—¿Cuál es su balance sobre el inicio de la implementación del capítulo comercial del acuerdo entre la UE y el Mercosur?
—El acuerdo Mercosur es un acuerdo geopolítico y geoeconómico. Y Uruguay, que ha sido un país que ha estado de manera muy coherente durante 25 años defendiendo ese acuerdo como un socio principal, ha tenido una visión estratégica muy clara, muy coherente, sobre la importancia de este acuerdo. Podemos tener la tentación de entenderlo como un acuerdo de desarme arancelario, y lo es. Porque con este acuerdo un 74% de las líneas arancelarias que tenía Uruguay para poder exportar a la Unión Europea caen a cero. Y en 10 años un 92% de esas líneas arancelarias caerán a cero. Es decir, tiene una dimensión de desarme arancelario, pero yo creo que es mucho más que eso.
En el siglo XXI, entender este acuerdo desde un punto de vista de que bajan los aranceles es de siglo XX. La importancia de este acuerdo no solo son sus beneficios directos, sino su capacidad de generar previsibilidad, normas, confianza, estándares que son los que dan seguridad al sector privado no solo para comerciar, sino para invertir. Ese es el gran objetivo y la gran importancia de este acuerdo. Es generar el activo más valioso en el mundo de hoy y más difícil de lograr: la confianza.
—¿Eso no era lo más normal?
—Se daba por asumido, pero ahora tiene mucho más valor. En un mundo tentado por el proteccionismo, tentado por el aislamiento, el mensaje de Uruguay, de Mercosur y de la Unión Europea es que somos economías abiertas, que creemos en la cooperación y en la apertura y en el comercio y en la inversión para ser más fuertes. Es un mensaje muy poderoso en el mundo de hoy, que va mucho más allá del comercio.
—Si bien el acuerdo va más allá del intercambio de bienes, como usted dice, es cierto que lo que se empezó a aplicar es el capítulo comercial. Las exportaciones uruguayas a la Unión Europea cayeron 20% en el primer mes de implementación. Se suponía que el acuerdo iba a a profundizar el comercio y no disminuir. ¿Qué pasó? ¿O es demasiado pronto para evaluar?
—Para entender bien el potencial de este acuerdo tenemos que analizar tanto su efecto directo, en términos comerciales, lo que va a pasar, como en términos indirectos, en lo que va a generar por la confianza y por el incentivo que supone para la inversión y para la actividad económica. Desde luego que me parece que un mes es pronto. De todos modos, es cierto que empresas uruguayas ya se están beneficiando del acuerdo. Tengo tres ejemplos que me han llamado la atención además. La uruguaya es una pesca muy competitiva, que ha logrado situar merluza uruguaya en Lituania. Otro ejemplo es el arroz y también, incluso, el caviar uruguayo, encontrando mercado en Europa. Eso demuestra una competitividad de los productos uruguayos. No tengo duda de que va a haber muchos otros, incluyendo los vinos uruguayos, que van a ser capaces gracias a su calidad de encontrar consumidores en el mercado europeo. El mercado europeo es uno de los más exigentes del mundo, pero al mismo tiempo para un exportador, cuando logra entrar, es capaz de exportar a todo el mundo.
—Hay algo que quizás sobrevuela la caída en las exportaciones uruguayas a Europa y es que el Mercosur todavía no ha acordado la distribución de cuotas. ¿Setiembre es una fecha límite para que el Mercosur informe sobre las cuotas o puede mantenerse así hasta el infinito?
—La Unión Europea administra en este contexto 25 nuevas cuotas que otorga el Mercosur, pero que no se reparten, unas son del primero que ocupa el mercado, pues lo ocupa o los ocupan. Hay otras para productos diferentes en las que se otorgarán licencias a importadores europeos.
—¿Cómo recibe Europa que el Mercosur no logre ponerse de acuerdo con la distribución de cuotas?
—No nos corresponde a nosotros ver si el primero es Uruguay o es Paraguay o es Brasil o es Argentina. No quisiera profundizar en el tema porque eso es una cuestión que corresponde a Mercosur.
