No obstante, en general los políticos tienen claro que el escenario que deban enfrentar a la hora de gobernar siempre está condicionado por el contexto internacional y que es mucho más complejo y dinámico que el mejor diagnóstico previo.
Una cosa es declarar que en Venezuela hay una dictadura, como hizo finalmente a regañadientes el candidato oficialista Daniel Martínez, contrariando a algunos sectores de la izquierda tradicional que lo respaldan, y otra incidir luego para que se consiga una salida pacífica a la grave situación de ese país.
Una cosa es saber que se necesita un acuerdo comercial con China para que las exportaciones agropecuarias uruguayas compitan en ese gran mercado en condiciones más parecidas a sus vecinos Australia y Nueva Zelanda, como propone el programa de Lacalle Pou, y otra, conseguir esa ventaja sin romper con la actual integración regional.
Una cosa es anunciar, como hace el programa de Talvi, que precisamente hace falta un Mercosur diferente, que sea “moderno, ágil y flexible” y otra, avanzar realmente en esa dirección.
El próximo presidente y su canciller tendrán que lidiar con los mismos viejos problemas que los anteriores, pero además con nuevos desafíos que presentarán los gobiernos en Argentina y Estados Unidos.
En efecto, el eventual regreso del kirchnerismo en la Casa Rosada, de la mano de Alberto Fernández, que se suma al cambio histórico que se produjo en México, y la posible reelección de Donald Trump el año próximo son ya parte del escenario que aguarda al gobierno que resulte electo.
Lo que nos une, el programa elaborado por el equipo de Lacalle —que en esta área coordina el magíster en Relaciones Internacionales Diego Escuder e Integran entre otros los embajadores Juan José Arteaga y Álvaro Moerzinger— proclama que quiere alejarse de “la equivocada política de las afinidades ideológicas impulsadas por los gobiernos del Frente Amplio” que “condenó a la inoperancia a nuestra política exterior”.
Elaborado antes de la fulminante victoria de Fernández en las primarias argentinas, el documento concentra su atención en el otro gran vecino: “Se definirá en particular una política en relación con Brasil”, ya que “el actual deterioro de los vínculos con ese país, generado por razones político-ideológicas, encierra graves riesgos para nuestros intereses nacionales”.
La firma del acuerdo de libre comercio Mercosur-Unión Europea, lograda después de casi 20 años de negociaciones y que tardaría otros 10 en entrar por completo en vigor, para los blancos no puede ser adjudicada al trabajo del Frente Amplio. “La agenda externa del bloque estuvo prácticamente paralizada y las negociaciones del Mercosur con la Unión Europea no pudieron avanzar”, de modo que el acuerdo con Europa se debió a “los cambios políticos en Argentina y Brasil”, afirma el programa.
“Lo que más ha preocupado a nuestro equipo es que durante los últimos 15 años la política exterior impulsada por el Frente Amplio no se construyó sobre la base de acuerdos multipartidarios que logren una verdadera política de Estado, sino que fue una política de partido, condicionada por afinidades ideológicas, provocando incluso la pérdida de credibilidad del país, sobre todo en la penosa actitud asumida por nuestro gobierno en el tema Venezuela”, afirma Escuder.
La firma del acuerdo de libre comercio Mercosur-Unión Europea, lograda después de casi 20 años de negociaciones y que tardaría otros 10 en entrar por completo en vigor, para los blancos no puede ser adjudicada al trabajo del Frente Amplio.
Al equipo de técnicos blancos que viene trabajando desde hace años le preocupa “no solo el condicionamiento de esa política exterior a cuestiones que no hacen al interés nacional, sino a un interés partidario, en el cual se llegaron a asumir acciones en que lo político primó sobre lo jurídico, y debilitó el rol de la Cancillería como actor institucional”, y además “se perdieron valiosos tiempos fruto de estos vaivenes que muchas veces llevaron a actuar en forma descoordinada, e incluso llegando a retirarse de espacios en ámbitos de negociación multilateral que se habían logrado alcanzar fruto de un trabajo serio por parte de nuestro servicio exterior”, en el caso del TISA.
El presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales del Frente Amplio (Carifa) Martín Clavijo sostiene que ninguna de esas afirmaciones se compadece con la realidad. Para empezar —dice—, porque si se considera el aspecto comercial, Uruguay pasó de 60 a 160 destinos de exportación, sin incluir servicios.
Aun luego de que el embajador de Brasil cuestionara en El Observador unas opiniones vertidas por el ministro de Defensa José Bayardi, Clavijo no está de acuerdo con que la política hacia el segundo socio comercial del país haya cambiado, aunque resulta evidente que la forma en que se sustituyó a la presidenta Dilma Rousseff, la prisión del expresidente Lula da Silva y gran parte de las políticas de Jair Bolsonaro no agradan para nada al Frente Amplio.
El Frente Amplio reconoce las dificultades que hubo para aprobar el TLC con Chile (un año y medio), pero considera que también se han logrado muchos avances a escala internacional, algo que queda demostrado, entre otras cosas, con la llegada luego de muchos años al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el juicio ganado a la tabacalera Philip Morris y la propia negociación con la Unión Europea.
Cabildo Abierto, pero no solo ese partido, destaca el papel de las misiones de paz como factor de la política exterior y luego de tantos años del Ejército en el Congo, Mozambique, Angola y otros países, recuerda que África subsahariana también existe.
