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    Un poco más de autocrítica

    Director Periodístico de Búsqueda

    Nº 2216 - 9 al 15 de Marzo de 2023

    “Estoy muy enojado”, dijo con convicción y seriedad el presidente del Directorio del Partido Nacional, Pablo Iturralde, al finalizar el jueves 2 una reunión con su colega del Frente Amplio, Fernando Pereira. No por Pereira, aclaró, ni por lo que acababa de ocurrir. El motivo del enfado era el calificativo de “conchuda” que dos días antes había utilizado un murguista de Asaltantes con Patente en el Teatro de Verano para referirse a la dirigente de su colectividad política Laura Raffo.

    Se nota que está muy enojado. Ya hace un tiempo que se hizo evidente. Él y muchos otros dirigentes políticos parecen levantarse cada mañana muy ofuscados. Como si el calor tan insistente en este verano y el sudor que provoca los hubiera dejado pintados de guerra, prontos a cada minuto para una nueva batalla. Además de enojados hay unos cuantos con una hipersensibilidad que asusta. Todo los ofende, a todo reaccionan como si fuera el fin del mundo, todo es digno de un ataque de furia o de algo parecido.

    Eso no quiere decir que algunos enojos no sean justificados. Pero otros no, suenan exagerados y muchas veces cansan al ciudadano común, ese que tiene preocupaciones muy distintas a una disputa electoral o de poder a casi dos años de las próximas elecciones nacionales. Es como si el clima confrontativo apaciguara cada vez más el ya disminuido interés en la política de esa mayoría silenciosa y aburrida de tanto chisporroteo y chiquitaje. Claro, el problema es que para que los políticos involucrados puedan verlo les hace falta un poco más de autocrítica.

    Para ponerlo negro sobre blanco, se puede volver a Iturralde como primer ejemplo y sumar otros dos de los últimos días. No de esos que a diario aturden en las redes sociales a través de algunos nombres que se repiten una y otra vez, sino de los protagonizados por figuras de primera línea del oficialismo y de la oposición. De los primeros no se puede esperar mucho más pero de los segundos sí. Por eso el llamado de atención.

    Primer ejemplo. Tiene motivos de sobra Iturralde para estar enojado por el insulto innecesario e injusto que recibió Raffo. El tema es que segundos después de decirlo reclamó a la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, que se pronunciara sobre el episodio. Su indignación se transformó de inmediato en ataque y lo alejó de cualquier tipo de autocrítica, porque ubicó la responsabilidad de todo lo malo en el otro bando, como suele hacerlo.

    Segundo ejemplo. También puede llegar a ser comprensible el fastidio de Pereira con algunos ataques que recibe él y otros dirigentes del Frente Amplio de legisladores del gobierno. En la reunión con Iturralde le entregó una cargada carpeta con críticas a su entender muy fuera de tono de la que fueron objeto durante los últimos meses. El tema es, otra vez, que lo que viene inmediatamente después de eso es el ataque y no la autocrítica.

    Dice Pereira: “Es imposible que los blancos presenten lo mismo”. Lo mismo no, pero seguro que podrían hacer una recopilación parecida. No serán los mismos insultos porque las temáticas y los estilos son distintos, aunque corruptos, por ejemplo, seguro que es utilizado por los dos lados. Y así muchas otras palabras agresivas. Nada dice Pereira de eso. Ellos son los buenos y los otros son los malos y así la bola de nieve crece.

    Tercer ejemplo. Ocurrió ya hace un tiempo, pero es muy simbólico por la importancia de los protagonistas. Otra vez, tiene motivos el presidente Luis Lacalle Pou para estar molesto con Pereira. El mandatario siente que desde la oposición no le dan respiro, que cada cosa que dice o propone su gobierno es utilizada para confrontar. La insistencia de algunos con el “caso Astesiano” también lo puso de mal humor. Quizá por eso su saludo dirigido Pereira cuando se lo cruzó en una expo avícola hace tres semanas fue frío, distante. La señal generada con ese episodio, aunque puede ser comprensible, es muy mala porque uno es el presidente de la República y el otro, la principal autoridad del partido de la oposición.

    Y el problema más grande es que después no hubo autocrítica de ninguno de los dos lados. Ambos depositaron la culpa en forma exclusiva en el otro. Les faltó mirar hacia adentro, tomarse un tiempo como para reflexionar sobre cuál puede llegar a ser la responsabilidad de los bloques políticos que lideran.

    Días después del episodio, Pereira dijo que fue Lacalle Pou quien “cambió su forma de relacionamiento” con él y aseguró que lo ve “muy sensible”. Deseó además que “todo vuelva a la normalidad” rápidamente.

    Sin embargo, él poco cambió su talante combativo. Sus siguientes apariciones fueron casi todas para cuestionar cada uno de los anuncios del Poder Ejecutivo y quejarse porque “hay gente que altera el diálogo”. Para criticar, parece lo más sensato primero asumir que la razón no está toda de un lado. Es necesario mirarse al espejo y corregir los propios errores. Eso es lo que hace falta.

    La respuesta del otro lado no fue muy distinta. “Estamos todos medio sensibles”, contestó Lacalle Pou a Pereira al ser consultado por la prensa. “Yo no tengo problemas con nadie”, aclaró enseguida. Y fue más allá todavía: “Es más, nunca hablé mal de nadie”. Hasta ahí el tono del presidente fue conciliador, pero después le puso un poco de sal a las heridas. “Capaz que algunos otros han hablado mal”, deslizó.

    Es como esas discusiones que parece que están por terminar, pero siempre hay alguna alusión escondida que revive el fuego. Así ha ocurrido una y otra vez en los últimos tiempos. No se dejan pasar una. Todo les molesta. Se fastidian rápidamente y también se ofenden con facilidad, como si esto se tratara solo de cuestiones personales. Pero es mucho más que eso. Los involucrados, al menos en esta reciente enumeración muy resumida, son el presidente de la República y los dos presidentes de los partidos políticos más votados de Uruguay. Es absolutamente imprescindible que se lleven bien, bajen el tono y que dejen sus cuestiones de piel de lado. Porque no son solo ellos los afectados, son todos los uruguayos.

    El jueves 2, antes de que Lacalle Pou hablara ante la Asamblea General del Poder Legislativo a tres años de su mandato, el politólogo Adolfo Garcé dijo al ser entrevistado en el programa Doble click de Del Sol FM que esperaba una “autocrítica” del presidente por sus errores, además de la rendición de cuentas y los anuncios. La autocrítica no estuvo en el discurso, aunque quizá no era la instancia apropiada. Pero Garcé realizó además otra reflexión que suscribo desde la primera hasta la última palabra. “A veces los políticos cometen el error de pensar que reconocer errores es darle la razón a la oposición. Yo pienso exactamente al revés. Quienes reconocen los errores se prestigian”, opinó. Es momento de que piensen un poco más en su prestigio entonces.

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