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    Un frustrado embarque de vacas derivó en un triunfo arbitral en China que una empresa uruguaya no consigue hacer cumplir

    Federico Di Santi siente que la empresa que dirige logró un “Maracanazo”, pero que no le entregan la copa. La exportación a China de un barco completo de vacas lecheras a una sociedad con participación estatal de ese país se frustró, litigó y un comité de árbitros chinos le dio la razón, aunque hasta ahora no pudo cobrar la indemnización por “daños emergentes” y “lucro cesante”.

    Es una historia en tres idiomas — español, inglés y chino mandarín—, algunos millones de dólares en juego, cientos de horas de avión de uno al otro lado del mundo y abogados de múltiples nacionalidades, que Di Santi y sus socios ahora quieren hacer pública, como una advertencia para otros empresarios uruguayos que puedan ilusionarse con el acercamiento entre la administración de Tabaré Vázquez y la de Xi Jinping. El canciller chino, Wang Yi, visitará el país el próximo martes 23 y miércoles 24 para conmemorar los 30 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas bilaterales. El empresario quisiera que el caso, con un desenlace todavía incierto, estuviera en la agenda de esa visita.

    Lecheras.

    El negocio de exportación de ganado —“en pie”, como le dicen en su jerga los actores del mercado de haciendas—creció en los últimos años. De menos de 50.000 bovinos anuales hasta 2007, saltó a las 100.000 cabezas en 2008 y en 2016 se llegó a un récord de 281.055, que quedó viejo en 2017, que fueron 327.443, según datos del Departamento de Comercio Exterior de la Dirección General de Servicios Ganaderos que obtuvo Búsqueda. Turquía fue, por lejos, el principal comprador el año pasado; a China se embarcaron desde Uruguay 6.704 vaquillonas destinadas a la reproducción.

    Además de la consignación de hacienda para el mercado interno, el escritorio rural Di Santi & Romualdo Ltda. se dedica a embarcar ganado “en pie” desde hace varios años; en 2012 fue el mayor exportador del rubro del país. En 2011 empezó a vender vacunos a China y según su socio director, es la única empresa que lo hace en forma directa, sin intermediarios. Fue una corriente comercial “exitosa”, con siete barcos de ganado enviados, afirmó, hasta que en 2013 surgió un problema con un joint-venture —mitad de la municipal Qingdao City-Country Community Construction Investment Group Ltd. y mitad de una sociedad constituida en Hong Kong, propiedad de capitales holandeses— que les propuso comprarles vacas para abastecer un tambo y una planta de procesamiento industrial que proyectaban instalar en China. Hubo viajes de uno y otro lado, negociaciones, hasta que a fines de 2014 se firmó un contrato comercial: Di Santi & Romualdo debían embarcar 4.200 terneras Holando (con un margen de más o menos 10%) entre marzo y abril de 2015.

    Según el relato de Di Santi, su empresa compró los vacunos a unos 200 productores ganaderos, consiguió un aval bancario, tramitó los permisos sanitarios y contrató el barco para hacer el flete. Sin embargo, el cliente —Qingdao Sino Dutch Freya Ecological Stockbreeding Comp Ltd.— no envió la carta de crédito y sus veterinarios nunca llegaron a Montevideo. A fines de enero de 2015 debían mandar la documentación para concretar el embarque, pero ese paso se empezó a demorar y los uruguayos comenzaron a sospechar que habría problemas. Los chinos argumentaban que su país estaba aggiornando las leyes ambientales y que su proyecto agroindustrial debía ser modificado, además de que esperaban un aporte de capital de sus socios holandeses. Pero los empresarios uruguayos creen que fue la baja del precio internacional de la leche, que se dio por aquel entonces, lo que llevó al joint-venture chino-holandés a darle largas al cumplimiento del contrato de compraventa de vacas uruguayas.

    “Finalmente, después de un tiempo considerable, decidimos abortar el negocio, porque sabíamos que no iban a cumplir”, contó el empresario a Búsqueda. Y con sus socios comenzaron a evaluar la viabilidad de entablar una demanda bajo la jurisdicción de China que, sabían, sería larga y onerosa.

    Periplo arbitral

    Asesorado por abogados uruguayos, el escritorio ganadero contrató a un estudio jurídico en Pekín que evaluó que había un caso sólido para pleitear. Esa idea fue ratificada por un bufete español con conocimiento del sistema legal chino al que también se le pidió opinión.