De Venezuela a Palestina
La grave crisis venezolana es uno de los temas que dividen al oficialismo. Clavijo, que integra el Nuevo Espacio, un sector muy crítico con Nicolás Maduro, cree que se logró un consenso en la fuerza política y destaca el papel del gobierno uruguayo en trabajar para una solución pacífica.
Clavijo reivindica el carácter antiimperialista del Frente Amplio. “¿A quién le gusta que lo vengan a invadir?”, se preguntó.
Por otra parte, salvo en el caso de Lacalle Pou, la respuesta al cuestionario presentado por Búsqueda a los candidatos deja claro que una cosa son las relaciones comerciales y otra las políticas.
El candidato de la Unidad Popular, Abella, emplea uno de los argumentos que también utilizan sectores del Frente Amplio cuando aparece el tema Venezuela: las violaciones a los derechos humanos en otros países de la región.
“¿Su gobierno mantendría vínculos comerciales con países que violen los derechos humanos o sean considerados dictaduras?”, fue la pregunta.
“Creo que es bueno comerciar hasta con los gobiernos fascistas de Brasil y Colombia”, respondió Abella.
Para el candidato del Partido de los Trabajadores, Rafael Fernández, pero también para otros, una supervisión estricta de los derechos humanos tendría a China y Estados Unidos en la mira.
“Si pensara en un país al cual establecer un boicot comercial sería el Estado de Israel, que se sustenta en la segregación (apartheid) y en un verdadero genocidio sobre los palestinos”, respondió.
El candidato del Partido Digital reconoció que el tema no ingresó en la discusión. Sin embargo, advirtió: “Estoy seguro de que un gobierno dirigido por el Partido Digital no dejaría sin respuesta clara lo que está sucediendo en Venezuela”.
A pesar de insistir en que harán una política de Estado y desterrarán el componente ideológico que caracterizó al Frente Amplio, de todas formas, el documento blanco advierte que le tocaría gobernar en una coyuntura internacional caracterizada por la incertidumbre, los “nacionalismos excluyentes” y las “políticas proteccionistas” y en la que se produjo una pérdida de la influencia de los organismos multilaterales.
En ese panorama incierto, el retorno al gobierno del kirchnerismo incluso podría llegar a ser una “buena noticia”, porque restablecería el papel de Uruguay como fiel de la balanza entre los dos grandes.
Fernández y Bolsonaro ya se han mostrado los dientes, aunque el argentino también advirtió que si llega a ganar, no le queda otra que respetar al presidente que eligieron los brasileños.
Coincidencias
Además de las coincidencias con los colorados, Escuder destaca las que tienen con el Partido Independiente, que comparte “esta misma visión de modernización, o su visión sobre la necesidad de reforzar también la agenda interna del bloque y su liberalización comercial”.
Bajar los aranceles del principal socio comercial, sin embargo, es una tarea poco menos que imposible mientras Brasil tenga motivos suficientes para defender su industria. Eso sin contar con la corriente proteccionista argentina, admiten incluso los diplomáticos uruguayos afines a la candidatura de Lacalle.
Los blancos proponen crear un Programa de Formación de Negociadores Globales en Cancillería, así como un Centro de Análisis Estratégico Prospectivo.
“Estos son solo algunos ejemplos de las muchas coincidencias que podemos encontrar entre los diferentes actores para así construir una Estrategia Nacional de Política Exterior a base de un acuerdo multipartidario”, explica Escuder.
El coordinador del Partido Colorado en política exterior, Agustín Espinosa, planteó que su colectividad hará una defensa fuerte del multilateralismo. Respecto al Mercosur, Espinosa afirmó: “Nuestro norte va a seguir siendo el de retomar soberanía sobre nuestra política comercial, eso significa poder concertar la mayor cantidad de acuerdos de libre comercio de buena calidad. Si se pueden hacer en el bloque, lo haremos, y si no buscaremos otros caminos posibles”.
Clavijo también está de acuerdo con profesionalizar el servicio exterior y propone pensar las relaciones internacionales con una mirada prospectiva, y, en función de esa mirada, que debería poner los ojos en Eurasia, fijar una estrategia de política exterior alineada a un modelo de desarrollo sostenible desde el Mercosur.
El Frente Amplio también se propone crear un Sistema Integrado de Negociación Internacional y fortalecer el equipo de negociadores y de comunicación política en contacto con la sociedad civil.
Uno de los temas en los que ha insistido Martínez es potenciar las inversiones en el sector de la innovación y tecnología, que son los que aportan mayor valor agregado a la producción nacional para salir de la dependencia de los commodities.
America first
Para el director del Instituto de América Latina de la Universidad de Estocolmo, Andrés Rivarola, los grandes cambios geopolíticos a partir de la línea predominante en Estados Unidos, que se resume en el eslogan de Donald Trump, America first, indican que Uruguay está bien ubicado, más alineado con el nuevo papel de Europa, que se presenta algo más despegado de Estados Unidos en asuntos como Irán, Rusia y China.
A diferencia de la oposición, Rivarola valora como “muy positiva” y “para nada aislada” la postura uruguaya sobre Venezuela y destaca que ha recibido, junto con México, el apoyo de la Unión Europea. “No es una mala compañía”, concluyó desde Estocolmo.
Información Nacional
2019-09-12T00:00:00
2019-09-12T00:00:00