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    Un estudio académico detectó que varios menores recluidos en centros del Inisa muestran indicadores de “superdotación”

    Una investigación académica detectó indicadores de “altas habilidades/superdotación” en varios jóvenes que infringieron la ley y que están recluidos en centros de internación del Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente (Inisa).

    Casi un 20% del total de los 48 menores analizados “se desempeña en al menos un área de inteligencia por encima de la media”, explicó a Búsqueda la autora del estudio, Susana Pérez Barrera, doctora en Educación por la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur, en Brasil, especializada en altas habilidades y responsable de la unidad de investigación de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de la Empresa (UDE). 

    Si bien la académica precisó que no se trata de una muestra cuantitativa de los cerca de 400 jóvenes internados en todos los centros del Inisa, consideró que el trabajo de campo reafirma “la necesidad de atender a esta población” desde la infancia.

    Según la experta, los menores superdotados suelen estar “desamparados ante el sistema educativo” y los que están recluidos, “mucho más”. Un problema, siguió, es que las altas habilidades también se confunden con patologías psicológicas y psiquiátricas como trastorno de déficit atencional con hiperactividad (TDH) y algún tipo de autismo, por lo que “muchos están medicados” por error. 

    La investigación de Pérez Barrera —quien recibió una beca Fulbright  en la Universidad de Connecticut para diseñar instrumentos destinados a jóvenes infractores— cuenta con el respaldo de la UDE, donde la autora coordina un grupo de investigación en altas habilidades.

    Invisibilidad

    La investigación en el Inisa surgió a partir de la observación de una tallerista que creyó detectar altas habilidades en varios internados. Pérez Barrera adaptó los instrumentos para identificar la superdotación en esa población. El Inisa autorizó su trabajo en noviembre de 2018 en tres centros de Montevideo (Desafío, CIAF y Preegresos) y el estudio se realizó entre junio y setiembre de este año. Incluyó varias entrevistas y cuestionarios a los jóvenes infractores, de entre 13 y 18 años, y consultas a sus responsables legales, talleristas y profesores. De los 48 jóvenes que participaron del estudio, ocho presentaron indicadores de “altas habilidades/superdotación”.

    El acceso a los centros para trabajar con los menores no fue sencillo, contó la autora. “No pude llevar grabador ni sacar fotos ni registrar nada en formato digital. Tuve que dejar el celular afuera y solo tomé notas. En otros casos entregué los instrumentos de trabajo a los profesores”, relató. “Todo esto forma parte de los mitos y prejuicios que hay sobre este tema. ‘¡Nooo, qué va a haber superdotados acá adentro, señora!’. Varios me miraban con cara de ‘usted está loca’”.

    Los resultados de la investigación contrastan con el diagnóstico que dio hace un tiempo la directora del Inisa, Gabriela Fulco, para quien el “quiebre” de códigos en algunos jóvenes es “tan profundo” que no hay “esperanza” de rehabilitarlos. Hay menores que “ni siquiera tienen vocabulario” o su lenguaje es tan escaso que “se mueven con apenas 10 o 20 palabras”, contó (Búsqueda Nº 1.979).

    A Pérez Barrera no le sorprende nada de eso. Dijo que cuando se habla de inteligencias suelen confundirse los términos. “Cuesta entender que una persona que apenas sabe expresarse tenga superdotación en un área específica. Pero hay jugadores de fútbol excepcionales que no tienen buen vocabulario, y hay chicos con discapacidad y altas habilidades que pintan cosas maravillosas con la boca o con los pies, o son científicos como Stephen Hawking”, citó.

    “Generalmente se piensa que un delincuente, por así decirlo, tiene un coeficiente intelectual más bajo que la media, un desempeño escolar pobre, que falla en las funciones ejecutivas y sobre todo si viene de familia conflictiva”, afirmó.

    Seis de cada 10 de los menores evaluados tienen familiares detenidos —“inclusive padre y madre”— y muchos no recibieron educación formal, indicó. Entonces es esperable que su vocabulario y razonamiento lógico-matemático sea muy bajo. “Pero, aun así, pueden tener indicadores de superdotación”, aseguró. Lo suyo, dijo, es detectarlos temprano.

