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La carne y la leche producidas con animales que se crían comiendo pasto produce más emisiones gases de efecto invernadero (GEI) que si se produjeran en feedlots, con alimentación a base a granos, según investigaciones nacionales e internacionales. La agrónoma y docente de Facultad de Agronomía Laura Astigarraga destacó que este dato —de mayor emisión de GEI en producción con pasturas que a Feedolt— es un hecho comprobado al que hay que sumarle “otros aspectos” porque la producción en base a pasto, si bien emite más GEI, tiene beneficios asociados a la calidad.
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“Uruguay no se puede posicionar presentando solo el impacto ambiental de los sistemas en términos de GEI porque es perder una ventaja relativa que en los mercados es muy bien valorizada: la producción de estos alimentos en base a pasturas naturales”, opinó Astigarraga.
Es que la producción con pasturas ha sido muy castigada debido a que hay países que deforestan para producirlas. En cambio en Uruguay, son naturales.
“No podemos entrar en una discusión en la cual nos obliguen a contraponer los GEI contra nuestros sistemas naturales de producción, que es en base a pasturas naturales. La dificultad está en mostrarse con todas las otras ventajas ecosistémicas que tienen los sistemas pastoriles”, agregó la agrónoma. Los feedlots están asociados a otros impactos ambientales como la erosión —por producción de granos para alimentar al ganado— y la contaminación del agua.
“El país tiene que tener un equilibrio muy pensado en cómo se posiciona como Uruguay Natural. Ese Uruguay Natural asociado a la etiqueta de verde, de pasto, no es la imagen que mejor vende cuando te sientas en una mesa a discutir solamente en base a la huella de carbono”, señaló Astigarraga.
Los países productores en base a pasturas “están haciendo pesar otros parámetros de evaluación de calidad ambiental de los productos” en las negociaciones internacionales “para que no sea solo un tema de GEI”.
“Es difícil porque hoy está todo corrido hacia los problemas de cambio climático” y los países que asumieron los compromisos internacionales de reducción de emisiones —mediante el Protocolo de Kyoto— les “están transfiriendo obligaciones a los países a los que les compran, como ocurre con Uruguay.
“Ese es el riesgo que tiene Uruguay, que algunos de nuestros principales mercados de la carne como la Unión Europea, que son buenos pagadores y están comprometidos en la reducción de GEI, nos puedan trasladar estas obligaciones a la producción”, explicó Astigarraga.
Por eso el país debe tener “una masa crítica para argumentar en esas mesas de negociación y poder mostrar que por un lado podemos no estar parados en términos tan competitivos en GEI por kilo de producción de carne o litro de leche, pero sí estamos preparados para competir en otros parámetros de calidad ambiental”.