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    Una maratón de ponencias en templos de tecnócratas en Washington

    Durante su reunión de primavera boreal, el FMI y otros organismos financieros multilaterales señalaron que mejoró la situación económica mundial, pero advirtieron que persisten “riesgos” e instaron a América Latina a hacer reformas que la preparen para tiempos más difíciles

    Washington DC (Ismael Grau, enviado). ¿Qué pensaría un ciudadano común de cualquier país de América Latina —llamémosle Juan— si asistiera a una de las reuniones semestrales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) como la que tuvo lugar del viernes 19 al domingo 21 en Washington DC? Sin conocimientos de la economía o la política como los que poseen los jerarcas de gobierno, los funcionarios de dichos organismos financieros y los reputados académicos que participan en los seminarios y debates paralelos a este encuentro, ¿estaría de acuerdo con lo que allí se dice?, ¿pediría la palabra para protestar?, ¿saldría corriendo?

    En estos foros se abordó temática tan variada como el estado actual y las perspectivas de una economía mundial que muestra una incipiente recuperación —tras la crisis originada en Estados Unidos (EEUU) en 2007—, los serios desbalances financieros en Europa, los movimientos de capitales, la violencia contra las mujeres en Asia, la inversión en salud, el empleo, la infraestructura, los impuestos, la inseguridad pública como un obstáculo para el desarrollo y una nueva agenda de reformas para América Latina. Casi todos asuntos que afectan directa o indirectamente, a corto o a mediano plazo, la vida cotidiana de Juan y la de su familia.

    El FMI y el BM fueron creados en 1944 para colaborar en la normalización económica global después de la II Guerra Mundial y hoy tienen como miembros a 188 países cuyos gobiernos aportan capital, votan en proporción de esa cuota y pueden acceder a líneas de préstamos con determinados fines, además de asistencia técnica. Su imagen entre muchos latinoamericanos puede ser la que se construyó algunas décadas atrás, cuando estos organismos financieros condicionaban el desembolso del dinero a la aplicación de medidas de ajuste para reducir los habitualmente altos déficit fiscales, para nivelar la balanza de pagos, para hacer más sencillo el despido y contratación de trabajadores, o para controlar una inflación que con frecuencia se desbocaba, por ejemplo; las pintadas en muros de muchas ciudades de la región reflejaban el descontento con ese tipo de relación, sobre todo entre sectores de izquierda.

    Pero algunas cosas cambiaron en años más recientes. Varios gobiernos en América Latina identificados con esa tendencia ideológica —incluidos los del Frente Amplio en Uruguay— han sido ortodoxos en el manejo de la economía y conciben la estabilidad macro como algo indispensable para luego pretender dar respuesta a los problemas sociales. También el FMI aggiornó su manual y ahora por ejemplo acepta el control de capitales como un instrumento al que las autoridades le pueden echar mano, si hace falta, para evitar que esos flujos distorsionen las economías.

    Además de las sesiones del Comité para el Desarrollo y el Comité Monetario y Financiero del FMI, en el marco de esta reunión de primavera (boreal) tuvieron lugar decenas de charlas, debates y conferencias de prensa organizadas en los head quarters de esa institución, el BM y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la capital estadounidense. Edificios que ocupan manzanas enteras, luminosos, limpios, fuertemente vigilados —sobre todo después del ataque terrorista en una maratón en Boston la semana pasada—, llenos de profesionales (la mitad de los 2.400 empleados del Fondo son economistas) y por estos días con cientos de periodistas de todo el mundo que transformaron cualquier pasillo en improvisados estudios de televisión. El inglés es el idioma universal en este ambiente y la multiculturalidad es evidente. Por lo general los servicios de limpieza, cafetería o la caja en el amplio comedor de la sede del FMI están en manos de mujeres que se llaman María o Blanca, y su lengua nativa es el español.

    Estando en esos edificios Juan podría imaginarse sumergido en un templo de tecnócratas (“Técnico o persona especializada en alguna materia de economía, administración, etc., que ejerce su cargo público con tendencia a hallar soluciones eficaces por encima de otras consideraciones ideológicas o políticas”, según la Real Academia Española). Desde el FMI reivindican su papel de vigilantes de la estabilidad económica y financiera en los distintos países miembros, en el entendido de que eso en definitiva beneficia a personas como él.

    Construir “colchones”

    El mensaje más repetido por los funcionarios de los organismos multilarales sobre la actual coyuntura económica internacional está al alcance de la comprensión del ciudadano medio latinoamericano: en los últimos meses hubo alguna mejora, pero todavía hay riesgos porque la recuperación del nivel de actividad es modesto en varias potencias, los gastos de sus gobiernos superan los ingresos provocando fuertes déficits fiscales y siguen muy endeudados, a la vez que varios sistemas bancarios —en particular el de Europa— todavía arrastran problemas. Y en ese contexto, dejarse ganar por la compacencia puede ser peligroso para América Latina.

    Los órganos del FMI que sesionaron en estos días aludieron a riesgos de alcance global.