    La identificación de superdotación suele empezar con una llamada desde la escuela por mala conducta, porque “en general son alumnos que se aburren en clase, se distraen, hacen preguntas que los docentes no saben responder, la familia tampoco sabe qué hacer con ellos y en Uruguay no abundan profesionales capacitados” en altas habilidades, señaló.

    Para su trabajo, se basó en la llamada teoría de la superdotación de los tres anillos, que toma en cuenta la habilidad por encima de la media, el compromiso con la tarea y la creatividad, entre otros factores. Este modelo pone el énfasis en la interacción y otros rasgos que indican la aparición de un comportamiento superdotado. 

    Los jóvenes del Inisa identificados con altas habilidades comparten varias características, afirmó la experta.  Son muy respetuosos, tienen un vocabulario bastante desarrollado para su ambiente, comparten temas de interés y destacan en ciertas áreas, según los talleristas y profesores. “Son chicos muy inteligentes, pero muchas veces sin oportunidades de desarrollar sus habilidades y  acaban yendo para el lado equivocado”, resumió. 

    Agregó que la mayoría de los jóvenes con superdotación están lejos de sentirse “superiores” o “mejores” a la media, como muchas veces se cree. “Los internados lo niegan con más razón porque si vos te decís diferente en ese ambiente, solo obtendrás el rechazo o la exclusión del grupo. Ahí también hay que tener resiliencia para poder sobrevivir, y no todos lo consiguen”. Por lo cual, concluyó, “ellos son aún más invisibles”.

    La autora contó que uno de los jóvenes con altas habilidades en el área lógico-matemática tenía a la madre presa por asesinato y al padre hemipléjico. “Imaginate el futuro de ese joven. ¿Qué va a hacer cuando salga?”, planteó la especialista. “Es imperioso diseñar una propuesta de intervención educativa, formar a los docentes para identificar la superdotación de los jóvenes y trabajar sus habilidades para rehabilitarlos”, afirmó.

    Hoy casi un 80% de los internos reincide, indicó. “Es claro que para los bandos criminales un chico inteligente es muy valioso; ya sabemos que la inteligencia no tiene moral”. 

    Gabriela Fulco

    Investigación oficial

    La Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) diseñará una política educativa para unos 15.000 niños y adolescentes con altas habilidades intelectuales o superdotados, informó Búsqueda en junio pasado. El número de estudiantes con capacidades por encima de la norma surgió de un estudio que se desarrolló en 2018 y que estará pronto en noviembre, informó la subsecretaria del Ministerio de Educación (MEC), Edith Moraes.

    Según datos preliminares de la investigación coordinada por el MEC, basada en un “estudio de prevalencia” de las altas habilidades de alumnos de ocho años que cursaron educación primaria, alrededor de 2% de los escolares evaluados tiene capacidades elevadas en relación con la media (Búsqueda Nº 2.026).

    Para Pérez Barrera, ese porcentaje es mayor, ya que entre 7,5% y 10% de la población tiene altas habilidades, pero ocurre que “muy pocos están debidamente identificados”.

    La explicación, según la autora, es que el test que mide el coeficiente intelectual (CI), por el cual se guía la investigación oficial, “solo evalúa el razonamiento lógico-matemático y el vocabulario”, lo cual “resulta insuficiente” a la hora de evaluar otras altas habilidades/superdotación.

    Para Pérez Barrera, quien también asesoró al MEC tiempo atrás en estos temas, cuando la identificación de una alta habilidad resulta positiva, antes de acelerar el pasaje de curso escolar, como suelen pretender los padres, conviene trabajar con proyectos especiales paralelos a la currícula y estimular las áreas de superdotación del menor, sin acelerar su proceso educativo. 

    Uruguay firmó en 1994 la Declaración de Salamanca en la que se comprometió a ofrecer una educación diferenciada que atienda las particularidades de los niños con altas habilidades y el MEC prevé una ley que obligue a concretar líneas de acción para que reciban una formación adecuada. Empero, autoridades y especialistas en la atención de altas habilidades/superdotación coinciden en que el sistema sigue en deuda con esa población.

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