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    Uno de cada tres empresarios sufrió algún fraude en su compañía

    La percepción de ejecutivos locales acerca de la existencia de hechos de corrupción “es alta”, según KPMG

    No importa que se atraviese por una crisis o una época de bonanza económica. Bajo cualquiera de esas coyunturas las empresas pueden sufrir algún tipo de práctica fraudulenta.

    De hecho, aunque en los últimos tiempos las compañías uruguayas han incrementado sus controles internos, uno de cada tres empresarios (33%) debió enfrentar situaciones de corrupción o fraude contra su firma en el último año, según surge de la 5ª edición de la encuesta sobre “Corrupción y fraude” de KPMG, a la que accedió Búsqueda.

    Es más, el fenómeno se incrementó levemente respecto al último sondeo realizado en 2007-2008 (pasó de 31% a 33%) y alcanzó así el nivel más elevado de los últimos diez años.

    El director asociado del área Risk Consulting de KPMG, Martín Clerino, dijo a Búsqueda que si bien no hay un cambio sustancial, los valores son los más altos de la última década y aunque las compañías dicen que se ha trabajado mucho en medidas de “control interno” para evitar hechos delictivos en contra de las organizaciones, hay espacio para “seguir mejorando” en especial en términos de prevención.

    Agregó que en momentos de crisis suele haber más incentivos para que los empleados de una empresa puedan cometer un fraude en busca de un objetivo económico. Asimismo, apuntó el consultor, en tiempos de crecimiento también hay riesgo de estafa, puesto que cuando las empresas se expanden comercialmente, eso suele ser más rápido que la adecuación de sus estructuras internas y controles, dejando “muchas ventanas abiertas” para quien comete delitos.

    La encuesta de KPMG abarcó a más de 40 empresas, que en su gran mayoría operan internacionalmente.

    Los resultados.

    En el informe de la encuesta 2011/2012 KPMG afirma que la percepción del empresariado local acerca de la existencia de hechos de corrupción y fraude “es alta”.

    Agrega que si bien los ejecutivos le otorgan importancia a ese problema en términos generales, cuando se refieren a su propia organización la valoración del asunto pierde algo de relevancia.

    El 33% reconoció haber sufrido algún tipo de fraude en el último año contra su empresa (2011-2012). Ese guarismo se ubicaba en 23% en el relevamiento realizado por KPMG en 2001-2002, era de 27% entre 2003-2004, bajó a 18% en 2005-2006 y trepó a 31% en la anterior edición 2007-2008.

    El fraude “interno”, es decir aquel realizado por un empleado de la compañía, disminuyó en esta edición del relevamiento (pasó de 81% a 50%).

    Eso —en parte— se debe a que las empresas “hicieron los deberes” en materia de incrementar y mejorar los controles internos para detectar este tipo de práctica delictiva, afirmó Clerino.

    Sin embargo, apuntó que ello no ha sido suficiente puesto que la falta de adecuados sistemas de control interno continúa siendo la principal razón para que prosperen las prácticas fraudulentas por parte de los empleados, según surge del último relevamiento.

    Por otra parte, el experto señaló que para “atacar el fraude” es preciso el establecimiento de un “programa integral” para la prevención del fenómeno.

    Clerino indicó que ese programa abarca desde la evaluación de riesgos de fraude contra la compañía, la existencia de un código de conducta, de mecanismos de denuncia anónima, auditoría y supervisión, hasta un “protocolo de acciones correctivas”, entre otra serie de medidas.

    En esta línea opinó que es un paso que las empresas uruguayas deberían dar, pero que está en el “debe”.

    Evaluó que seguramente incida en decidir invertir en ese tipo de programa integral la “ecuación de costo beneficio”.

    Es que, apuntó que en otros países donde el mercado de negocios es más voluminoso, se maneja más capital y donde, por ende, los fraudes son de mayor cuantía, seguramente la ecuación cierre en forma más conveniente.

    Fraudes externos.

    En tanto, las empresas también están expuestas a sufrir un fraude externo, por ejemplo a través de medios electrónicos, a través de tarjetas de crédito, cheques, cajeros automáticos, por el sistema informático (hacker), etc.

    Este tipo de acciones aumentó en la última encuesta de KPMG respecto a la anterior (de 53% a 57%).

    Clerino evaluó que este tipo de acciones son más difíciles de controlar y que pueden interpretarse como “la otra cara de la tecnología”, en el sentido de que la creatividad e ingenio para violar sistemas de información sigue “sofisticándose”.

    Opinó que con el aumento de la bancarización es posible que este tipo de fraudes externos se incrementen, mientras los de tipo interno se comporten en sentido opuesto.

    Sector público.

    La percepción de los encuestados acerca de si existe corrupción en el sector público mejoró respecto a las ediciones anteriores, aunque sigue siendo alta (64%).

    Ese guarismo resulta el más bajo de los últimos diez años: En 2001-2002 alcanzaba al 85% de los encuestados.

    Clerino destacó que a priori el porcentaje llama la atención porque es elevado, pero cuando se compara con otros países y se ve la evolución “no son números malos”.

    Explicó que solo el 24% de los encuestados informó que habían tenido alguna experiencia en la que los funcionarios públicos estaban en alguna situación de conflicto de intereses.

    Entre las acciones sugeridas para reducir el fenómeno figuraron:“Transparencia en los procedimientos administrativos” y “mejora de la función pública”.

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