    El Comité para el Desarrollo se reunió el sábado 20 y señaló en un comunicado que “persisten importantes desafíos”. Si bien los riesgos “han disminuido a corto plazo, la estabilidad macroeconómica mundial aun no se ha restablecido, el desempleo continúa siendo alto y el precio de los alimentos sigue siendo volátil y afectando particularmente a los más pobres. Los conflictos y el mal gobierno obstaculizan el desarrollo en muchas regiones, y el cambio climático y los desastres naturales ponen en peligro los logros sociales y económicos. Para hacer frente a estos desafíos hacen falta respuestas eficaces de políticas nacionales, la cooperación internacional e instituciones” eficaces, remarcó.

    Casi lo mismo observó el Comité Monetario y Financiero Internacional el mismo día: se “han desactivado riesgos críticos a corto plazo”, pero persisten otros y están apareciendo nuevos. El “saneamiento y la reforma del sector financiero siguen siendo una prioridad”, subrayó.

    Buena parte de dichos riesgos provienen de Europa, donde varios países están en recesión, los desequilibrios financieros de algunos son gigantescos y la banca arrastra problemas.

    El comisario europeo para Asuntos Económicos y Monetarios, Oli Rehn, expresó en una conferencia de prensa en la sede del FMI junto al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, que esa región “está construyendo las bases para recuperarse”. Pero las cifras que manejó dejan en claro que las dificultades persistirán otro tiempo: dijo que se espera que el déficit fiscal en la zona euro se reduzca a cerca de 3% del Producto Bruto Interno (PBI) este año.

    Según el Fondo, el saldo en rojo en el promedio del mundo bajará de 4,3% en 2012 a 3,5% este año. Algunas economías avanzadas están cerca de tener superávit fiscales primarios (antes del pago de la deuda), que en caso de lograr y mantener, podría llevar su ratio de endeudamiento a 60% del PBI en 2030.

    La directora gerente del organismo, Christine Lagarde, manifestó a la prensa el lunes 18 que las reformas adoptadas sobre todo en Europa para atacar los problemas en sus economías “están dando resultado” y estimó que ello habilitará a que “poco a poco” los bancos centrales vayan eliminando las políticas monetarias expansivas, con bajas tasas de interés y emisión de moneda.

    Para América Latina, los análisis que hacen los expertos de los organismos financieros multilaterales son en general alagüeños, pero también contienen advertencias.

    El presidente del BID, Luis Alberto Moreno, dijo al abrir el jueves 18 una reunión de ministros de Finanzas y presidentes de Bancos Centrales de la región, que “América Latina está haciendo bien, pero podría ser mejor”. Y agregó que el “desafío ahora es evitar que este progreso sea algo temporal. Particularmente en el contexto de menor crecimiento a mediano plazo en los países desarrollados, las mejoras de productividad son clave”.

    El BM visualiza que se acabaron los tiempos fáciles para Latinoamérica al amainar los vientos que en los últimos años inflaron sus velas (bajas tasas de interés, y granos, carne, minerales y otras materias primas valorizadas). Y en ese nuevo contexto, los errores que cometan los jerarcas a cargo de las economías ya no podrán disimularse.

    El diagnóstico del Fondo también es un llamado a la cautela: la región acelerará su ritmo de crecimiento económico (3,5% en 2013) y los precios de los commodities “se van a mantener bastante altos, pero no habrán de seguir subiendo”, en tanto que “no se puede descartar una crisis en los flujos financieros y de comercio” si empeoran los problemas en los países del norte, afirmó a periodistas el viernes 19 el director del Departamento para el Hemisferio Occidental, Alejandro Werner.

    Agregó que si bien América Latina “está funcionando bastante bien, tiene que hacer más para aprovechar las condiciones favorables, de modo de consolidar un crecimiento sostenido y sólido. (...) En este momento hay una oportunidad de tomar reformas estructurales amplias” en esa dirección. Una de las áreas a atacar en toda la región es la educación, comentó a Búsqueda. Eso fue lo que hicieron los países que alcanzaron altos niveles de desarrollo, complementó el subdirector para Occidente y jefe de misión para EEUU, Gian Maria Milesi-Ferretti.

    Además, “sí hay espacio para que la política fiscal se restrinja en un entorno de crecimiento y bajas tasas de interés, y que ayude a construir colchones” financieros para cuando vengan tiempos más difíciles, recetó Warner, un mexicano doctorado en economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts que el próximo 6 de mayo realizará la primera visita a Montevideo desde que asumió su cargo en el FMI, en enero pasado.

    En otro plano y también en tono de alerta, aseguró que el organismo está “viendo que en algunas partes, en algunas ciudades” de Latinoamérica, los precios de los inmuebles y otros activos “están fuera de los fundamentos” económicos. No especificó dónde observan ese desajuste, que usualmente se identifica como una burbuja.

    Algo confundido e intranquilo al escuchar todo esto, el ciudadano latinoamericano probablemente decidiría pensar otro poco la compra de un nuevo televisor plasma que tenía en mente y se plantee cuidar más su puesto de trabajo.

