes en Yemen. Estados Unidos se la ve muy complicada tratando de apoyar a los moderados en Siria, pero con poca suerte. Obama quiere zafar de las arenas movedizas en que Bush, su antecesor, lo metió hasta la manija, pero no parece poder hacerlo.

    Cada uno de los actores tiene su propia agenda. Revisemos la de algunos.

    Putin quiere: desviar la atención del mundo de sus fechorías en Ucrania; combatir al extremismo musulmán de ISIS y otros que amenazan también a las ex republicas soviéticas —hoy independientes, al sur de su extensa nación, donde ya hay conflictos— temiendo la contaminación en su suelo. Rusia tiene una gran población que practica el Islam; devolver la gloria a Rusia lo hace muy popular, internamente. Simplifica la represión de los disidentes; disimular la fuerte caída de la economía y de su moneda, el rublo; mandar al mundo el mensaje de que Rusia es un aliado fiel, apoyando a Assad de Siria. Coincide con los Estados Unidos en evitar la proliferación nuclear (Irán). Posiblemente no le moleste que Irak siga con problemas y que Arabia Saudita se vea afectada internamente, comprometiendo eventualmente la producción de petróleo. Los rusos, que tienen una base en Siria, han comenzado a bombardear (con aviones y artillería naval en la costa) a los enemigos de Assad, especialmente a los rebeldes “moderados”, apoyados y entrenados por los Estados Unidos. Han anunciado que facilitarán desplegar unos 5.000 voluntarios rusos.

    Turquía, hasta hace poco un jugador ausente, ha entrado en la pelea. ¿Por qué? El partido político de Erdogan, su actual presidente y hombre fuerte, no ha conseguido la mayoría en las recientes elecciones legislativas, impidiéndole formar  gobierno, ya que armar una coalición le es difícil, o no le conviene. Quienes han avanzado políticamente en su país son los kurdos, una importante minoría (18%) especialmente concentrada en el sureste, a quienes muchos turcos detestan. (Esto hace recordar lo que le pasó a los armenios durante la I Guerra Mundial). Esperemos que el reciente, sospechoso y cruento atentado, que cada bando lo atribuye al otro, no termine en algo peor. Al sur y al este (Siria, Irak, Irán) hay extensas comunidades kurdas (musulmanas pero no árabes), férreas enemigas de ISIS y otros extremismos, que añoran su independencia. Los Estados Unidos han tratado de convencer al gobierno turco de no ser prescindente y usar su fuerza e influencia para estabilizar la región y ayudarlos en Siria en la lucha contra ISIS y promover el cambio, sacando a Assad. Lo primero que hicieron los turcos al lanzarse al ruedo fue bombardear las regiones en Siria controladas por los kurdos, que son apoyados por los Estados Unidos y quienes, con más éxito, combaten a los extremistas islámicos.

    La gran esperanza norteamericana de que los cambios de régimen traerían un manto democrático a la zona se están desvaneciendo. Afortunadamente hay un ejemplo exitoso, el de Túnez, pero este país, consecuencia de su giro conciliador y democrático, ha sufrido dos tremendos atentados terroristas recientes que le han cortado su principal fuente de ingreso: el turismo. El recién otorgado Nobel de la Paz es un premio consuelo. Le espera un duro camino. Egipto tiene nuevamente un gobierno tradicional y según me cuenta un amigo bien informado, la gran mayoría de la gente está encantada de que se acabó la “primavera árabe” en su país. De Libia ni hablemos; hoy, un Estado fallido en secesión.

    A Estados Unidos le cuesta encontrar un rumbo en la región. Desea impedir la proliferación de las armas atómicas, impedir la expansión del fundamentalismo islámico y combativo, proteger a Israel, que no ayuda con su política de asentamientos en tierras que pertenecen a palestinos. Quiere promover la democracia, la tolerancia y la estabilidad pero sus lazos con Arabia Saudita, una monarquía donde la mujer tiene tan pocos derechos y la tolerancia religiosa no existe, hace resaltar cierta incongruencia. Finalmente, Siria. Desean sacar a Assad, un dictador. Pero algunos recuerdan que haber liquidado a Saddam Hussein no ayudó a la población en Irak. Era un cruel déspota, pero hoy y desde hace ya varios años, muere muchísima más gente que antes y su economía e infraestructura ha sido muy dañada después de la intervención, que propiciaron principalmente Estados Unidos y Gran Bretaña.

    Y ahora tenemos aviones rusos, norteamericanos, turcos, franceses, saudíes y de los emiratos; drones británicos que cumplen misiones en la región. Los rusos ya han incursionado sobre el espacio aéreo de Turquía, suscitando fuertes protestas. Un escenario que podríamos llamar explosivo. Y hay que recordar que Estados Unidos, a gran costo, ha entrenado y armado a muchos miles de guerreros sirios e iraquíes y los ha enviado a dar batalla al ISIS con resultados muy decepcionantes. Muchos fueron emboscados y muertos al poco tiempo de llegar a la zona de operaciones y otros se plegaron al ISIS. Combatiendo al enemigo quedan unas pocas decenas, si tanto. Un verdadero desastre.

    ¿Entonces qué? Obama quiere ir saliendo en lo posible, sin aflojar en sus postulados. Se debe haber dado cuenta de que participar en guerras civiles, irreconciliables conflictos religiosos, étnicos y o tribales, hace muy improbable lograr, no digo ya un triunfo, sino moderadas soluciones pragmáticas y evitando más daño.

    Por lo tanto, Obama no quiere comprometer a más soldados en tierra, preferentemente ir retirándolos a pesar de las críticas y opiniones encontradas de algunos militares y políticos que aducen que, con algo más, se podría haber ganado tal o cual objetivo o batalla.

    Estados Unidos ha intentado últimamente utilizar, en lo posible, la fuerza aérea pero eso también trae sus dolores de cabeza como hemos visto hace unos días en el norte de Afganistán.

    Y queda latente un serio dolor de cabeza. Probablemente la razón por la cual los norteamericanos no quiere abandonar a Afganistán, tratando de evitar que la tomen los talibanes. La cercanía con Pakistán, su vecino al este, debe ser la razón fundamental. La pesadilla es que el fundamentalismo pase la frontera, lo infiltre y lo conquiste. Pakistán posee varias docenas de bombas atómicas. De caer en manos de una teocracia extremista o sumirse en un caos político, podría resultar que esos peligrosos artefactos caigan en manos de indeseables, resultando en una mayúscula catástrofe a nivel mundial. Mientras tanto, seguiremos viendo el drama de los refugiados, desplazados por los conflictos que infortunadamente parecen ir en aumento.

    Matías Chlapowsky

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