—La vicecanciller uruguaya, Valeria Csukasi, dijo que había ciertas alertas en el Mercosur ante posibles señales de proteccionismo desde Europa impuestas después de la puesta en marcha del acuerdo. Mencionó un planteo vinculado a la producción de ganado europeo y a biocombustibles argentinos. Las trabas llegan por un lado que no sería arancelario. ¿Es una lectura equivocada?
—Es. El mercado de la Unión Europea antes y después del acuerdo con el Mercosur se organiza con normas que son no discriminatorias. La Unión Europea no va a pedir a sus socios cosas que no se pide a sí misma. A veces ese tipo de reglamentación se puede malinterpretar como una medida proteccionista cuando no lo es. Por supuesto que en cuestiones sanitarias y fitosanitarias, no solo la Unión Europea, sino también el Mercosur y demás, toman sus decisiones con base en la evidencia, en una organización muy específica y en comunicaciones muy regladas sobre ese tipo de cuestiones. Son temas muy importantes para los consumidores europeos y para los consumidores de Mercosur. No vincularlo a la entrada en aplicación del acuerdo.
—Usted planteaba que el acuerdo, además de comercial, es geopolítico. ¿Cuándo espera que los capítulos de cooperación y políticos puedan ser ratificados?
—Es nuestra próxima meta, porque esto es un acuerdo global. Ha entrado en la aplicación previsional la parte comercial y vamos a trabajar con nuestros socios para que el resto lo haga. Espero que sea pronto porque es beneficioso e importante para todos, porque el acuerdo lo hemos diseñado conjuntamente así.
—¿Qué cosas pueden activarse que son de interés de la Unión Europea y de interés mutuo una vez que esté en funcionamiento el aspecto político y de cooperación?
—Es generar un marco institucional de diálogo político y sectorial entre la Unión Europea y Mercosur en cuestiones de diálogo político. Tenemos que recordar que este acuerdo tiene elementos que son de base en términos de derechos humanos y muchos otros, pero también es abrir espacios de cooperación en múltiples temas y de formar conjuntamente diálogos sectoriales y de cooperación en áreas que pueden ir desde cuestiones medioambientales y de lucha contra el cambio climático a cuestiones de espacio digital o de ciencia e investigación. Eso que a veces se hacía de manera un poco más ad hoc este acuerdo permite organizarlo de región a región, algo que nunca habíamos hecho. Eso complementa muy claramente la parte económica y comercial. El comercio va de la mano de muchas de esas políticas de innovación, de investigación, de medioambiente, de cambio climático, que están estrechamente relacionadas. El acuerdo permite unir todo eso bajo un mismo paraguas, ¿no?
—¿Le parece que hay afinidad en términos políticos en los grandes temas entre los países del Mercosur y la mirada europea?
—De entrada, que el Brasil de Lula (Luiz Inácio de Silva), la Argentina de (Javier) Milei, por supuesto el Uruguay de (Yamandú) Orsi y el Paraguay de (Santiago) Peña se sienten en la misma mesa y estén de acuerdo en hacer el mayor acuerdo comercial que se ha firmado en el mundo con la Unión Europea es una señal económica y es una señal política. Es una señal política en un mundo de desencuentros, de fragmentación, y hay que valorarlo en su justa medida. Después, por supuesto, cada gobierno es soberano de tomar sus posiciones, que no siempre serán las mismas, pero la vocación es que hay que establecer estructuras de diálogo. Si no hacemos conjuntamente un esfuerzo de buscar soluciones compartidas a problemas a los que nos enfrentamos a ambos lados, no va a ser fácil. El mensaje de este acuerdo es que queremos ir por esa vía, y en un mundo que cada vez es más multipolar, pero menos multilateral, este acuerdo también es una base que le dice al mundo “Nosotros sí que creemos en soluciones multilaterales a los problemas del mundo”.
—¿Es un mundo cada vez más multipolar o con una nueva bipolaridad de dos superpotencias otra vez enfrentadas?