    Conforme con lo previsto en el contrato de compraventa de las terneras Holando, firmado en chino y en inglés, la disputa se canalizó a través de un centro de arbitrajes chino (China Internacional Economic and Trade Arbitration Commission, conocido en inglés por la sigla Cietac). Para presentar el caso, en marzo del 2016, la empresa uruguaya debió pagar como tarifa de admisión más de US$ 100.000, a lo que se sumaron US$ 60.000 en traducciones al chino mandarín de la documentación —ya que se denegó la posibilidad de que el proceso se sustanciara en inglés— y US$ 500.000 en gastos jurídicos durante lo que llevó la demanda, informó Carlos Rodríguez Capurro, del estudio Blanco & Etcheverry, que asesoró a Di Santi.

    La acción recayó sobre Qingdao Sino Dutch Freya Ecological Stockbreeding Comp Ltd. y sobre el agente chino que, para el contrato por las vacas lecheras, iba a hacerse cargo de la logística de entrada de los animales, porque se entendió que también tenían responsabilidad en el frustrado negocio.

    En julio de 2016 la Cietac aceptó el arbitraje, el primero que le llevan empresarios uruguayos y según dicen, también sudamericanos. Se conformó el tribunal —integrado por tres miembros chinos, dos propuestos por las partes— y en octubre se fijó la primera audiencia. Di Santi junto con sus abogados viajaron a Pekín con valijas cargadas de documentos, pero la instancia fue suspendida un día antes con el argumento de que las empresas chinas no habían tenido toda la información a tiempo para poder analizarla.

    La audiencia, oral y en chino, se pospuso para enero del 2017, cuando el empresario y sus asesores volvieron a subirse a un avión, esta vez acompañados por un chino residente en Uruguay para colaborar en la traducción simultánea del testimonio de Di Santi. “Esperábamos que fuera todo el día, pero duró unas horas, porque dijeron que se acercaba el Año Nuevo chino y se querían ir a sus casas”, relató Rodríguez Capurro.  

    En julio pasado, el tribunal arbitral se pronunció acogiendo el reclamo del escritorio rural uruguayo. El fallo condenó a Qingdao Sino Dutch Freya Ecological Stockbreeding Comp Ltd. a pagar, en un plazo de 30 días —que vencieron el 5 de agosto— lo que entendió correspondía por concepto de “daño emergente” y “lucro cesante”, un monto que Di Santi y su abogado prefirió señalar como de “varios millones de dólares”, sin manejar la cifra exacta. El agente chino quedó exonerado de culpas.

    Las vacas que iban a ser exportadas a China no se pudieron colocar en otros destinos y el escritorio tuvo que hacerse cargo de su desarrollo, para luego poder venderla como otra categoría ganadera en el mercado interno. Con eso recuperó solo parte de la inversión, según el relato del empresario uruguayo.

    Pero el joint-venture condenado no pagó, hasta ahora, por lo cual Di Santi & Romualdo presentó una intimación judicial para que cumpla con el fallo arbitral.El paso que sigue es accionar una ejecución forzada ante la Justicia ordinaria en Qingdao. Si bien los abogados del escritorio rural son optimistas, su director es cauto: “Son opiniones. Nadie sabe cuánto va a demorar el proceso y si se va a terminar cobrando”, sostuvo, desconfiado.

    Ya con el fallo arbitral en la mano y ante la omisión de pago, sobre fines del año pasado los empresarios uruguayos hicieron gestiones ante jerarcas y asesores de la Cancillería y Ganadería, la Embajada en Pekín, y el embajador chino en el país. “Lo que se está pidiendo es que nos allanen el camino para evitar un proceso que puede ser largo y costoso. Sería como que una empresa china litigara contra Antel o Ancap, le dieran la razón, y no pueda cobrar lo que reclama”, comparó Di Santi.

    “Queremos seguir exportando a China y, de hecho, tenemos negocios con otras empresas chinas. Pero, para el futuro, cuando se habla de un tratado comercial con ese país, es muy importante tener la certeza de que si te va mal o si incumplen con un contrato, reclamás, lográs un veredicto favorable, lo menos que se puede esperar es que se cumpla”, planteó el empresario. Y compara el caso del frustrado embarque y el periplo del litigio como la gesta mundialista de Uruguay ante Brasil, en 1950: “Ganamos un arbitraje contra una empresa con participación estatal china, en chino, ante un tribunal chino… Es como haber ganado en Maracaná y que no te den la Copa”.