    Inseguridad y más reformas

    El BM difundió el jueves 18 un informe según el cual la población del planeta que vive con menos de U$S 1,25 por día (unos 25 pesos uruguayos) disminuyó en 100 millones entre 2008 y 2010; son 1,2 billones de personas que aún quedan en esa situación, es decir 20,6% del total. En América Latina la pobreza extrema se redujo del entorno del 12% en las últimas dos décadas del 2000 a 6% actualmente, en promedio.

    “¡Sobre esto sí sé de qué me hablan!” podría decir Juan, que cuando viaja en ómnibus o en tren en su ciudad ve las caras de la indigencia por la ventana.

    “Nos parece lo más normal ver efectivos armados en las calles” de El Salvador y otras ciudades sudamericanas, explicó el presidente de ese país, Mauricio Funes, en un seminario, el jueves 18 en un auditorio del BM, que analizó la inseguridad pública como una amenaza para el desarrollo económico en la región. “Pero también tienen armas los empresarios, los comerciantes, los vecinos de cualquier ciudad”, se lamentó.

    Relató las medidas adoptadas por su gobierno, que consideró exitosas, frente a la “guerra” entre pandillas por el control del “narcomenudeo” en su país y que según calculó llegaron a integrar más de 60.000 personas.

    “Sin política de seguridad, se detiene el desarrollo”, enfatizó por su parte Oscar Naranjo, un ex jefe de policía de Colombia.

    La inseguridad pública es un problema “de Monterrey a Montevideo”, y no hay una “solución mágica”, planteó en tanto el vicepresidente para América Latina y el Caribe del BM, Hasan Tuluy. Ofrecer más oportunidades de empleo es uno de los caminos posibles, aseveró enseguida.

    Cualquier latinoamericano podría coincidir con esos diagnósticos. Según un estudio del BM con datos de 2008, el porcentaje de adultos que fue víctima de distintos tipos de crímenes era de 28% en Argentina, 22% en Uruguay, 19% en El Salvador, 16% en México y 8% en Panamá.

    En un seminario efectuado en la tarde del mismo jueves en la impresionante sede del BID, el tema central fue la relativamente baja productividad en América Latina y qué hacer para superar esa realidad. Dicho de forma simplificada, cómo producir más bienes o servicios utilizando la misma cantidad de recursos humanos o máquinas.

    “El principal culpable de la creciente brecha entre los ingresos de la región y los ingresos de las economías desarrolladas es el lento crecimiento de la productividad” en Latinoamérica, según una reciente investigación elaborada por seis economistas de ese organismo bajo la coordinación de Andrew Powell. Respecto a EEUU, la brecha de productividad de Uruguay prácticamente se mantuvo entre 1960 y 2007, pero la brecha de ingresos se amplió; solo Panamá y Chile lograron una mejora en esa variable, conforme con dicho estudio.

    ¿Qué importancia tiene ser más productivos?, ¿es en beneficio de los empresarios?, ¿me quieren hacer trabajar más?, se preguntaría, desconfiado, el latino común.

    Según el trabajo liderado por Powell, si Uruguay introdujera reformas para disminuir la asignación ineficiente de los recursos al nivel de EEUU a lo largo de una década su PBI lograría un crecimiento adicional cercano a un punto porcentual anual.

    En ese seminario en el BID, Andrés Rodríguez-Clare, un académico de la Universidad de Berkeley, dijo que la falta de financiamiento para las pequeñas empresas, la regulación que “hace dificil la contratación de personal”, los costos de apertura de un negocio, el déficit de infraestructura y las “fallas de mercado”, son algunos de los problemas asociados a la productividad en América Latina.

    Luego, tres ministros de Finanzas de la región relataron las experiencias y planes reformistas en sus países.

    Luis Miguel Castilla subrayó que la productividad “aumentó significativamente” en Perú en los últimos años, pero reconoció que se requieren más reformas para acercarse a los niveles de las naciones avanzadas. Abatir “rigideces del mercado laboral”, reducir el tamaño de la economía informal y hacer más eficiente el servicio civil son las prioridades, dijo. “Hemos avanzado, pero el reto es tener un crecimiento mucho más inclusivo”, agregó hablando con Búsqueda.

    El paraguayo Manuel Ferreira hizo un planteo más político y se preguntó cómo aumentar la eficiencia con mayor inclusión social, todo al mismo tiempo. Al referirse a las posibles reformas, apuntó que la “estabilidad política es parte del juego” para los gobernantes y que “si se tiene una buena idea pero no se vende bien”, esta camina al fracaso.

    Mauricio Cárdenas, el ministro de Colombia, habló con honestidad —y en inglés, al igual que sus colegas—: “Nos gustaría lograr un crecimiento balanceado, aumentar la productividad y reducir la informalidad. Pero (...) en conclusión, no tenemos una ruta clara. Nos manejamos más por el instinto (...)”.

    Agobiado después de una maratón de seminarios y conferencias en Washington DC, el ciudadano medio latinoamericano probablemente pensaría que es mejor no entender nada de estos asuntos. O quizás que es hora de empezar a hacerlo, para no dejar todo en manos de los políticos y los tecnócratas.