—Creo que es un mundo cada vez más multipolar, pero con un multilateralismo cada vez bajo mayor presión. En el caso de la Unión Europea, nuestra respuesta es buscar y seguir construyendo un mundo internacional basado en normas. Es algo que un país como Uruguay entiende perfectamente y que está en su ADN buscar ese tipo de soluciones, porque, a fin de cuentas, en este mundo cada vez más multipolar, pero menos ordenado, la póliza de seguridad de las pequeñas y medianas potencias son las normas y el multilateralismo. Eso solo se defiende juntos, y ese es también el mensaje de Mercosur con la Unión Europea. Frente a cualquier tentación de desorden, cualquier tentación de esferas de influencia, nuestro mensaje es un mensaje multilateral.
—Usted menciona las esferas de influencia. De acuerdo con la doctrina Donroe, del presidente Donald Trump, Uruguay y el Mercosur están en una esfera de influencia que Estados Unidos considera suya. ¿Cómo avanza con ese contexto la relación bilateral Mercosur-Unión Europea?
—La agenda de la Unión Europea no va en contra de nadie. Es una agenda positiva que va a favor de nuestra relación con Uruguay y con Mercosur. No es excluyente. Hay un espacio para la Unión Europea; hay espacio para todos, y ese espacio es muy grande. La Unión Europea es el tercer socio comercial de Uruguay, pero es el principal inversor en Uruguay en stock acumulado. A mí lo que me preocupa es aprovechar y afianzar esa relación con una agenda positiva que no va en contra de nadie.
—¿En el marco del acuerdo hay interés también en tener mejor coordinación y complementación de la normativas en áreas como la regulación de inteligencia artificial y de las grandes plataformas?
—Esas son áreas de diálogo muy importantes, porque esos son los problemas de nuestros ciudadanos. ¿Cómo vamos a encontrar el mejor marco para regular derechos y al mismo tiempo incentivar la innovación? A veces utilizamos la palabra reglamentar como si fuese una palabra negativa, como poner trabas, pero no, puede ser una palabra habilitadora. Es también para generar un marco de respeto de los derechos y de promoción de la innovación. Ese es un desafío para todos los gobiernos en todo el mundo. Se viene la inteligencia artificial, queremos defender la privacidad de nuestros ciudadanos, pero queremos aprovechar las oportunidades de innovación que genera. Es fundamental aprender unos de otros, compartir experiencias, entender lo que funciona reglamentariamente, y eso es justamente el marco que nos da también este acuerdo para hacer eso. Y eso no hay que hacerlo en las cosas fáciles, hay que hacerlo también en las cosas difíciles. Entonces, sin duda, sí, este acuerdo nos permite también profundizar en todo ese tipo de diálogos sobre regulación en temas existentes y en temas por llegar.
—¿Qué temas de la agenda bilateral tienen como prioritarios con Uruguay?
—Destacaría tres. Primero, porque se da por sentado, pero no hay que darlo, valoramos en Uruguay una democracia estable con la que compartimos valores, con la que trabajamos juntos en foros multilaterales. Esto incluye la defensa de los derechos humanos, del Estado de derecho y del multilateralismo. Y eso nos permite hablar también de todas las crisis en el mundo y todos esos asuntos a veces delicados. Dos, toda la agenda de comercio e inversión con el acuerdo en una aplicación provisional. Eso es una pata muy importante que está vinculada a nuestra agenda Global Gateway, nuestra agenda de inversión, que va a ser uno de los eventos que tenemos esta semana y donde tenemos tres prioridades: la transición verde, el transporte sostenible y la transición digital. Por último, tenemos todo un diálogo sectorial en el que la seguridad es una parte cada vez más importante. Seguridad ciudadana y lucha contra el crimen organizado. Vamos a estudiar con nuestra contraparte uruguaya cómo podemos dar mejor aprovechamiento a los programas europeos porque sabemos que eso también es una prioridad para Uruguay. Esa es una parte de nuestra agenda que está creciendo y que va a ser importante en nuestro diálogo: la seguridad ciudadana.